Planes de gestión: Ciencia, responsabilidad y utopía. Una carta a los Reyes Magos

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Sobre el blog

Lorenzo Correa
Webmaster en futurodelagua.com Practitioner PNL. Master en Coaching con PNL. Executive & Life Coach.
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  • Foto: Lorenzo Correa.
    Foto: Lorenzo Correa.

Nos acercamos a pasos agigantados al año 2015. Para los que, como trabajadores o diletantes de la gestión del agua, se interesan en estos aspectos, en este año se alcanza un hito marcado desde principios de siglo como fecha límite para demostrar que algo ha cambiado para bien en nuestras masas de agua, mediante una gestión diferente a la que el siglo XX nos tenía acostumbrados. Quince años después, ¿qué nos encontramos?...los planes de gestión de cuenca, vulgo hidrológicos, como documentos en los que se recogen los argumentos científicos, filosóficos y económicos que estructuran la medidas a adoptar para demostrar la realidad de los esperados cambios, las excelencias de una nueva cultura del agua, lo obsoleto de la vieja… en cuatro palabras, el cambio de paradigma de lo antiguo (ciencia ficción) a lo moderno (utópico)

Por motivos que no vienen al caso, viví muy de cerca la gestación del Plan de Gestión de una de nuestras ibéricas cuencas. Debo reconocer que lo que más me sorprendió fue el presupuesto resultante del Programa de Medidas. Miles de millones de euros a destinar con efecto retroactivo a partir de 2006, para conseguir que en el año 2015 las aguas superficiales del distrito de cuenca mejoraran su estado ecológico y las subterráneas, su estado químico y cuantitativo. El loable objetivo prioritario pero “utópico”, era el de la preservación del patrimonio hídrico, a base de conseguir la máxima garantía de calidad y cantidad de las masa de agua para el disfrute de los diversos usuarios del recurso (incluidos los que no lenguajean) y para disponer de una correcta información y defensa ante las avenidas.

Millones de euros a destinar con efecto retroactivo a partir de 2006, para conseguir que en el año 2015 las aguas superficiales de la cuenca mejoraran su estado ecológico y las subterráneas, su estado químico

Mi reflexión, cuando pasado el tiempo comprobé apenado que no había dinero para su implementación, fue la de que podría ser un ejemplo de ciencia (¿ficción?) empleada en su redacción, al servicio de la utopía de conseguir que los aspectos patrimoniales, dependientes de la preservación del medio hídrico, adquiriesen un enorme protagonismo en la planificación y gestión del agua de una cuenca “complicadilla” por sus desequilibrios entre recursos y población, por su clima y por el talante bravo y emprendedor de sus habitantes, que fomentó hace más de un siglo un uso exhaustivo de los recursos superficiales para riego y para generación de energía hidroeléctrica y más tarde (antesdeayer), una muy notable y visible ocupación e impermeabilización del territorio inundable y, lo que es peor, inundado.

El Plan se aprobó en un contexto temporal difícil en muchos aspectos: también en aquellos que se relacionan con las cuestiones ambientales. Se podría establecer una comparación, por un lado entre nuestros primitivos trenes de vapor (espejo de modernidad en el siglo XIX) y el AVE (ídem del siglo XXI) y la planificación autóctona tradicional española del siglo XX y la adoptada en este siglo, por la otra.

En ambos casos, nos encontramos con un "ancho de vía" diferente. Si en el primer caso es evidente por ser un ancho físico, en el segundo son las directivas europeas las que marcan un hito sin retorno a la hora de planificar. Y nos ha tocado adaptarnos a Europa y pagar las consecuencias de las dificultades de la adaptación. Y toda esta ciencia (¿ficción?), ¿quién la paga?, ¿qué hacemos ahora con el Plan, con los planes?

Algunos dicen que los planes son utópicos. Miro mis libros y compruebo que utópico es aquello que expresa añoranza por un modo de convivir humano en un ámbito de honradez, cooperación, justicia, equidad, respeto por el prójimo e integración con la naturaleza en armonía, desterrando la miseria y eliminando el abuso sistemático como modo de vivir. Otros dicen que la ciencia ficción es la extrapolación del presente tecnológico, consecuencia exclusiva del devenir histórico.

La utopía se genera desde el emocionar y deja el razonar como un cabo suelto, para tirar de él en caso de emergencia. Pero nos hace añorar lo que no conocemos, al estar inmersos en una cultura centrada en la competencia que justifica la negación del otro basada en la legítima superioridad del vencedor. Si vivimos una cultura que legitima la explotación de la naturaleza en beneficio del enriquecimiento del explotador, difícilmente podremos añorar vivir en un mundo utópico de respeto y armonía con la naturaleza. ¿Cómo se puede tener nostalgia de lo que no se ha vivido? Mi reflexión me lleva a pensar que a lo mejor es por eso que no hay dinero para los programas de medidas, porque son utópicos, lo que me parece que es un tópico.

Porque solo podemos añorar lo que tuvimos y perdimos y solo podemos esperar que suceda algo que no dependa de lo que hagamos nosotros

Porque solo podemos añorar lo que tuvimos y perdimos y solo podemos esperar que suceda algo que no dependa de lo que hagamos nosotros. Centrándonos en nuestro ámbito, solo cuando una lluvia persistente termina con la sequía, se cumple una esperanza. Añoramos solo desde el emocionar, no desde el razonar y eso no es adecuado para la planificación.

¿Son los planes de gestión ciencia ficción? Veamos, la ciencia ficción no nos lleva a la añoranza, sino a la intención, mediante la exageración de lo que ya tenemos, magnificándolo en un delirio de grandeza a cualquier precio, extrapolando el presente sin importar lo que se pierda en el proceso, pero ocultando, porque no importa, el daño ambiental sobre el que ese proceso se sustenta.

Cuando ahora nos enfrentamos a lo que nos revelan las utopías y la ciencia ficción, nos enfrentamos a nosotros mismos, asumiendo el reto de recoger lo que nos devuelve ese enfrentamiento: la responsabilidad de elegir en qué cultura del agua queremos vivir, porque todo lo que se nos muestra es parte de nuestro presente, ya sea como fundamento o como enajenación. Y porque para que cambie nuestra cultura tienen que cambiar nuestros deseos.

Ahora, en los albores del mítico 2015, es el momento de la responsabilidad, que no es más que una elección, que nos lleva a asumir capacidad de acción y a elegir dar una respuesta hábil (“Respons(h)abilidad”) y a pasar de víctimas a responsables (haciéndonos cargo y no quejándonos).

¿Son los planes de gestión ciencia ficción?

Si no somos parte del problema no podremos ser parte de la solución. Si lo somos, seremos dueño de nuestras acciones y parte de la solución.

Le pido a los Reyes Magos más responsabilidad y menos utopía y ciencia ficción. Ni tretas oportunistas (“esperanzadoras”), ni plañidos de pedigüeños (ciencia ficción). Y escuchar.

No escuchar es negar al otro, escuchad desde la responsabilidad, generad confianza

Los clientes (la colectividad interesada) saben distinguir entre lo que es caro y lo que es costoso. Y sólo pagan por lo que los seduce. Y la seducción sólo se produce en un clima de confianza. ¿Es seductor un Plan de Gestión? Los clientes, como siempre tienen la respuesta.

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