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Tratamientis o la verdadera historia sobre los humedales artificiales

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Sobre el blog

Marina Arnaldos Orts
Responsable Área Recursos Hídricos, Producción y Reutilización en Cetaqua, Grupo SUEZ. Desarrollo y Optimización de Procesos, Estrategias y Herramientas para el Tratamiento y Gestión de los Recursos Hídricos.
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  • Tratamientis o verdadera historia humedales artificiales

Érase una vez, en una tierra cercana compuesta de multitud de pequeñas poblaciones, un ingeniero de tratamiento de aguas que pasaba sus días dedicado con total devoción a su profesión. Su especialidad eran las plantas de tratamiento de aguas residuales urbanas, invirtiendo días y noches en sus diseños y diagramas de proceso, que en consecuencia cada día eran más compactos, más eficientes y más robustos. Pero el ingeniero ansiaba crear algo diferente, un tratamiento nuevo que fuera más acorde con las pequeñas poblaciones que componían su región. Cada día, tras dimensionar un decantador primario -que era lo que hacía por las mañanas- salía a pasear a una zona de humedales que había cerca de su oficina. Lo cierto es que este humedal era uno de los pocos entornos naturales que había sobrevivido al crecimiento urbano, la agricultura intensiva y los polígonos industriales que se habían multiplicado en los últimos años. El ingeniero, que vivía sumido entre planos de reactores de fangos activados y piezométricos, encontraba un gran consuelo al caminar por una naturaleza acuática tan tranquila y tan diferente al resto de su entorno. Un buen día, mientras hacía su paseo mañanero, escuchó un cántico extrañamente evocador que le llamaba a una zona de vegetación del humedal por la que nunca antes había pasado. El ingeniero no era de los que se arriesgan a que se le descuadre un balance de masas así por las buenas, pero no pudo evitar perseguir el cántico que le impulsaba a dar un paso, y otro paso, y otro más, siempre hacia la zona desconocida del humedal. Allí conoció a Humedalis, una ninfa de humedal descendiente de las mismas Heleades; un ser de belleza perfecta pero a la misma vez desorganizadamente exuberante, de la manera que sólo la naturaleza en estado puro puede ser.

Imagen 1. Las mañanas del ingeniero, vistas desde la perspectiva del ingeniero.

La leyenda cuenta que del encuentro del ingeniero con Humedalis surgió un nuevo ser; mitad ingeniera de tratamiento de aguas, mitad ninfa de humedal, que el ingeniero bautizó cariñosamente con el nombre de Tratamientis. La pequeña Tratamientis tenía toda la apariencia semi-reptiliana de una ninfa, por lo que el ingeniero y Humedalis decidieron que se criase en el humedal con el resto de ninfas y seres mitológicos. Como las ninfas Heleades son seres bastante esquivos e independientes, además de ocupar bastante de su tiempo en hechizar a viajeros despistados, el ingeniero asumió la educación formal de la pequeña Tratamientis. Nuestra ninfa pasó su infancia entre la compañía de sus hermanas ninfas y las visitas asiduas de su padre; era una estampa frecuente verlos caminar, cogidos de la mano, dando largos paseos por el humedal. Los días se convirtieron en meses y los meses en años, y Tratamientis llegó a la adolescencia, época en la que las ninfas empiezan a desarrollar los talentos que la madre naturaleza les concede al nacer. Irremediablemente, la diferencia entre nuestra ninfa y sus hermanas del humedal se hizo patente:

- Hija, te noto triste últimamente; ¿qué te ocurre? –preguntó el ingeniero una mañana

- Padre, siento que no encajo con las otras ninfas. No sé cantar ni recitar poesía, y cuando les enseño las ecuaciones que sé resolver se ríen de mí y me dicen que eso no sirve para nada –dijo nuestra protagonista, bajando la mirada al suelo.

- Pero hija, si tu talento para resolver ecuaciones semi-empíricas es formidable, no debes dejarte arrastrar por lo que piensen unas cuantas ninfas cantamañanas- dijo el ingeniero con sorna e indignación por el ataque gratuito a su hija.

