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La piedra Saywite: El oráculo inca del agua

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Sobre el blog

Luis Lujan Cardenas
Sociólogo y Periodista, Magíster en Administración, especialista en Comunicación para el Ecodesarrollo, articulista en diversos medios escritos de Perú.
ABB
Global Omnium

En el Perú, departamento de Abancay, distrito de Curahuasi, camino hacia el ombligo del mundo, la ciudad imperial del Cusco, a 3500 m.s.n.d.m., en medio de cuatro templos incas: el Rumihuasi, el Chincana, Intihuatana, Pillijchu y el Concacha, la enigmática Piedra de Saywite, se erige como el gran otrora oráculo del agua al que los Sapas Incas acudían para ver su destino y el futuro del imperio.

Con el Willaq Umu (en quechua: el sumo sacerdote, el que tiene la última palabra), el Sapa Inca consultaba al dios Viracocha, a los Apus, a todos los dioses, sobre hechos y fenómenos que los seres humanos no podían descifrar ni su fuerza y sabiduría controlar y dominar.

La paz, la guerra, la muerte, la vida, la alegría, el sufrimiento, la desgracia, la hambruna, las pestes, el clima, la lluvia, la cosecha o el destino de un pueblo, eran puestos a la vista y oídos del Inca, su panaca real, consejeros y militares, a través de esa inmensa escultura monolítica, para la mejor toma de decisiones en bien del reino de los Cuatro Suyos.

Las visiones, presagios y augurios se materializaban unas veces, con agua, otras con chicha (la bebida de maíz de los dioses), y muchas veces con sangre de sacrificios humanos o de animales, discurriendo entre vericuetos y más de 200 símbolos, figuras, dibujos, surcos y perforaciones en la piedra sagrada de Saywite, de 2 y medio metros de altura, 11 metros de circunferencia mayor y 8 de circunferencia menor, extraído del corazón de un Apu, espíritu de la montaña.

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Toda la cosmografía inca sobre el agua, el medio ambiente, la tierra, la biodiversidad y su relación con los dioses y el reino de los incas, está resumida en esta escultura con piedra volcánica que no se sabe quién la esculpió. Allí se registra resumida y pétreamente la ciencia, la tecnología y la arquitectura urbana, la ingeniería hidráulica y la gestión del agua, la agricultura, los animales y las deidades antromorfas que gobiernan el mundo.

Las cumbres, las cabeceras de cuenca, ríos, lagos, puquiales, cascadas, bajo la guardianía con tintes eróticos de parejas macho-hembra de animales, se mezcla con redes de agua para el abastecimiento de la casa imperial, templos, edificios, plazas públicas, viviendas, canales, acueductos, túneles, cultivos, reservorios, que a su vez se fusionan con figuras fitomorfas, zoomorfas y antropomorfas, y la descripción de las tres regiones del Perú a través de animales oriundos: costa (peces, cangrejo, pelicano, camarón, pulpo, etc.), sierra (llama, rana, puma, cóndor, serpiente, lagartija, araña, etc.) y selva (jaguar, tigrillo, mono, etc.)

El agua: la vida, la prosperidad, la abundancia y el futuro; la chicha: la abundancia de alimentos, el poder y la fortaleza; y la sangre: los malos tiempos, la desgracia y el sufrimiento, iban definiendo según su recorrido, empozamiento o ausencia en los laberintos de la Piedra de Saywitte, las respuestas a las interrogantes, miedos, temores y esperanzas del inca, hasta caer el líquido al suelo, a la tierra, a la Pachamama, último destino de todas las cosas. No era una cuestión de suerte, sino de fe en el oráculo del agua.

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