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El agua en el siglo XXI

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  • agua siglo XXI
    Foto: Playa Roja. Mariana Meneses (Perú)

Sobre el blog

Luis Lujan Cardenas
Sociólogo y Periodista, Magíster en Administración, especialista en Comunicación para el Ecodesarrollo, articulista en diversos medios escritos de Perú.
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El agua es un motor de vida y de desarrollo socioambiental. Perú, por lo tanto, tiene un promisorio futuro habida cuenta que es el octavo país con más agua en el mundo[1]. No somos un mendigo sentado en un banco de oro (por los minerales que poseemos); somos un ciudadano sediento al borde de un gran río.

El desafío es gestionar eficientemente los recursos hídricos, con visión de futuro, con mirada de estadista. Winston Churchill afirmó: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

En el siglo pasado, pensando que el agua era un recursos infinito, administrarla eficientemente significaba solo construir grandes infraestructuras hidráulicas, y que el recurso llegara en cantidad suficiente a las ciudades y la agricultura. No se logró la seguridad hídrica, al contrario el estrés hídrico apareció en varios puntos del país.

En el siglo XXI la situación es completamente distinta. La visión ingenieril, gris, sectorista, agrarista y citadina, es reemplazada por una visión multisectorial, multidisciplinaria, trasversal, social, verde, humana y planetaria, considerando el agua como un elemento que se agota por acción antrópica y es afectada por el cambio climático.

Gestionar eficientemente el agua no es solo una responsabilidad nacional, es también una responsabilidad internacional para con el planeta, dado nuestro ingente recurso hídrico y la de Brasil. Este entorno demanda a nivel de la región: promover una política sudamericana común del agua[2], con una agenda vista al cumplimiento de las ODS al 2030 y la gestión de las cuencas transfronterizas.

Y, en nuestro país:

  1. Crear el Ministerio del Agua o adscribir la Autoridad Nacional del Agua a la Presidencia del Consejo de Ministros o al Ministerio del Ambiente.
  2. Actualizar la Ley de Recursos Hídricos y el Plan Nacional de Gestión de los Recursos Hídricos. 
  3. Reimpulsar el Sistema Nacional de Gestión de los Recursos Hídricos.
  4. Modernizar y reestructurar la ANA, otorgándole la facultad de ejecutor de obras hidráulicas. 
  5. Otorgarles autonomía administrativa, económica y financiera a los Consejos de Cuenca[3]; 6. eliminar las AAA y fortalecer las ALAs.
  6. Políticas nacionales de infraestructura verde, construyendo con la naturaleza; de tecnologías de riego sustentable basado en la huella hídrica; de financiación a través del principio “contaminado-pagador y usuario-pagador; de efectivo control y fiscalización del uso del agua; obligatoriedad del Certificado azul; y, de hidrosolidaridad y cultura del agua.

La meta es el desarrollo humano sostenible y amigable al medioambiente.

[1] Brasil es el primero y Colombia, tercero.

[2] Según la Global Water Partnership, un tercio de los recursos hídricos renovables están en Sudamérica.

[3] Tal como sostiene la tesis del sociólogo Henderson Tamayo en una interesante y reciente investigación sobre la GIRH en la cuenca Chancay-Huaral. 

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