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Desastre: Inundaciones con soluciones integrales

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Sobre el blog

María Magdalena Naser Marta Lema
Naturaleza y Literatura:Dos profesoras, de Geografía y de Literatura involucradas con la Educación Ambiental desde un enfoque comprometido, intentado con respeto y con claridad contribuir al pluralismo de voces .
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El cambio climático produce periódicamente que lo que eran “episodios extraordinarios” se vuelvan más frecuentes y más intensos: impetuosas lluvias, prolongadas sequías, tormentas secas que conocemos como “fenómenos en los que el aparato eléctrico predomina sobre la precipitación” generando incendios. Pasamos de paisajes de sequía a suelos anegados con ascenso de napas freáticas. Pronósticos impredecibles en sus secuelas.

En los últimos meses de primavera y verano, en la zona núcleo productiva de granos, carne y leche de la Argentina, se han desencadenado episodios extremos que dejaron miles de hectáreas incendiadas con meses sin lluvias y en otras regiones, miles de hectáreas bajo el agua. Cara y seca de un panorama desastroso que generan pérdidas casi imposibles de cuantificar desde lo anímico y económico: están enterrados.

En particular destacamos el desastre generado por el exceso hídrico ya que ha precipitado un 120% más del promedio para la época estival. Cuando se analizan las imágenes del satélite TERRA se toma verdadera conciencia de la magnitud de la catástrofe. Recordemos que TERRA “fue lanzado por la NASA el 18 de diciembre de 1999 como parte del programa Sistema de Observación de la Tierra (EOS), con el fin de adquirir datos para el conocimiento de la dinámica atmosférica global y la interacción tierra-océano-atmósfera. Estos datos comenzaron a ser colectados en febrero de 2000. Para los científicos, este hecho es considerado un avance importante en el sistema de observación de la tierra. Forma parte de una misión que incluye a los Estados Unidos, Canadá y Japón”. Se lo considera como “un 'buque insignia' con capacidad para registrar los cambios climáticos de la atmósfera con la precisión adecuada como para permitir un pronóstico a corto plazo. Gira alrededor de la Tierra a 705 km, de manera sincronizada con el Sol, y va del polo norte al polo sur.”

Con campos encharcados, la soja y el maíz cultivados, están amarillentos y no se puede resembrar por el exceso de agua. La historia de cada productor debe ser rescrita ya que no es sólo una cuestión económica, también es su propia vida, que es el campo. Los contratistas asimismo sufren las consecuencias, ya que la maquinaria y los camiones no tienen clientes en estas zonas afectadas.

Los animales deambulan huyendo de los campos convertidos en pantanos, buscando pasturas para comer, los tambos no tienen acceso a la leche. Hemos podido ver pescadores en busca de pejerreyes y aventurados deportistas ¡Con sus tablas de windsurf!

De manera más recurrente se agravan los problemas y la magnitud del daño humano con poblaciones evacuadas y pérdidas materiales millonarias genera una desolación peligrosa.

Las obras hídricas sin duda cooperan para mitigar las inundaciones, pero el problema debe empezar a solucionarse donde se origina, que es en el propio campo.

Ya lo decía el científico autodidacta argentino Florentino Ameghino, nacido a mediados del siglo XVIII, en su obra “Las secas y las inundaciones en la provincia de Buenos Aires, obras de retención y no de desagüe” (1884). “Los proyectos de canales que den salida a las aguas que en las épocas de grandes lluvias cubren los terrenos bajos o de poco declive. El objetivo de todos esos proyectos parece ser buscar los medios de llevar al océano lo más rápidamente posible las aguas pluviales, con los que se cree evitar el desborde de los ríos y la inundación de los terrenos adyacentes”. Pero desaguar sin límite, es privar a las llanuras de una cantidad de agua, que bien aplicada, puede constituir una reserva preciosa que puede atenuar los efectos desastrosos en épocas de seca. Es decir, al agua se la debe almacenar donde ha caído, porque cuando no infiltra, desliza hacia las zonas bajas: los arroyos y ríos causando anegamientos que apelmazan los suelos Se pueden multiplicar la creación de lagunas artificiales profundas.

El abandono de la rotación de los cultivos y la insistencia en el monocultivo de soja ha dañado la condición física de los suelos (de por sí con una capa poco espesa de humus) que se encuentran compactados, impermeables, con propensión a la producción de costras superficiales que dificultan la absorción del agua de lluvia. Preocupa entonces la reducción de materia orgánica, la fertilidad edáfica y el aumento de procesos erosivos ya que al alterarse el proceso hidrológico se genera un aumento del escurrimiento superficial. El agua así se acumula en terrenos bajos difíciles de escurrir formando charcos y pantanos. La clave es lograr un manejo adecuado del suelo, las llamadas buenas prácticas agrícolas.

Como también nos recuerda Roberto Casas y nos aconsejaba Ameghino, otra solución sería, tanto para la seca como para las épocas de lluvias “ la plantación de árboles a gran escala: dejan caer el agua de lluvia de un modo más suave, por medio de sus raíces vuelven el terreno más poroso, de modo que las aguas se infiltran con más facilidad, anulan la denudación de las aguas que corrían antes en la superficie sin ser absorbidas por el suelo, favorecen la formación de humus, cuyas propiedades higrométricas son bien conocidas, contrarrestan en parte los efectos desastrosos de las inundaciones impidiendo que se efectúen con demasiada rapidez, impiden el derrumbamiento de las barrancas de ríos y riachuelos regularizando su curso. La tala de los montes cambia las condiciones climatológicas.”

Como Don Florentino ya nos lo enseñara, mi homenaje y reconocimiento, y como él solicitaba: pido disculpas a los lectores, sólo me guía el deseo de ver fértiles, ricas y prósperas las tierras en las que me he criado.

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