Mientras las Naciones Unidas celebra el Día Mundial del Agua, bajo el lema ‘Conservación de los glaciares’ y las naciones desarrolladas deciden unánimente aumentar el uso de la energía fósil contaminante, como el gas natural, el petróleo y el carbón, contraviniendo acuerdos internacionales para la protección ambiental ante los efectos invernadero y la variabilidad climática, los nevados entran en un proceso global acelerado de deshielo, peligrando nuestras reservas de agua dulce en todo el planeta.
En el caso de los nevados tropicales, donde el panorama es muy preocupante y pareciera que se estaría ingresando en un proceso irreversible de desertificación, ya que la ciencia aún no puede hallar una fórmula efectiva para detener la desglaciación y, mucho menos existe preocupación gubernamental global de implementar políticas de mitigación y de adaptación ante el cambio de los ecosistemas glaciares.
Impasibles ante la desaparición de los nevados y el surgimiento de miles de lagunas
Es el caso de Perú, por ejemplo, que alberga el 68 % de glaciares tropicales del mundo y que en los últimos 60 años, ha registrado la pérdida del 56% de su superficie (1348.75 km²). Así lo advierte el Inventario Nacional de Glaciares y Lagunas de Origen Glaciar (INGLOG) del 2023, del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), con una investigación que comprende las 20 cordilleras glaciares peruanas que se distribuyen en 14 departamentos.
Este deshielo se está acelerando por el aumento de la temperatura en los trópicos, causado por las emisiones de gases de efecto invernadero vinculadas a la actividad humana desde la revolución industrial. Perú es uno de los países más afectados. El deshielo en las últimas seis décadas ha provocado el surgimiento de 8466 lagunas a nivel nacional, importante reserva hídrica, cuya adaptabilidad, mitigación y resiliencia ante el cambio climático y la contaminación no es gestionada conveniente y urgentemente por institución alguna, pese al estrés hídrico que se presenta en distintos puntos del país y donde existe una gran demanda de infraestructura hídrica y de agua.

INAIGEM.
Y, por si fuera poco, existe el inminente peligro de desastres, dada las pendientes en las montañas superiores a los 25°, que provocaría aludes y avalachas por desbordes de las lagunas, que arrasaría —como ha sucedido muchas veces con desapariciones de poblados enteros (Huaráz, Carhuaz, Huaylas), ingentes pérdidas económicas y materiales y afectación irremediable de los ecosistemas andinos, conformados por bofedales, puquiales, pastizales, zonas de pastoreo y bosques nativos, además de biodiversidad singular.
Investigación, creatividad, cambio e innovación
El INAIGEM, en su solitario trabajo de investigación de los nevados tropicales y ecosistemas de montaña, advierte que estas fuentes naturales de agua son “reguladores del régimen hidrológico en casi todas las regiones andinas, particularmente en aquellas que están sometidas a largas estaciones secas, donde la fusión glaciar permite mantener un caudal mínimo de agua, y así abastecer a los diferentes ecosistemas y las diversas actividades de subsistencia y productivas que se desarrollan cuenca abajo”.
Dada la importancia de los glaciares en el ciclo del agua y de la vida en los ecosistemas, varios países están intentando implementando soluciones innovadoras para detener el deshielo o retardarlo, que Perú aún no hace. China, por citar un ejemplo, está experimentando con mantas térmicas y nieve artificial, que reducen la absorción de radiación solar.
Con las mantas especiales han logrado reducir la absorción de radiación solar con el objetivo de ralentizar el deshielo de los glaciares, habiendo logrado aminorar este fenómeno en un 34%. Empleando nanomateriales con propiedades ópticas y eléctricas, ha reducido el deshielo en un 70% en el glaciar Urunqui; mientras que con la generación de nieve artificial (siembra de nieve) incrementó la masa de un glaciar en un 5,9%
¿Y nosotros? Por qué no asimilamos algunas de estas técnicas ajustadas a nuestra realidad o creamos alguna nueva. O, por lo menos, gestionemos el agua de los deshielos, con criterio de sostenibilidad, prospectiva y de futuro para las comunidades altoandinas y para el país, en general.
Demos facultades para la investigación a la Autoridad Nacional del Agua, incentivemos la investigación hídrica en las universidades, celebremos convenios de cooperación y trasferencia de conocimiento internacional, incentivemos la inversión privada en ciencia y tecnología. Celebremos el Día Mundial del Agua con creatividad e innovación, ¡por favor!