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La rebelión de los caranques y la laguna de sangre

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Sobre el blog

Luis Lujan Cardenas
Sociólogo y Periodista, Magíster en Administración, especialista en Comunicación para el Ecodesarrollo, articulista en diversos medios escritos de Perú.
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  • rebelión caranques y laguna sangre

En Crónica del Perú, Pedro Cieza de León narra un trágico y sangriento pasaje durante el gobierno del inca Huayna Cápac (rey joven, en quechua), que explica el origen del nombre de la laguna de Yahuarcocha (laguna de sangre), ubicada en Ecuador, otrora territorio del gran imperio del Tahuantinsuyo.

Durante la celebración del Inti Raymi (Fiesta del Sol), Huayna Cápac osó mirar al gran astro, ante las miradas atemorizadas de sus miles de súbditos congregados en la ciudad del Cusco, había cuenta que se consideraba un irrespeto mirar al dios sol. Su sacerdote le aconsejó bajar la mirada, pero no le hizo caso. El pueblo cayó en el temor de un mal augurio.

Al poco tiempo, el Inca fue informado de la rebelión de los indios caranques en la sierra norte de Ecuador, comandados por el indomable scyri (señor) Cacha Duchicela; territorio de caníbales conquistado por su padre Túpac Yupanqui, quienes a regañadientes aceptaron el dominio inca.

Se registraron varias revueltas, que incluso incluyó la toma de varias fortalezas incas construidas por su padre, en la frontera de Perú-Ecuador. Así también ocurrieron asesinatos de gobernadores, ministros y soldados del Inca asentados en estas tierras, cuyas cabezas, corazones y sangre fueron ofrendados a los dioses caranques, y el resto de sus cuerpos devorados “sin mascar” por los propios insurrectos, bárbara costumbre que había sido prohibida por los incas, según cuenta Garcilaso de la Vega[1] en su famosa obra Comentarios Reales.

Huayna Cápac, respetuoso de las costumbres bélicas de sus gobernantes ancestrales, respecto a evitar en lo posible la guerra y la violencia, envió en varias oportunidades mensajeros que solicitaron a Cacha Duchicela rendición y sumisión, pero éste lejos de aceptar los ofrecimientos de riqueza y posición social, le respondió con la muerte de sus emisarios.

Encolerizado, Huayna Cápac, reunió un ejército de más de 40 mil efectivos con un resguardo personal de dos mil orejones, soldados de elite instruidos especialmente para el combate, miembros de la nobleza inca. Y emprendió marcha hacia Quito.

A poca distancia de las bases enemigas, el soberano inca una vez más pidió la rendición a los caranques, pero no hubo tal. Entonces, comenzó a diseñar con sus generales la estrategia militar para enfrentar a los subversivos.

Envió numerosos espías que se infiltraron entre las fuerzas enemigas, logrando comprar algunos oficiales de tribus aliadas y el reclutamiento de varias unidades militares horas antes de la batalla de Atuntaqui.

Era consciente que sus fuerzas eran menores numéricamente y que sus guerreros no se encontraban en buenas condiciones físicas, debido a que Duchicela había ordenado la estrategia de tierra arrasada, alejando a la población, destruyendo los caminos, cultivos, alimentos y contaminando el agua, para debilitarle.

La logística y el abastecimiento del ejército inca era reducida, luego de salvar los Andes y recorrer mil quinientos kilómetros desde el Cusco. Pero su espíritu de conquistador seguía intacto, con el firme objetivo de respetar el imperio construido por sus ancestros, especialmente territorio conquistado en el norte por su padre.

(Continuará)

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