Aqualia
Connecting Waterpeople

A propósito que Lima no tendrá agua tres días

3
97

Sobre el blog

Luis Lujan Cardenas
Sociólogo y Periodista, Magíster en Administración, especialista en Comunicación para el Ecodesarrollo, articulista en diversos medios escritos de Perú.
Almar Water Solutions
Minsait
· 97
3
  • propósito que Lima no tendrá agua tres días

Del 5 al 7 de julio, medio Lima, la capital de Perú, se quedará sin el servicio de abastecimiento de agua, debido a la construcción de la Línea 2 del Metro de Lima, el primer metro subterráneo, que fluirá el tránsito –uno de los mayores problemas de la ciudad- desde Ate hasta el Callao.

Aún está fresco el recuerdo del fenómeno el Niño Costero del 2017, que debido —increíblemente— a la carencia de un plan B de prevención, dejó sin agua a 11 millones de habitantes, durante casi una semana, paralizando las actividades y afectando seriamente al país, dado que por el centralismo existente Lima contribuye con el 45,9% del Producto Bruto Interno (PBI) nacional.

Con 484 años de fundada, la Ciudad de los Reyes, sin conocer el desarrollo sostenible y la planificación urbana, concentra el poder económico, financiero, cultural y político de la nación. En medio del desierto, al igual que El Cairo (Egipto), y soportando desde hace varias décadas estrés hídrico, alberga el 29% de la población peruana, 62% de ellos pertenecientes a la clase media, y 13% en estado de pobreza.

Anualmente recibe a 136,000 mil inmigrantes[1] que se asientan en los cerros alrededores de la capital. A esto hay que agregarle más de 800 mil venezolanos, de casi un millón que arribaron al país en los últimos tres años. He de imaginarse el aumento de la demanda de agua, alimentos, energía, salud, educación y otros servicios básicos. Estos dos segmentos sociales constituyen más del 50% de la productividad laboral, y paradójicamente el 10% no cuenta con el servicio de agua y saneamiento.[2]

Lima se abastece de agua de lluvia y el deshielo de glaciares (la mitad de ellos en proceso de extinción por el cambio climático), que llenan las represas de Antacoto, Yaracmayo y Huascacocha, en la vertiente del Atlántico, y fluye a través de los ríos Chillón, Lurín y Rímac. Como reserva están 21 lagunas, en la cuenca del Pacífico, y 277 pozos subterráneos en la capital, que la mitad de ellos se activarán este fin de semana[3] para asistir hídricamente a la población.

El líquido llega a la planta de procesamiento de La Atarjea, donde potabilizarla cuesta tres veces más que en otras ciudades, debido a la alta contaminación existente. “La contaminación proviene principalmente de aguas servidas, residuos sólidos y sustancias tóxicas, metálicas y no metálicas, y esto es responsabilidad tanto de las familias como de las empresas”[4], según señaló una publicación limeña.

“Existen más de 900 de puntos de contaminación del río Rímac, según un inventario realizado por el Servicio de Agua Potable y Alantarillado (Sedapal) y la Autoridad Nacional del Agua (ANA)”[5], informó recientemente Francisco Dumler, presidente de Sedapal. Y esta contaminación es producto del arrojo de basura, la falta de tratamiento de aguas servidas y los relaves mineros. “Los cálculos estiman que el 86% de los vertimientos domésticos no reciben ningún tipo de tratamiento. Así en la costa peruana, 16 de los 53 ríos que la cruzan transversalmente, se encuentran contaminados con diversos tipos de vertimientos y efluentes mineros, industriales y domésticos. Se ha calculado que las descargas domésticas que contaminan el mar peruano alcanzan los 20 millones de metros cúbicos al año.”, señala un estudio de Ciga -PUCP[6]

Para colmo, la infraestructura sanitaria de la capital supera los 50 años de antigüedad, provocando grandes aniegos, como el drama ambiental ocurrido a inicios del presente año en el distrito de San Juan de Lurigancho, el más poblado (un millón de habitantes) de los 44 distritos de Lima, que sufrió el atoro del alcantarillado por el arrojo y acumulación de basura y desmonte, inundando centenares de viviendas y paralizando todas las actividades en el sector por la inundación de aguas servidas. Solo desde el 2018 hasta la fecha, se han atendido 41.412 emergencias que terminan por provocar innumerables aniegos en las calles, según data de SEDAPAL. La crisis se agrava con el 29% del agua potable que se pierde por fugas debido a las viejas tuberías.