- Ya, pero ellas ya hechizan a viajeros y yo no puedo aplicar mis ecuaciones para nada. Padre, ¿por qué no me llevas a tu mundo para que pueda diseñar procesos como tú? –Tratamientis llevaba varios meses queriendo plantear esto a su padre, y contuvo la respiración esperando su respuesta.

- Hija, es mi mayor deseo compartir contigo todos los minutos que tengo de esta vida, y desde luego serías una gran ingeniera de tratamiento de aguas, pero tu apariencia es muy diferente a la de los humanos y yo jamás te expondría al peligro que esto implica en mi mundo. No puede ser- El ingeniero contempló con infinita pena la reacción de su pequeña ninfa al pronunciar estas palabras.

Imagen 2. Extracto del diario de Tratamientis, donde explica su problema con las ninfas del humedal de manera gráfica y sintetizada.

Tras esta conversación, todo fue sensiblemente a peor. Las ninfas del entorno de Tratamientis siguieron desarrollando sus talentos y cumpliendo sus propósitos y mientras, ella se sentía continuamente fuera de lugar. Era una ingeniera con cuerpo de ninfa, sin poder ser ni la una ni la otra. Lo que Tratamientis más ansiaba era sentir que era útil para alguien, que su existencia tenía un sentido y que no era simplemente un tornillo de sobra en un rack de membranas ya montado y perfectamente funcional. Su padre asistía a esta crisis vital de su hija con total impotencia, y sólo deseaba que este sufrimiento acabara.

Una mañana, Tratamientis se levantó con una sensación extraña, y recordó que había soñado que una multitud de gente la miraba desde arriba, contenta por su presencia y agradecida por sus fantásticos resultados. También veía que su padre la miraba desde una posición elevada, henchido de orgullo y de satisfacción por los logros de su hija. El recuerdo del sueño encendió el deseo en Tratamientis de una manera que no había sentido hasta entonces; quiso con todo su ser poder hacer realidad este sueño. Y fue entonces cuando la madre naturaleza decidió escuchar la llamada de su particular ninfa y hacerle un favor parecido al que ya hizo a Dafne en su día. De repente, Tratamientis comenzó a transformarse, a alargarse y expandirse, a crecer plantas en su espalda, mientras que sus brazos y piernas se convertían en tuberías. Nuestra ninfa se hizo consciente rápidamente de lo que pasaba, y se tendió en el terreno que había al lado de su humedal natal. Se había convertido en el primer humedal artificial, un sistema de tratamiento de aguas que combina la belleza de la naturaleza con el rendimiento óptimo de los procesos de ingeniería. Tratamientis sintió las raíces de sus plantas hacer reacciones de fotosíntesis que producían oxígeno, que a su vez servían de aceptor de electrones a las bacterias heterótrofas que vivían en la grava que las sostenía. Tenía perfecto control de sus tuberías de influente, distribución y reparto, que iba regulando para asegurar una buena distribución de flujo y un tiempo de residencia adecuado para la eliminación de contaminantes. Pronto, los habitantes de la zona se percataron del bonito humedal que había surgido al lado del original y se acercaron a sus orillas. También diferentes anfibios, aves y mamíferos acudieron al entorno agradable y guarecido que les ofrecía este nuevo sistema. El último en llegar fue el ingeniero, que venía a dar su paseo matutino con Tratamientis. Instantáneamente, el ingeniero supo la verdad. Se acercó poco a poco a la orilla, y poniéndose de rodillas, pasó la mano por el agua. El roce de su mano con el agua creó un sonido que el ingeniero hacía meses que no escuchaba; la risa de su hija. El ingeniero derramó una lágrima y saludó a su hija desde arriba, orgulloso de la mejor de sus obras. El destino se había cumplido por fin para ambos padre e hija.

Imagen 3. Las dos transformaciones más importantes de la historia de las ninfas: Dafne en árbol y Tratamientis en humedal artificial.

Disclaimer: esta es la verdadera historia de cómo se inventaron los humedales artificiales. Encontraréis otras formas de contarla, pero os aseguro que en lo importante se asemejarán bastante. En este sentido, preservada la esencia fundamental de las cosas, ya es cuestión de cada uno elegir cómo recordarlas, cuestión en la que ni este artículo (ni nadie en el mundo) debería intentar interferir.

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