Aqualia
Connecting Waterpeople

Reflexiones sobre las carencias de la legislación acerca de los caudales ecológicos

4
441

Sobre el blog

Mariano Cebrián del Moral
Soy biólogo con más de 25 años de experiencia estudiando el medio acuático. Desde la consultoría, he trabajado en caudales ecológicos, evaluación del estado de las masas de agua, calidad de las aguas, planificación hidrológica, etc.
Minsait
· 441
4
  • Reflexiones carencias legislación acerca caudales ecológicos
  • Post coescrito junto a Pedro Pablo Loné Pérez.

En España se está aplicando una metodología muy compleja para el cálculo de caudales ecológicos desde aprobó la ORDEN ARM/2656/2008, de 10 de septiembre, por la que se aprueba la instrucción de planificación hidrológica, más conocida como la Instrucción de Planificación o IPH. Esa metodología fue un avance importante, en primer lugar, porque había un método compartido por todas las confederaciones hidrográficas para realizar el cálculo y en segundo, porque se tenían en cuenta criterios científicos actualizados para los cálculos.

Cuando comenzamos a ver los resultados de la aplicación en de estos cálculos en los planes del ciclo 2009-2015, nos dimos cuenta con alegría que se recuperó el rumor del agua en muchos ríos que antes estaban secos, pero todavía faltaba mucho para recuperar la funcionalidad fluvial. El rango tan amplio de caudales que permite la IPH, lleva a que si se elige el extremo inferior, sigamos con unos caudales que de ecológicos lo único que tienen es el nombre. En relación con esto, hemos escuchado a los doctores Antoni Palau y Diego García de Jalón, ambos grandes especialistas en este tema, aunque con ópticas muy diferentes, que caudales “ecológicos” que dejen en el río menos de un 50% de su caudal medio, no se puede decir que sean capaces de mantener un río parecido al natural. Estamos totalmente de acuerdo con ellos.

En cualquier caso, también hay que tener en cuenta la otra cara de la moneda, el agua es necesaria para el desarrollo. Sin el uso del agua, además en grandes cantidades, no dispondríamos del agua para beber, lavar, etc. Además de los usos domésticos hay que tener en cuenta que el agua se utiliza para el regadío, totalmente necesario para la producción de alimentos. También se resentiría el sistema eléctrico, ya que la hidroelectricidad sirve para cubrir las puntas de consumo y los posibles desplomes por averías, imprescindible para garantizar la funcionalidad de nuestra red eléctrica. En este punto hay que hacer una puntualización, la función de cubrir las puntas sólo tenemos que agradecérsela a la gran hidráulica, la mini-hidráulica suele ser una fuente de energía continua sin flexibilidad. Otra de las grandes ventajas es que es una energía renovable.

En resumen, en el tema de los caudales ecológicos o como queramos llamarlos, hay que buscar el compromiso entre el uso del agua y la protección de nuestros ríos. Pero el compromiso no debe hacerse únicamente en el caudal que lleven los ríos. Tenemos que pensar que determinados ríos merecen más su protección que otros, además hay ríos que ya están deteriorados de una forma casi irreversible y que además que el uso del agua proporciona grandes beneficios a la totalidad de la sociedad. Por tanto, deberíamos exigir caudales ecológicos muy elevados o incluso naturales en ciertos ríos, mientras que en otros debería primar el uso.

De una forma simple, se deberían hacer varios niveles, a continuación se presenta una propuesta con varios niveles que podrían agruparse o disgregarse:

Reserva Natural Fluvial del Alto Omaña

  • Reservas fluviales y reservas hídricas (esta última figura no existe, pero serviría para agrupar aquellos ríos que no sean reservas fluviales pero que por sus características merecerían este altísimo nivel de protección), en estos tramos habría que dejar los caudales naturales, aunque se podría hacer alguna salvedad con los usos tradicionales.
  • Tramos en Red Natura: en primer lugar, habría que revisar cuales son las especies o hábitats que han servido para su designación y en segundo lugar ajustar los caudales a sus requerimientos.
  • Zonas protegidas por motivos fluviales, aquí sí se podrían permitir usos del agua, pero los caudales ecológicos deberían ser verdaderamente ecológicos, los mínimos serían los naturales y se podría aprovechar parte de los caudales de la época de aguas altas, respetando siempre los caudales generadores.
  • Cabeceras sin protección ni usos actuales: máximo de lo que recomienda la IPH.
  • Resto de tramos en ríos naturales, en estos tramos habría que respetar unos caudales similares a los que actualmente se proponen, que permiten un mínimo de vida piscícola y el mantenimiento de la vegetación de ribera.
  • Otra cosa (o nada) en masas con aprovechamientos de alta prioridad, o con deterioros prácticamente irreversibles. En este caso estoy hablando de cadenas de embalses (excepto el último de la cadena), masas estratégicas por aprovechamientos con repercusión en la economía nacional, etc.