En estas condiciones, Lima tiene una cobertura del servicio de agua del 94.5% y de desagüe del 83%. Sin cultura del agua por parte de autoridades y ciudadanía, el promedio de consumo por habitante al día es de 130 litros, cuando lo recomendable de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), debe ser entre 80 y 100 litros de agua para satisfacer las necesidades tanto de consumo como de higiene.

Y las diferencias sociales se expresan también en este consumo: en los distritos donde habita mayormente la clase alta: San Isidro, Miraflores y La Molina, se registra un consumo diario de agua potable de alrededor de 400 litros diarios; mientras que en los cerros aledaños de Pamplona Alta, en San Juan de Miraflores, la gente se abastece con baldes de agua comprados a camiones cisternas, y pagando 20 veces más por el metro cúbico de agua. En los distritos de Carabayllo y El Agustino, el 20% recibe agua menos de tres horas al día. Por otro lado, el débil control y fiscalización del servicio, se expresó en el 2017, con conexiones clandestinas que provocaron la pérdida de 1 millón 200 mil metros cúbicos de agua.[7].

En resumen: tres días sin agua en 20 distritos llama a una reflexión y destapa un álgido y urgente problema en Lima, que plantea varias soluciones: 1. que la actual administración pública declare en emergencia el sector y realice una reingeniería de la administración y el servicio, con el asesoramiento y financiamiento de la cooperación internacional; 2. que se privatice el servicio con el expertise internacional; y, 3. se cree una sociedad mixta público–privada, donde el Estado posea la mitad más uno en la participación accionaria.

La gran debilidad de la administración pública peruana a la fecha es que no trabaja en forma integrada y recurriendo a la ciencia, la tecnología de punta y la gestión del conocimiento. Y el otro punto es que no contempla el entorno e intorno socioeconómico y ambiental existente dentro y fuera del país, en el que la globalización, el cambio climático y el desarrollo nacional demanda sociedades inteligentes, verdes, saludables, resilientes, sostenibles y humanas.

Lima al 2050 tendrá 14 millones de habitantes aproximadamente y no puede seguir involucionando agobiada por la variabilidad climática y los desastres naturales, con un servicio de agua y saneamiento que colapsa permanente perjudicando el erario público y la propiedad privada, con una progresiva e indetenible expansión demográfica, el crecimiento urbano caótico y desordenado, aumento de las actividades económicas, industriales y de servicios, incremento de la demanda de energía, alimentos y servicios básicos, aumento constante de la contaminación, escasos recursos financieros y mayor centralismo, donde el Estado demuestra incapacidad desde hace más de medio siglo, pese a un crecimiento económico de más de 4%, que acaso podría explicarse por factores reñidos a la ley, como el narcotráfico, la corrupción pública, el lavado de activos, la evasión tributaria y otras actividades non sancta, de –lo que yo denomino— una economía negra.

Los peruanos –y todos los habitantes del planeta— necesitamos y tenemos el derecho a agua potable segura y un saneamiento adecuado. Si continúan estas falencias en Lima, difícilmente lograremos cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible; y mucho peor, continuará la pobreza no solo económica y social, sino en la gestión pública nacional.

-------

[1] “La migración interna rural-urbana y la migración a Lima Metropolitana se han constituido en dos de los más importantes fenómenos demográficos y socio-económicos en la evolución de la sociedad peruana desde 1940 a la fecha”, según el Instituto de Estudios Peruanos, en La Migración a Lima entre 1972 y 1981: Anotaciones desde una perspectiva económica (1986).

[2] Si bien el Perú es uno de los países con más recursos hídricos, estos están distribuidos de manera desigual: el 98% está en la sierra y selva, mientras que en la costa (donde vive el 70% de la población) está el otro 2%.

[3] Sin un estudio de la oferta hídrica subterránea, casi dos mil pozos clandestinos, mucho de ellos en manos de empresas privadas, sin medidores succionan el agua, sin respetar el equilibrio entre recarga y descarga del agua del subsuelo. Ahora en el centro de Lima, el agua se halla a más de cien metros de profundidad, cuando antes solo había que excavar 30 metros. Ver: http://archivo.elcomercio.pe/sociedad/lima/irresponsable-extraccion-agua-mas-mitad-pozos-lima-son-informales-noticia-254546

Comentarios