¿Quién anda ahí? Una reflexión sobre los métodos futuros para garantizar agua segura y sostenible

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  • La instauración de las publicaciones en abierto o “Open Source” está llevando el conocimiento científico a diferentes comunidades a lo largo del mundo. En un mundo cada vez más globalizado, compartir el conocimiento entre áreas geográficas y disciplinas científicas es crítico para conseguir un crecimiento equilibrado, responsable y sostenible. He decidido apoyar esta causa a la vez que comparto mi visión particular del tema que más me interesa: ¡el agua! En estas entradas, podréis encontrar algunas de mis reflexiones sobre publicaciones abiertas relacionadas con el tratamiento y consumo de agua en el planeta.

Sobre el blog

Marina Arnaldos Orts
Responsable Área Recursos Hídricos, Producción y Reutilización en Cetaqua, Grupo SUEZ. Desarrollo y Optimización de Procesos, Estrategias y Herramientas para el Tratamiento y Gestión de los Recursos Hídricos.

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La revista Water Research ha publicado una revisión bastante completa –¡e interesante!- sobre los métodos para investigar la variedad de la ecología microbiológica en sistemas de distribución de agua (el conjunto de tuberías que llevan el agua a tu casa). Este artículo explica tanto los métodos existentes para detectar contaminación microbiológica que puedan generar riesgos en el consumo, así como los que están actualmente en desarrollo para obtener una comprensión más profunda de estos riesgos. Es posible que abras el grifo en tu casa y no te preguntes cómo se consigue que el agua no te siente nunca mal (por cierto, si no te lo has preguntado antes…¡vives en una parte privilegiada del mundo!). Explicado de forma sencilla, los métodos actuales para comprobar que consumes el agua sin riesgo se basan en tomar muestras del sistema de distribución para luego comprobar qué bacterias crecen cuando se añaden sustratos “fácilmente degradables” (el equivalente a un donut de chocolate en el mundo microscópico). De esta forma, vemos si podrían crecer bacterias en el caso de que se dieran las condiciones óptimas para ello (barra libre de donuts).

Este grupo de métodos se llaman comúnmente “dependientes de cultivo” y tienen dos limitaciones intrínsecas. Por un lado, no mides directamente en el sistema de distribución, con lo que la muestra ha podido entrar en contacto con bacterias que no están en las tuberías, generando una falsa alarma. En segundo lugar, vamos a ser prácticos; las probabilidades de que las bacterias se encuentren una barra libre de “donuts” en el sistema de distribución son las mismas de que tu frigorífico se llene mágicamente de tu comida favorita cuando te apetezca. Es decir, que los tests de contaminación nos dan positivos para bacterias que, en ningún caso, crecerían en las condiciones que existen en el sistema de distribución. Las acciones que tomamos para defendernos de este riesgo ficticio tienen consecuencias importantes a nivel de costes económicos y medioambientales que –francamente- nos podríamos ahorrar. Aquí es donde entra la nueva generación de métodos para ayudarnos.

Los métodos actuales para comprobar que consumes el agua sin riesgo se basan en tomar muestras del sistema de distribución para luego comprobar qué bacterias crecen cuando se añaden sustratos “fácilmente degradables”

De forma muy resumida, los métodos que se están desarrollando actualmente son capaces de detectar los riesgos directamente en el sistema de distribución, y no necesitan forzar el crecimiento de bacterias, sino que se basan en la detección de material genético, de la expresión de ciertos genes, o de sustancias generadas por las bacterias (metabolitos). La detección de material genético nos hace saber si hay alguna bacteria presente en el sistema que pueda ser patogénica (mala, malísima). Desgraciadamente, el material genético es muy resistente y podríamos estar midiendo bacterias muertas cuyo material genético permanece intacto (¡otro falso positivo!). La solución a esto es detectar la expresión de ciertos genes que codifican moléculas patógenas (las últimas responsables de que nos pongamos malos); detectando la expresión de la molécula nos aseguramos de que “el bicho” está vivo. La limitación de este método es que no conocemos la totalidad de estos genes; hay millones de bacterias con multitud de genes diferentes y no podemos asegurar que estamos detectando lo que es importante. Así, el siguiente nivel de técnicas nos permite la detección de todas las moléculas generadas por las bacterias (las buenas, las malas y las “ni fu ni fa”); entre estas nos pondremos, pacientemente, a buscar las que son malas. Esto sería el equivalente a buscar en todas las mesas de tu oficina para descubrir quién te ha quitado tu bocadillo de jamón. Es el nivel de control más alto, y por supuesto el más intensivo desde el punto de vista analítico (piensa que estás buscando en todas las mesas, no sólo en aquellas de la gente de la que sospechas).

Aunque la implementación de estos métodos todavía necesitará tiempo, está claro que abren nuevas posibilidades en la forma en que entendemos el diseño y gestión de sistemas de distribución de agua. Los sistemas de distribución de agua del futuro serán igual de seguros que los actuales, pero mucho más sostenibles gracias a un conocimiento más profundo de lo que pasa a nivel microscópico. Esto nos enseña que las cosas más pequeñas son casi siempre las más importantes; en este caso, las bacterias.

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