Hablando de la fluoración del agua de consumo. Mucho más que besos con flúor

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Aunque ya en siglo IV A.C. los egipcios utilizaban un engrudo a base de sal, pimienta, hojas de menta, flores, piedra pómez, uñas de buey, cáscara de huevo y mirra para su higiene dental, no fue hasta 1852 cuando se inventó la primera pasta de dientes tal y como la conocemos hoy en día.

La publicidad de la época nos cuenta cosas muy curiosas a través los carteles, que nos descubren por ejemplo una pasta de dientes llamada Muy cerca cuyo eslogan decía “para estar muy cerca y sonreír muy cerca” o Colgate, que profería lo siguiente “perfume su aliento mientras protege sus dientes”.

Pues bien, aun a riesgo de que suene romanticón o incluso libidinoso, a mi parecer aquella publicidad más que a la higiene bucal apuntaba a otros lares infinitamente más apetecibles, que animaban a besarse mucho más y mejor. Y sino que se lo pregunten a cualquiera de las acarameladas parejas que aparecían en los carteles publicitarios de la época fantaseando con besos deliciosos y refrescantes; lo que por otro lado me parece maravilloso.

Con tales alicientes, no me extraña que fuera por aquel entonces cuando la carrera de la higiene bucal tomó ritmo y también velocidad hacia una meta clara: la erradicación de la caries dental, convirtiéndose este en un asunto de estado. Así pues en 1945 Estados Unidos decide fluorar artificialmente el agua de consumo, como consecuencia de una investigación, la de “las 21 ciudades”, que demostraba la relación beneficiosa existente entre la fluoración, esmalte moteado y caries dentales.

A partir de ese momento otros muchos países adoptaron esta práctica, aunque actualmente solo 8 naciones del mundo tienen más de un 50% del agua potable artificialmente fluorada (Australia, Colombia, Irlanda, Israel, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur y Estados Unidos).

Por si ya te lo estás preguntando, te diré que en Europa solo hay tres países que agregan fluoruro en sus redes de suministro y son: Irlanda, Reino Unido y en menor medida España.

Pero volvamos de nuevo a los felices años 80. Aún recuerdo aquellos cierres de programación en los que el monstruo “Casimiro” nos mandaba a la cama desde su castillo a ritmo de rock, mientras recitaba aquello de:

¿Qué ven mis ojos? ¿Chicos, pequeñuelos, personas diminutas y todavía levantados?

Voy a cantarles una hermosa canción de cuna para que se vayan a dormir.

Escuchen atentamente mi voz melodiosa.

Fuera calcetines, me pongo el pijama, me cuelgo la ropa, preparo la cama.

Los duendes, las hadas, se lavan los dientes con mucha pastita y agua corriente.

Chiquitos, infantes, chavales pequeños, se apagan las luces, se encienden los sueños.

Si no se acuestan se la canto de nuevo.

¡Grande Casimiro! que nos convencía para que nos laváramos los dientes y además con agua del grifo. ¿Sabría lo de la fluoración?

Hoy en día aunque no sea tan divertido, todos los peques de la casa saben no solo que hay que lavarse los dientes, sino que la pasta contiene flúor. Y creo que también ha quedado claro para los mayores, que usando dentífrico además de evitar las caries besaremos más y mejor. Pero ¿sabe la gente que al agua de consumo se le añaden fluoruros?

Qué es la fluoración y por qué se añade flúor al agua de consumo

Apunta la RAE que Fluoración “es la acción y efecto de fluorar” y Fluorar es “añadir pequeñas cantidades de fluoruros al agua potable o a productos dentífricos como protección contra la caries dental”.

Puesto que hablar de agua es hablar del RD 140/2003, veamos que dice el 140 acerca de la fluoración.

