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Saneamiento y potabilización for all: los retos moonshot del siglo XXI

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Sobre el blog

Marina Arnaldos Orts
Responsable Área Recursos Hídricos, Producción y Reutilización en Cetaqua, Grupo SUEZ. Desarrollo y Optimización de Procesos, Estrategias y Herramientas para el Tratamiento y Gestión de los Recursos Hídricos.
Almar Water Solutions
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PRESIDENT KENNEDY'S MOON-SHOT SPEECH

En 1962, John Fitzgerald Kennedy pronunció en la Universidad de Rice un discurso que le ganó la inmortalidad; el ahora mundialmente famoso Moonshot Speech. En este discurso, el entonces Presidente de los Estados Unidos lanzó el reto de poner un hombre en la luna antes de terminar la década. La arenga es francamente muy emocionante; os he puesto el vídeo para que podáis disfrutar del momento. Uno se puede imaginar que, en 1962, poner un hombre en la luna estaba entre la innovación más disruptiva y la ciencia ficción; era un reto casi sobrehumano. La convicción de Kennedy y su entusiasmo fueron contagiando a la audiencia, que finalmente irrumpió en un sonoro aplauso. Todos sabemos cómo acaba la historia: en 1969, el hombre llegó a la luna. El gran reto de la década de los 60 se había cumplido, y con él se cerraba una de las etapas más integradas en el imaginario colectivo de la Era Moderna: la carrera espacial.

Algo más tarde, en la década de los 90, 192 miembros de las Naciones Unidas y al menos 23 organizaciones acordaron en la Cumbre Mundial los Millenium Development Goals (abreviados MDG). El MDG número 7 (específicamente, el target 3) era conseguir reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso a agua potable y saneamiento básico para 2015. Las personas del sector del agua y algunas más sabemos cómo acaba la historia: cuando llegó 2015, el MGD7 no se había conseguido. En un intento renovado de conseguir los objetivos marcados, en septiembre de 2015 los líderes mundiales aprobaron la agenda de los Sustainable Development Goals (SDG), incluyendo con el SDG6 el objetivo de “mejorar el acceso y gestión sostenible del agua y saneamiento para todos” para 2030.

No hace falta decir que no hubo un gran alegato visionario acompañando al MDG7 (o al SDG6) ni naciones enteras siguiendo desde sus casas la evolución de la consecución de los objetivos marcados por las Naciones Unidas. Además, cuando lees los datos de la situación actual y piensas en las personas del mundo que todavía no tienen acceso a agua potable y al saneamiento, desde luego no parece que hayamos conseguido —ni de lejos— algo tan formidable como poner a Apolo 11 en la luna, o en general nada que sea meritorio del aplauso que recibió Kennedy en 1962. Pero yo estoy firmemente convencida que esto no es más que eso: apariencia, y os voy a tratar de explicar por qué digo esto.

En primer lugar, considero que tenemos razones para argumentar que el tratamiento de aguas y el saneamiento han cambiado el mundo bastante más que poner a un hombre en la luna. A principios del siglo XX, las acumulaciones de población en núcleos urbanos de diferentes partes del mundo empezaron a sufrir múltiples epidemias. En ese momento, el modelo de lo que se convertiría en las ciudades modernas, con todos los beneficios que han traído, se estaba tambaleando. La desinfección de las aguas suministradas y su tratamiento posterior constituyeron una verdadera revolución en este momento de la historia. Por ejemplo, en Estados Unidos el porcentaje de ocurrencia de fiebre tifoidea en 1900 era de 100 casos por cada 100 000 personas. En 1920, gracias al tratamiento de las aguas, la casuística de la enfermedad había descendido a 33,8 casos y así sucesivamente. En definitiva, la calidad de vida y el progreso del que disfrutamos hoy en día es posible gracias al tratamiento de agua y al saneamiento.

En segundo lugar, y admitiendo que la autocrítica es buena y sirve para espolearnos a mejorar, creo que merece la pena dedicar algo más de tiempo a lo que sí se ha conseguido. Desde 1990 hasta 2015, el acceso al saneamiento ha mejorado de forma muy notable en el mundo, y particularmente en los casos de Asia Occidental (50%), Norte de África (41%), el Este de Asia (36%) y Latino América (36%). En el terreno del acceso al agua en buenas condiciones de calidad también se ha avanzado significativamente, con especial incidencia en Asia Occidental (48%), Sur de Asia (44%) y el África Sub-Sahariana (43%). Todos estos datos proceden de las bases de datos de la Organización Mundial de la Salud y los podéis consultar en el link que dejo a continuación.

Es importante darse cuenta de que esto ha sido el resultado de mucho esfuerzo a nivel mundial de muchos profesionales, organizaciones no gubernamentales, administraciones, empresas, asociaciones, universidades, centros tecnológicos y un muy largo etcétera. Todas estas personas y entidades han contribuido al avance del sector del agua en los países desarrollados y a su posterior transferencia a los países en vías de desarrollo a través sus diferentes ámbitos de actuación y actividad. En este sentido, sabemos que sacar a personas en determinados países de situaciones de extrema vulnerabilidad es tan o más difícil que poner a esa misma persona en la luna.

Mirando al futuro, y en concreto a 2030, me gustaría señalar un punto en común que sí encuentro entre el SDG6 y el discurso de Kennedy. Lo más particular del reto del hombre en la luna es que en el momento en el que Kennedy lo lanzó, no sabía cómo eso se podría conseguir. Lo que en ese momento estaba haciendo es lo que posteriormente se ha bautizado como «pensamiento Moonshot», es decir, lanzar un reto imposible y ponerte a trabajar en ello con el ahínco y la convicción de que lo conseguirás, sea como sea. No era un pensamiento optimista; no dijo «espero que pongamos un hombre en la luna», sino que dijo «pondremos un hombre en la luna». El optimismo es pasivo, la visión es una llamada a la acción con todas sus consecuencias.

Tenemos delante de nosotros, como sociedad y, muy especialmente, como profesionales del sector del agua, el Moonshot definitivo; el que lo puede cambiar todo. Esto implica que tenemos que actuar, que nos tenemos que involucrar cada día más en conseguir el SDG6, cada uno en su ámbito y con sus capacidades y posibilidades. Y sobre todo, aunque no oigamos aplausos ni lo que finalmente consigamos salga en las películas, no tenemos que perder de vista lo revolucionario y la importancia de lo que juntos podemos construir.

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