Cadena de embalses del Alto Tajo

Hasta ahora se ha trabajado casi exclusivamente con caudales mínimos, pero hay que prestar atención a los demás componentes de un régimen de caudales ecológicos, por ejemplo, los caudales generadores o de crecida. En algunos planes hidrológicos se ha fijado esta componente en determinados tramos regulados, pero hasta ahora no conozco ninguna confederación hidrográfica que esté cumpliendo este aspecto del Plan y dotándolos con la periodicidad propuesta. Sabemos que un problema es que no se conoce cuál es el efecto real de esas avenidas: ¿Se inundarán poblaciones o campos? Pues que se hagan los estudios oportunos. Otro problema es si será necesaria toda esa agua que se “desperdicia”, lo que se nos ocurre es que se introduzcan esas avenidas en los modelos de gestión (AQUATOOL) para optimizarlas. Además, el momento más oportuno para dar caudales generadores es cuando hay crecidas naturales, con lo la utilidad de las mismas se consigue con menos agua.

También queremos reflexionar sobre la conveniencia de incluir en la normativa, aquellas situaciones en las que se producen inversiones de los regímenes naturales, es decir, cuando corre más agua por el río en verano, teórica época seca, que en invierno. Eso tampoco está contemplado en nuestra legislación. En los ríos que ocurre esto, se alteran también los ciclos vitales de muchas especies acuáticas y de ribera, como el reproductivo interrumpiendo el desove, la incubación y la migración, lo que disminuye los tamaños de las poblaciones. Como consecuencia, la cadena alimentaria acuática se ve también modificada, lo que tiene efectos indirectos sobre el resto de los organismos. En la vegetación acuática y de ribera, también estas alteraciones son negativas, pudiendo dificultar la colonización de las especies, reducir las tasas de crecimiento o llevar a la invasión de especies exóticas con menos necesidades específicas para la germinación.

Al igual que se ha hecho para los caudales mínimos, habría que fijar cuales son los caudales máximos que se permiten en cada época del año, con la excepción de las avenidas naturales y teniendo en cuenta las categorías de río que hemos propuesto anteriormente. No hay que confundir este concepto con los caudales máximos que están fijados en la IPH, que limitan cual es el caudal máximo que puede desaguar una infraestructura durante su gestión ordinaria, es decir, que se limita la creación de crecidas inasumibles para un río sin tener en cuenta el periodo del año.

Los caudales ecológicos tienen además otras potenciales implicaciones que debieran ser discutidas, como su relación con los pasos de peces. Una presa o azud nunca debería tener un caudal ecológico inferior al necesario para la operación de su dispositivo de paso; por lo menos durante los momentos del año en que se produce la migración de los peces. Lógicamente, en estos casos no se podrían turbinar los caudales ecológicos o que pasaran por otro sitio que no fuera el dispositivo de paso.

Finalmente hay que insistir en que no sólo hay que establecer un régimen de caudales ecológicos adecuado, sino que habría que recoger en los planes hidrológicos el seguimiento adaptativo que ya se pide en la IPH. Deben de realizarse los correspondientes estudios de seguimiento para conocer si esos regímenes posibilitan unas comunidades naturales: ¿Son autóctonos los peces que hay tras la implantación de los caudales ecológicos? ¿Las poblaciones son estables? ¿Hay invasiones de macrófitos? ¿Hay una recuperación geomorfológica del cauce? Etc. Para que el seguimiento informe con claridad, además de “a posteriori” habría que intentar responder a esas preguntas antes de la implementación de los nuevos regímenes. El seguimiento es esencial, no sirve de nada definir algo que no se sabe si sirve para el fin buscado.

Comentarios