Las secuelas del Plan Hidrológico del Ebro: Entre Alberti y el Delirium Tremens

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Sobre el blog

Lorenzo Correa
Webmaster en futurodelagua.com Practitioner PNL. Master en Coaching con PNL. Executive & Life Coach.
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  • Las aguas bajan turbias (Foto: Lorenzo Correa)

La reciente aprobación en Consejo de Ministros del Plan Hidrológico del Ebro y sus fatalmente esperadas secuelas que ponen de manifiesto la tenaz tendencia a seguir tratando la gestión del agua con el mismo tacto y delicadeza de siempre, es decir sin inteligencia emocional, me sumerge en un mar de dudas sobre mi cordura porque, me digo a mí mismo: ¡esto no puede ser real. Otra vez no, por favor!

Noto que mis síntomas tras conocer la noticia y sus consecuencias son de agitación, irritabilidad, desorientación, disminución del período de atención, delirio, excitación, miedo, alucinaciones, rápidos cambios en el estado de ánimo, inquietud, excitación, somnolencia, fatiga... y cuando consulto al médico, resulta que pueden ser los síntomas del delirium tremens en bebedores y usuarios desconfiados del agua.

Parece que agrade atizar el enfrentamiento entre ribereños de una cuenca

Cuando se me pasa el efecto, compruebo que es la tercera vez en mi vida que semejantes noticias provocan las mismas reacciones y me pregunto: ¿alguien ha aprendido algo del pasado?, ¿así llegaremos alguna vez a solucionar el problema de fondo?, ¿lo va arreglar Europa?, ¿se arreglará pleiteando en los tribunales o peleando en la calle?, ¿tiene arreglo?...

La tendencia por un lado a repetir viejos modelos de comportamiento, obviando la seducción y la empatía en las formas y por el otro a la destrucción sistemática de lo que se ha hecho, descalificando de entrada en su totalidad lo presentado, apelando a emociones negativas, no me merece mucha confianza. Parece que agrade atizar el enfrentamiento entre ribereños de una cuenca; produce desasosiego que siempre haya que recurrir a la movilización de la ciudadanía con trasfondo político para intentar resolver algo que no tiene pinta de haberse resuelto así en el pasado. No acaba de desaparecer la sempiterna creencia limitante de que el agua es en cada tramo del río de los ribereños del tramo, las acusaciones contra determinados gremios de usuarios, ¡aghhh! todo muy siglo XX en el XXI… y como yo no me decanto por ningún bando, sino que solo dudo y me hago preguntas, pues el tema me preocupa, porque todo es “dejà vu”.

Y me sorprende mucho algo que aporto como leiv motiv de esta nota: que los portavoces de los planificadores de la administración pública no salgan a la palestra y defiendan, expongan o divulguen su postura ante la ciudadanía, tal como lo hacen (con nota alta) los que están al otro lado de la trinchera. Que la administración no le meta emoción al asunto, que ignore las ventajas de la seducción y opte siempre por las desventajas del convencimiento razonado en un mazacote que ninguno de los no directamente implicados leeremos nunca

El PHE, como todos los planes de cuenca es un documento extenso y prolijo, redactado desde la mente, desde la razón, más que desde el corazón o desde la emoción

El PHE, como todos los planes de cuenca es un documento extenso y prolijo, redactado desde la mente, desde la razón, más que desde el corazón o desde la emoción. Hay que hacer muchas sumas y restas de aportaciones, concesiones existentes y expectantes, reservas de caudales. para que salgan las cuentas e intentar contentar a todos, labor de titanes. Pero hay que explicarlo…

Leerlo íntegro, comprenderlo en su totalidad es, para la mayoría de los mortales un imposible metafísico. Se supone que decenas o centenares de “expertos”, científicos, técnicos y profesionales (funcionarios o no), han intervenido en su redacción. Y que lo han hecho defendiendo desde el razonamiento científico y desde su experiencia los argumentos sobre los que se cimenta la decisión final, que ha llegado a la opinión pública de forma muy sintética en forma de cuantificación “razonada” de unos determinados caudales estacionales ecológicos, de mantenimiento, generadores, etc. en el tramo final del Ebro.

Ante la tajante afirmación de los que no están de acuerdo, de que esos caudales supondrán la muerte del Delta, ante sus argumentos científicos basados en estudios académicos avalados por ilustres catedráticos y profesores y por no menos ilustres profesionales del ramo del agua sobre los que se urde la trama opositora y se articula la protesta ciudadana, yo no he conseguido leer ni oír ni una sola línea o voz de los no menos ilustres catedráticos, profesores y profesionales que han colaborado activamente en la redacción del plan aludido defendiendo con razones entendibles por el vulgo ( o sea por mí), la bondad de la solución adoptada. Apelando a la emoción positiva y a la seducción.

Como en una parte hay emoción y en la otra no, ¿se imaginan asistir a una polémica académica en la que los polemistas utilizaran de entrada las mismas armas del conocimiento científico, de la experiencia y de la argumentación razonada, dejando para la segunda parte de la reunión los aspectos emocionales para ayudar a conseguir que otros colectivos que no disponen del conocimiento técnico y científico de los primeros obtuvieran toda la información (científica y emocional) para poder opinar con conocimiento de causa?

Quizás esté yo en un error y esta polémica se haya celebrado. Por eso escribo estas líneas, para que si alguien sabe algo de ello, me lo haga llegar, ya que como inexperto declarado, solo quiero aprender para salir de mi ignorancia y ser seducido para adquirir confianza.

Acabo con Alberti, y les sugiero un juego infantil para quitarle hierro al asunto: cambiar en su famoso poema sobre los poetas andaluces que tan bien cantó el grupo Aguaviva en los setenta, las palabras “poetas andaluces”, por “portavoces de los planificadores de cuenca (con minúscula)”:

¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?
¿Qué miran los poetas andaluces de ahora?
¿Qué sienten los poetas andaluces de ahora?
Cantan, y cuando cantan parece que están solos.
Miran, y cuando miran parece que están solos.
Sienten, y cuando sienten parecen que están solos.
Cantad alto. Oiréis que oyen otros oídos.
Mirad alto. Veréis que miran otros ojos.
Latid alto. Sabréis que palpita otra sangre.
No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado.
Su canto asciende a más profundo cuando, abierto en el aire,
ya es de todos los hombres.

¿Qué cantan los portavoces de los planificadores de cuenca de ahora? Solo son elucubraciones de un diletante de la gestión española del agua, no me hagan mucho caso. En realidad, a lo mejor la solución para huir definitivamente del delirium tremens es un trasvase desde Francia. A ver si va a ser verdad el slogan del Ministerio de Obras Públicas panameño: “La ingeniería resuelve todo”.

Espasmo, marasmo, extraño viaje, campana de los perdidos, viaje a ninguna parte, construcción, destrucción, ¿deconstrucción?… ¡consenso definitivo en breve!

Qué divertido
 

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