Leo hoy en iAgua el magnífico post de José María Santafé “La búsqueda de El Dorado y el pacto posible”. Es un placer leer a quien sabe y es capaz de transmitir su experiencia dilatada y única para serenar el marasmo de la gestión del agua en España.
Si alguien me preguntara por las palabras clave de todo lo que sobre ella ya he escrito, me quedaría con tres conceptos: deconstrucción (del discurso del espasmo y el marasmo), seducción y convivencia. Todo ello desde el lenguaje generativo de la conversación.
Santafé hace una radiografía fiel del pasado, retrata el presente con nitidez de veterano curtido en mil batallas y otea el futuro del agua...para vislumbrar un pacto que no acaba de llegar, quizás por eso no acaba de llegar el futuro en la órbita de la gestión del agua en España.
A mí me congratula y me anima el poder leer en un maestro como Santafé estas palabras, que constituyen la coda (los versos que añade como remate a su poema), de su post (el subrayado es mío):
Si queremos que la futura convivencia en el mundo de la gestión del agua sea sensata, debemos tener muy presente que el bienestar en la convivencia no depende de la razón, sino de la emoción, de la sensatez y de la cordura
Pero hay que ser consciente que pactar significa de alguna manera seducir al otro pero tratando siempre de agrandar los argumentos propios para conseguir ampliar los dominios a compartir. Y eso solo puede hacerse desde la conversación, desde el lenguaje. Si partimos de un conocimiento compartido y con una mente abierta el Pacto puede ser posible. Sin pretender adhesiones inquebrantables ni contratos de adhesión. Vale la pena intentarlo.
Me identifico (aunque inexperto), con esta coda. Y me animo a ponerle a su poema tan bien trabado (intento que con pretendido gracejo y bizarría), un estrambote de mi cosecha. Va por Santafé.
¿Qué puede hacerse para acabar con el conflicto eterno de la gestión del agua?
Dejar de discutir (a dúo o en coro), sobre quien tiene la razón y generar otro espacio de debate que ubique en el tiempo y en el espacio un nuevo punto de partida hacia el futuro del agua en España, con una premisa fundamental: que no se defiendan intereses particulares, sino que se establezca un nuevo propósito de convivencia. Aquí viene a cuento usar las herramientas que define Santafé: la seducción, la conversación, la argumentación más que agrandada, basada en juicios bien fundamentados…y la ESCUCHA.
Abandonar la cultura imperante, que considera la “guerra” como la herramienta resolutiva de todo conflicto.
¿Cómo hacerlo?
Con audacia para no pretender desde la cultura de la “guerra”, resolver los conflictos a través de la “guerra”. Es decir, conversando “bien”. O sea aceptando de entrada que el otro puede tener razón ya la vez aceptando su legitimidad para poder conversar como Dios manda. No hacerlo así supone lo “dejà vu” desde hace casi un siglo: si uno piensa que el otro va a recurrir a la guerra, se pone la armadura, coge las armas y a luchar porque prefiere atacar antes de ser neutralizado y dominado por el adversario. Así se entra en un círculo vicioso del que solo se puede salir con la valentía suficiente para cambiar radicalmente la emoción desde la negación a la colaboración: generando convivencia.
Siguiendo la senda abierta por Santafé, yo modestamente añado: los que vayan a pactar, que empiecen reflexionando para cambiar de espacio y que esa reflexión tenga como consecuencia el que no se pretenda dilucidar quién tiene la razón, sino que lo que se pretenda sea trabajar unidos para definir un punto de partida para CONVIVIR. Que el cambio imprescindible para pactar se centre no solo en los intereses de parte, sino en un acuerdo sobre la definición del escenario en el que se quiere convivir.
Si queremos que la futura convivencia en el mundo de la gestión del agua sea sensata, debemos tener muy presente que el bienestar en la convivencia no depende de la razón, sino de la emoción, de la sensatez y de la cordura (eso creo que llevamos 80 años viéndolo). No es lo mismo lo racional que lo sensato, aunque que eso quizás no lo hayamos visto tanto. Pasemos de la pregunta: ¿Quién tiene razón? a la pregunta ¿Cómo queremos convivir?. Y usemos los conocimientos para alcanzar el bienestar deseado.
Pactar significa resolver un desacuerdo con un acuerdo, basado en un proyecto común de convivencia. Ahora que hay tantos sabios, que actúen desde el convencimiento de que la sabiduría tiene que ver con la cordura y la sensatez .
A dúo o en coro, a los sabios les ha llegado la hora: ¡a pactar por el futuro!