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Soluciones incas basadas en la naturaleza

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  • Soluciones incas basadas naturaleza
    Imagen: Acuafondo.

Sobre el blog

Luis Lujan Cardenas
Sociólogo y Periodista, Magíster en Administración, especialista en Comunicación para el Ecodesarrollo, articulista en diversos medios escritos de Perú.
Almar Water Solutions
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El conocimiento y la práctica ancestral en la administración del agua en las culturas preincas e inca del Perú, deben ser revalorados y puestos en valor por la ciencia actual y los actores decisorios que gestionan los recursos hídricos para construir gobernanza.

Si hablamos de soluciones basadas en la naturaleza (SbN)[1] para la seguridad hídrica, debemos volver la mirada a hace 1400 años, cuando los antiguos habitantes de los Andes en Sudamérica, crearon las amunas (en quechua: retener). Esta fue –y es— una técnica ancestral para recolectar el agua de la lluvia, en las alturas andinas, a más de 4,000 msnm, conducirla por acequias de piedra y filtrarla en las fisuras de las rocas para aumentar el volumen hídrico a humedales, manantiales y puquiales; y, de estas reservas naturales amigables a la biodiversidad, abastecer de agua en época de escasez a las comunidades ubicadas en las partes bajas, impulsar la agricultura y ganadería, incrementando la producción de alimentos y vestido, y lograr la seguridad hídrica evitando el deterioro de los servicios ecosistémicos[2].

La sabiduría de las culturas prehispánicas entendió que la ingeniería hidráulica debía ser amigable y respetuosa con la naturaleza y sus servicios ecosistémicos, porque de ello dependía la vida y el bienestar de todos. Y, aún más, les permitía crear una barrera natural resiliente al cambio climático y los desastres naturales, como huaicos, inundaciones, aludes, etc. que también se presentaron en aquella época. Y, lo sustancial, dado el trabajo comunal (minka) en el que todas las familias participaban en las faenas de la gestión del agua, se creó una fuerte cultura hídrica ligada fuertemente con la religión y la filosofía andina. Los incas perfeccionaron estas buenas prácticas hídricas, los conquistadores españoles la desintegraron; y, en la Emancipación y la República, fueron al olvido, hasta hoy.

Cinco siglos después, este conocimiento ancestral de siembra y cosecha de agua, persiste en algunos pocos lugares serranos, como es el caso de San Andrés de Tupicocha (provincia de Huarochirí, Lima), de casi 1,500 habitantes. Allí, con un fuerte arraigo y tradición quechua, de generación en generación, superviviendo ante la cultura occidental, se ha conservado esta cosmovisión y práctica inca, abrazando valores, costumbres, ritos (pagos a la tierra y el agua), organización social (ayllus), fiestas y trabajo comunal, que se expresan en las amunas, que les permite a sus pobladores gozar de agua oportuna, limpia y en cantidad necesaria para asegurar una vida social plena, en en armonía con el entorno natural. Este hecho social y antropológico ha llamado la atención de la ciencia moderna, desde fines del siglo pasado.

Los incas perfeccionaron estas buenas prácticas hídricas, los conquistadores españoles la desintegraron; y, en la Emancipación y la República, fueron al olvido, hasta hoy

El investigador peruano Juan Gómez Torres (2017) en su estudio Las amunas en huarochirí: agua, innovación y desarrollo, denomina a este saber indígena como ‘conocimiento no occidental’; expresión social que soporta viejos paradigmas como que lo indígena es rudimentario, antiguo y atrasado; cuando es todo lo contrario, como lo han demostrado recientemente científicos socioambientales del Imperial College London (Inglaterra), quienes acaban de concluir una investigación realizada en las amunas de Huamantanga (Canta, Lima).

El estudio publicado en la prestigiosa revista Nature Sustainability, informa que utilizando trazadores colorantes y monitoreando hidrológicamente las amunas durante tres años, comprobaron que el agua, luego de recolectada en las alturas, tardó un tiempo promedio de 45 días para brotar en las cuencas media y baja. Es así, que esta recarga de acuíferos “podrían desviar y retrasar el 35% del agua de la estación húmeda, equivalente a 99 millones de metros cúbicos por año de agua, a través del terreno natural de Lima, para beneficio durante la estación seca”.

Este antiguo sistema de siembra y cosecha aumentaría el agua disponible en la época de estiaje hasta en un 33% en los primeros meses, y un promedio de 7.5% para los meses restantes, aliviando el estrés hídrico que ya afecta a casi 10 millones de limeños.

Las soluciones incas basadas en la naturaleza pueden convertirse en una gran alternativa para la escasez hídrica que afecta muchos pueblos y naciones en el mundo, especialmente en vías de desarrollo. Construir infraestructura natural es mucho más barata, sostenible, menos tecnológica, integradora socialmente y casi no contamina el ecosistema; además de ser una efectiva herramienta para la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático y la contaminación ambiental.

Conocer nuestra historia, investigar, rescatar el saber tradicional, gestionar el conocimiento, conjugar la ciencia y la tecnología, fomentar la participación social y construir gobernanza, es un proceso que debe ser una constante en la gestión —pública o privada— del agua, para lograr la tan ansiada seguridad hídrica, el bienestar social, la conservación de las especies y la preservación del planeta.

[1] Según la UNESCO las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) son inspiradas y respaldadas por la naturaleza y utilizan o imitan los procesos naturales para contribuir a la gestión mejorada del agua.

[2] La FAO indica que los servicios ecosistémicos son la multitud de beneficios que la naturaleza aporta a la sociedad. Los servicios ecosistémicos hacen posible la vida humana, por ejemplo, al proporcionar alimentos nutritivos y agua limpia; al regular las enfermedades y el clima; al apoyar la polinización de los cultivos y la formación de suelos, y al ofrecer beneficios recreativos, culturales y espirituales.

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