¡El agua de mi piscina está salada!

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  • ¡ agua mi piscina está salada!

Llegó el día de la inauguración del nuevo centro deportivo del barrio y allí estábamos todos, cual Carmen Lomana de vacaciones en Marbella, con la pamela y las gafas de sol, la crema, el libro y la toalla. Solo que en vez de estar en Andalucía estábamos en pleno centro de Madrid.

Era un día cualquiera de julio, de atmosfera irrespirable y desorbitadas temperaturas. Sin embargo aquella cola, por larga que pareciera, nos ofrecía la posibilidad de refrescarnos de vez en cuando en la nueva piscina de la azotea y tumbarnos después a la sombra de una sombrilla cualquiera.

Lo estrenábamos todo y aunque siempre hay algún rancio que se empeña en poner pegas, las instalaciones estaban impecables. Así que, me acomodé en mi tumbona y respiré profundamente aquel aire a sabiendas corrompido, que me supo a delicatesen teniendo en cuenta la mañana larga y difícil que había tenido en el curro.

Hoy, que me parece que moriré congelada en cuanto pise la calle, refrescar las sensaciones del verano me ayuda a dejar de tiritar. Y es que aún recuerdo aquellos ratos de profunda felicidad, tan efímera como la simplicidad del momento en sí mismo. Pequeñas dosis que me incitaban a regresar cada tarde a la nueva piscina del barrio, en busca de la misma sensación.

Me dejaba caer en la tumbona y me evaporaba como el cloro de la piscina, rumbo a un escenario distinto cada día (Málaga, Vigo, Alicante, Cádiz); transformando mi percepción sobre el tiempo y la temperatura de Madrid en pleno mes de julio, en algo tan delicioso, que cambió por completo mis días de jornada de verano trabajando, mientras la mayoría disfrutaba de las vacaciones.

Pero aquella piscina escondida entre rascacielos como si de un oasis en medio del desierto se tratara, guardaba un pequeño secreto. Algo que para muchos era absolutamente novedoso y que a mí me lanzó a la gloria de la popularidad en el barrio, dejando atrás diez años de invisibilidad. ¡Menudo golpe de suerte!

Sí. Todo el mundo lo notaba al meterse en el agua. Se hablaba en grupos dentro de la piscina, en los corrillos de las tumbonas. Se comentaba más tarde en las duchas. Y es que era un poco raro, ¿no?

¡El agua estaba salada! como las lágrimas…

Y yo sabía por qué.

La cloración Salina. ¿Qué es y en qué consiste?

La cloración salina es uno de los muchos sistemas que existen para desinfectar el agua de las piscinas. Se trata de conseguir la formación de cloro in situ, en lugar de añadirlo en forma líquida o en pastillas.

Para conseguirlo, se añade sal (NaCl) al agua de la piscina hasta una concentración de entre 3000 y 5000 ppm (3-5g/L) y posteriormente se somete esta agua salada a un proceso de electrolisis salina.

¡Por eso el agua sabía a lágrimas¡ La concentración de sal es menor que la de una lágrima humana y por supuesto menor que la del agua del mar (38.000 ppm). Esta es una de las razones por la que no es irritante para los ojos.

Pues bien, una vez que tenemos la sal disuelta en el agua, ésta se pasa por un clorador salino que genera una corriente continua entre dos electrodos para producir la electrolisis del agua salada. En este proceso se obtiene sosa cáustica en el agua (NaOH) y Cloro (Cl2) en forma de gas que se disuelve en el agua. Si el pH está dentro del rango (7.4-7.6), el Cloro en forma de gas se recombinará con el agua para formar ácido hipocloroso que es en definitiva el agente desinfectante para la piscina y exactamente el mismo producto que se obtiene añadiendo cualquier otra forma de Cloro.

Ventajas e inconvenientes de la Cloración salina

El sistema trabaja en un ciclo cerrado reciclando todos los elementos que utiliza. No tiene consumo teórico de sal, puesto que tras la electrolisis y desinfección del agua se forma de nuevo sal disuelta como al principio, y el agua es reciclada a través del sistema de depuración en circuito cerrado.

No se generan productos tóxicos derivados de la desinfección (BDPs), de los que ya hablé en un post anterior (Riesgos de los subproductos de la desinfección en las piscinas cubiertas), desapareciendo los problemas asociados a estos compuestos; y aunque la instalación es costosa debido al precio de las células electrolíticas y los materiales a utilizar (deben ser resistentes a la corrosión por la sal), una vez instalado el mantenimiento relativamente económico.

En cuanto a los inconvenientes propios del sistema, aunque no tengo claro que los tenga, sí de buscarlos se trata puedo señalar algunos como: que no es un método adecuado para piscinas de más de 250 m3 o que sigue siendo necesario hacer supercloraciones periódicas. Igualmente, el mantenimiento de los electrodos, es el factor más crítico para garantizar los niveles de cloro de la piscina.

En España

Sea cual sea el sistema que utilicemos para desinfectar el agua de nuestra piscina, esta debe cumplir con los parámetros de control y la frecuencia de muestreo que establece el RD 742/2013, de 27 de septiembre por el que se establecen los criterios técnico-sanitarios de las piscinas; el cual reconozcámoslo, no es demasiado exigente.

Sin embargo, aunque el real decreto únicamente obliga a filtrar y desinfectar, son múltiples los tipos de tratamientos notificados por piscinas de uso público en SILOÉ (Sistema de Información sobre Piscinas), a lo largo del año 2016 en España y la realidad es que solo el 5% de las instalaciones de uso público, notificaron la electrolisis salina como método de desinfección de sus instalaciones.

A mi me gusta que en la piscina de mi barrio se desinfecte por cloración salina y más sabiendo que el tinte del pelo y el bañador se me estropearán menos.

Dicen los fabricantes que además favorece el bronceado debido al contenido en yodo de la sal, así que hoy cuando me ponga el bañador, me observaré con detenimiento en busca de la huella del sol en mi cuerpo. Si no estuviera, tendré que conformarme con rememorar de vez en cuando aquellos pequeños pellizcos de felicidad y desear que llegue pronto el mes de julio.

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