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Los "ríos secos" también existen

  • "ríos secos" también existen
    Rambla de Valdelentisco, en Murcia.
  • Artículo coescrito con Mª Luisa Suárez Alonso, Catedrática de Ecología de la Universidad de Murcia.

Sobre el blog

María Rosario Vidal-Abarca Gutiérrez
Catedrática de Ecología de la Universidad de Murcia.

Publicado en:

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En todos los ámbitos terrestres podemos encontrar ríos que casi nunca llevan agua: son los ríos secos, especialmente abundantes en las regiones más áridas de la tierra, pero no exclusivos de ellas. Los ríos secos se encuentran en todos los ámbitos climáticos, desde los desiertos hasta las regiones polares, y desde las altas montañas hasta el borde del mar. De hecho, existen gran cantidad de vocablos para nombrarlos (balka en la estepa rusa, arroyo en el sur de EE. UU. y México, creek en Australia; oued o wadi en África, ramblas en España).

Pero ¿qué es un río seco? A efectos prácticos, podemos decir que son cauces que siempre van secos porque están desconectados de las aguas subterráneas y solo transportan agua cuando unas fuertes lluvias esporádicas generan una crecida y, por tanto, en ellos no viven organismos acuáticos. Es evidente que el hábitat natural de estos ríos es terrestre, por lo que su biodiversidad y funcionamiento es más parecido a lo que ocurre en la tierra que en el agua, pero paradójicamente se forman y dinamizan por la fuerza del agua de las avenidas, formando parte de la red fluvial de una cuenca hidrológica. Sin embargo, la ausencia permanente de agua es su principal “problema” porque tanto los gestores como la población, en general, los consideran ecosistemas inútiles y poco productivos, lo cual hace que estos ríos secos se encuentren entre los ecosistemas más maltratados del mundo.

Aunque la primera impresión es que los ríos secos carecen de vida, lo cierto es que albergan una rica y diversa comunidad de organismos: desde microorganismos hasta vertebrados, tanto vegetales como animales, pero evidentemente de origen terrestre. La vegetación que crece en ellos está especialmente adaptada a tolerar largos periodos de sequía, y su existencia puede ser vital para la fauna que albergan. Además, sus restos son el hábitat idóneo para los microrganismos descomponedores como los hongos. La fauna, tanto de invertebrados como de vertebrados también son de origen terrestre. Entre los invertebrados, son especialmente abundantes distintas especies de hormigas, arañas, colémbolos y coleópteros y entre los vertebrados, reptiles, aves y mamíferos que encuentran en este hábitat alimento, áreas de descanso y refugio, lugares de apareamiento para su reproducción y anidación y corredores para su dispersión y migración.

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Aunque la primera impresión es que los ríos secos carecen de vida, lo cierto es que albergan una rica y diversa comunidad de organismos

Dada las duras condiciones ambientales que soportan los ríos secos (alta insolación y temperatura, y ausencia de agua), cabría pensar que son muy pocos los beneficios (servicios ecosistémicos) que nos pueden proporcionar. Sin embargo, pueden regular el microclima de pequeñas zonas y la vegetación que crece en ellos controla la calidad del aire absorbiendo CO2, la erosión, y ayudan a la formación y fertilización del suelo. Ralentizan la rápida evacuación del agua de avenidas ayudando a la infiltración y acumulación del agua en los acuíferos. También proporcionan servicios materiales, como alimento para ellos o el ganado, plantas medicinales, agua y materiales para producir energía. Pero lo más interesante es su alta capacidad para proveer servicios no materiales, tanto subjetivos como psicológicos, capaces que sustentar la calidad de vida de las personas y el futuro de las poblaciones humanas. En los ríos secos es fácil desarrollar una gran variedad de actividades de ocio y recreo por su facilidad de acceso, son fuente de inspiración para escritores, poetas, pintores y otros artistas, transmiten sensaciones beneficiosas físicas y psicológicas por la serenidad y paz que producen y constituyen lugares especialmente apropiados para el conocimiento y disfrute del medio natural. De este modo, las poblaciones humanas que viven alrededor de ellos han desarrollado un conocimiento ecológico local propio para gestionar de forma sostenible los recursos que les proporciona. Este conocimiento puede ser, en un futuro no muy lejano, especialmente interesante como estrategia adaptativa ante el cambio global.

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