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Nuestra deuda con el planeta

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    Fotografía de elcielolatierrayyo.com

Sobre el blog

Luis Lujan Cardenas
Sociólogo y Periodista, Magíster en Administración, especialista en Comunicación para el Ecodesarrollo, articulista en diversos medios escritos de Perú.
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Todos –y en diferentes idiomas- hablamos de deuda económica, deuda externa, deuda social… pero muy pocos se refieren a la deuda humana y ambiental con el planeta, con la Tierra, el hogar azul donde vivimos desde hace más de un millón y medio de años.

La organización Global Footprint Network ha alertado que el «1 de agosto de 2018 comenzamos a estar en deuda con el planeta: los humanos estamos consumiendo más recursos de los que la Tierra es capaz de regenerar en un año». Y esto debido a la economía del consumismo excesivo, amén de un industrialismo que devora insaciablemente los recursos naturales ante la creciente e incontrolable demanda de una población que crece sin control.

La contaminación global, desde el surgimiento del capitalismo hace tres siglos, ha debilitado la atmósfera terrestre provocando el efecto invernadero y el cambio climático extremo con todas las tempestades e inclemencias habidas y por haber, donde los países pobres y las etnias marginadas sufren los mayores daños económicos, culturales, sociales y medioambientales.

A fines de agosto se celebró en Estocolmo (Suecia) la Semana Mundial del Agua, bajo el tema ‘Agua, ecosistemas y desarrollo humano’, donde se concluyó en que es imperiosa la necesidad de que los gobiernos desarrollen políticas públicas con soluciones basadas en la naturaleza, dado que el mundo se enfrenta a una crisis de gobernanza del agua y los ecosistemas.

El agua, el aire y la tierra son elementos sine qua non para la vida de seres humanos y del planeta, porque la Tierra es un planeta vivo que lo estamos asfixiando, tuberculizando, anemizando, deshidratando con profundas llagas medioambientales de extinción de flora, fauna, degradación de los suelos e, incluso, de comunidades nativas, como en la Amazonía sudamericana.

Toda actividad económica humana debe considerar el mejoramiento y conservación del ecosistema. Esa es nuestra responsabilidad para con las generaciones venideras. El desarrollo humano y ecosostenible hará posible una sociedad inteligente y del bienestar. No podemos dejar como herencia un planeta moribundo. Es cuestión de lógica, sentido común, responsabilidad social y gobernanza, sea cual fuere el sistema político.

Cada persona debe ser consciente de su papel socioambiental, ya sea: utilizando racionalmente el agua y la energía, plantando un árbol, reciclando la basura, asistiendo al indigente, conduciendo bicicleta, enseñando a leer y escribir al que no sabe, empleando más luz natural, consumiendo menos carne y más vegetales y frutas, utilizando productos no contaminantes, promoviendo educación ambiental, obligando a las autoridades la economía circular, advirtiendo de lo vano de la acumulación de capital y de la estupidez de las guerras. Debemos empezar a pagar nuestra deuda con el planeta y, para ello, no es necesario dinero.

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