Lo primero que hace el Real Decreto es establecer los criterios sanitarios que debe cumplir el agua que sale de nuestros grifos, con el fin de proteger la salud de las personas de los efectos adversos derivados de cualquier tipo de contaminación de las aguas. Pero hablar, lo que se dice hablar de la fluoración, no habla nada. El 140 se limita establecer un límite máximo permitido para el fluoruro en el agua de consumo de 1,5 mg/L, que por cierto, coincide con la recomendación para este parámetro de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además el Anexo II, actualmente derogado por la Orden SSI 304/2013, propone casi 100 sustancias de uso permitido en el tratamiento del agua de consumo humano, entre las que se encuentran el ácido hexafluorosilícico, el fluoruro de sodio o el hexafluorosilicato de sodio, de las que cabe destacar, que son las únicas sustancias de la lista que se pueden usar para este fin: “uso exclusivo para la fluoración del agua de consumo humano”. Lo que traducido significa que la legislación española permite añadir flúor al agua de consumo humano para proteger contra la caries dental, siempre y cuando utilicemos uno de esos tres compuestos. Por lo tanto la fluoración del agua de consumo humano en España es una práctica perfectamente legal aunque sea controvertida.

Marco legal en España

Puesto que el RD 140 no profundiza en el tema de la fluoración y la Unión Europea tampoco se moja, en España ocho Comunidades Autónomas, de nuevo en los años 80, decidieron legislar en relación con el flúor y el agua de consumo. Dejaremos aparte a Canarias, puesto que su caso difiere del resto, dado que Canarias necesitó legislar para para evitar el exceso de fuor que se produce como consecuencia de la geología volcánica de su terreno, no para regular la adición.

De las siete restantes, tienen decretos de fluoración en vigor y además fluoran: el País Vasco y Murcia. Tienen decretos pero en vigor pero no los aplican: Cantabria, Castilla la Mancha y Extremadura y las otras dos, Galicia y Andalucía, han derogado recientemente sus respectivos decretos.

El último Informe de Calidad del agua de Consumo Humano publicado por el Ministerio de Sanidad Servicios Sociales e Igualdad, informa de que en el año 2015 el 79,2% de la población censada tuvo siempre agua de consumo humano conforme con el valor paramétrico que exige el RD140 para el fluoruro. Además, no se superó en ninguna ocasión el valor de alarma para este parámetro (15 mg/L), aunque si se superó 161 veces el valor paramétrico.

El por qué del debate en torno a la fluoración del agua de consumo

La polémica en torno a la fluoración, surge por muchas razones pero fundamentalmente las éticas. Puesto que el fluoruro es un compuesto químico utilizado con fines médicos, se entiende que a través del agua se está medicando a la población. Esto significa que debería existir un “consentimiento informado” que por supuesto no existe. Es por lo tanto el derecho a decidir y de autodeterminación la razón principal por la que la mayor parte de Europa Occidental ha legislado en contra de la fluoración.

La segunda razón no menos importante, es la imposibilidad de controlar la dosis que ingiere cada individuo, así como la falta de monitorización de la exposición o los efectos colaterales.

El flúor es para todos, sin importar la edad, el estado de salud, la ingestión por otras fuentes o la vulnerabilidad individual o de grupo (bebes, niños, personas enfermas, etc.), lo que hace imposible el control de la dosificación.

Aunque hasta la fecha los organismos que la regulan defienden la fluoración del agua como una intervención ventajosa para prevenir la caries, se han obviado voluntariamente todas estas cuestiones y otras no menos importantes como el derecho de protección frente a los riesgos reales (fluorosis) o potenciales derivados de la exposición prolongada (neurotoxicidad, carcinogénesis, etc.), el gasto que supone la fluoración de toda el agua de abastecimiento independientemente de que se use para beber o no, además de otras razones medioambientales.

En la actualidad, la ausencia de evidencias científicas que avalen dichas ventajas, así como existencia de alternativas más razonables y de mayor eficacia en la prevención de las caries (flúor aplicado por vía tópica), pone en cuestión esta práctica.

En cualquier caso, en las zonas en las que se continúa fluorando el agua de consumo (País Vasco y Murcia), se debe informar al ciudadano acerca de dicha práctica, sus riesgos, sus ventajas si las hubiera, y demás circunstancias. No sería justo no decir, que tanto el Departamento de Salud del Gobierno Vasco como la Consejería de Salud de la Región de Murcia, ofrecen cierta información a los ciudadanos acerca de sus tratamientos. Otra cuestión (en la que no voy a incidir), es que esta información sea suficiente o acertada.

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