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COP28: La credibilidad de las Cumbres Climáticas está en juego

Sobre el blog

Marta Santafé
Consultora especialista en Medio Ambiente, Sector del Agua y Planificación Hidrológica | Directiva Marco del Agua (DMA) | Gestión de sequías e inundaciones | Promotora ODS y Agenda 2030 | LinkedIn Top Voice Sostenibilidad 2022
  • COP28: credibilidad Cumbres Climáticas está juego

Nos encontramos en medio de una crisis climática sin precedentes. En los últimos años la comunidad científica, la ONU y numerosas agencias internacionales viene advirtiendo de la creciente gravedad de los impactos del cambio climático y la necesidad de actuar de forma más decisiva en esta década contra sus causas y consecuencias, sobre todo desde los países ricos e industrializados que más han provocado esta situación.

Informe tras informe se está evidenciando una aceleración de los cambios, la humanidad se adentra en un futuro muy incierto y desconcertante, un verdadero “código rojo” en el que cada minuto que pasa es tiempo perdido para afrontar este gran desafío.

En este contexto en el que se requiere de acciones urgentes nos encontramos con las Cumbres Climáticas, las popularmente conocidas como COP. La Conferencia de las Partes es la Cumbre Anual que realiza la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), reúne a 196 países más la Unión Europea, quienes conforman “las Partes”. Estas Conferencias llevan celebrándose casi treinta años, reuniendo a representantes de los países y a diferentes actores (empresas, academia, grupos medioambientalistas de diferente perfil, ONGs y grupos diversos donde más recientemente se ha dado voz de manera más específica a las mujeres, los jóvenes, representantes indígenas y la sociedad civil), con el objetivo de dinamizar el diálogo climático y conseguir acuerdos internacionales.

El hito más importante y al que se hace referencia cuando hablamos de cambio climático es el acuerdo alcanzado en la COP21: el conocido popularmente como “el Acuerdo de París”. Un pacto que logró el compromiso de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales y activar medidas de adaptación.

La última Cumbre celebrada en Egipto, la COP27, avanzó en algunos aspectos, pero sin la ambición y aceleración que requiere la emergencia que vivimos.

Acordó erradicar las promesas climáticas que no tuvieran un plan de reducciones de emisiones de CO2 o indicadores que permitan la medición de sus resultados, aumentar inmediatamente la financiación (sobre todo la dirigida a adaptación) o la apuesta por las energías renovables.

Un aspecto que me gustaría destacar como muy positivo de la COP27 fue que el agua tuvo un papel protagonista

Es indudable que la crisis climática es una crisis del agua, y, por ello, deben abordarse de manera conjunta. En la COP27 el Agua tuvo un día propio y contó con un pabellón temático.

La presidencia de la COP27 presentó la iniciativa AWARe, que contemplaba reunir a todas las organizaciones internacionales para aplicar con financiación las soluciones que aportaron. Se presentó como un plan de acción conjunto centrado en el agua.

La iniciativa tenía tres objetivos:

  • Disminuir las pérdidas de agua y mejorar los suministros.
  • Proponer y apoyar políticas acordadas de implementación y métodos de cooperación relacionados con la acción para la adaptación del agua y sus beneficios.
  • Promover la cooperación y las relaciones entre agua y acción climática para alcanzar la Agenda 20230 y en particular el ODS6.

Los expertos en cambio climático y agua alertaron sobre lo que está representando ya en el presente la falta de agua y lo que supondrá en el futuro próximo debido al aumento de las temperaturas.

Hicieron, entre otros, estos llamamientos:

  • A actuar cuanto antes para adaptarnos a un mundo que presenta crecientes dificultades de acceso al agua y para evitar los peores efectos del calentamiento global.
  • A una rápida actuación en adaptación, para prever cuanto antes los efectos severos que se contemplan.

Dentro de unos días, concretamente el próximo 30 de noviembre, arrancará la Cumbre número 28. Entre el 30 de noviembre y el 12 de diciembre de 2023, el centro de congresos Expo City Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos (EAU), acogerá a más de 70.000 personas en la COP28. Una conferencia convocada bajo el lema “Unir. Actuar. Cumplir”, para avanzar en la descarbonización, impulsar las energías verdes y conseguir más cooperación y financiación para un futuro más verde y próspero. Pretende ser un hito en los avances de la agenda climática global.

Hasta aquí todo parece que tiene buenos propósitos, pero si nos vamos un poco más al fondo del asunto y nos hacemos preguntas incómodas podemos ver un lado oscuro de las Cumbres del Clima del que no se suele hablar pero que hoy, ante este momento crítico en el que nos encontramos, es necesario hacerle frente.

Más allá de la polémica por la desafortunada elección de Emiratos Árabes Unidos como sede de las negociaciones de la COP28, uno de los países del mundo con más emisiones per cápita y que cuenta con un pésimo historial de derechos humanos fundamentales (Amnistía Internacional), hay otros motivos por lo que la COP28 está siendo fuertemente cuestionada.

Hay que saber que esta elección se determina según un turno rotatorio por bloques de países, y esta vez le ha tocado el turno a EAU. Lo más clamoroso es la ausencia de normativa que establezca incompatibilidades para la sede y la presidencia.

La elección de la sede no es la primera vez que genera polémica ya que no es nuevo elegir para ser sede a un país con intereses fósiles y con gobiernos fuertemente vinculados con grandes empresas transnacionales. El país que más cumbres ha alojado, hasta la fecha, es Polonia, que protege a la industria del carbón y ha bloqueado importantes decisiones climáticas a nivel europeo.

Pero en esta ocasión, el tema más controvertido ha sido el nombramiento del Sultán Al-Jaber, Ministro de Industria y Tecnología de los EAU y director ejecutivo de la compañía petrolera emiratí.

Un nombramiento al que se han opuesto más de 450 organizaciones que han lanzado un llamamiento a los gobiernos del mundo para exigir que las negociaciones estén al servicio de las personas y los ecosistemas y no de intereses corporativos más que cuestionables e incompatibles con los objetivos de la COP.

Este nombramiento ya nos hace cuestionar la credibilidad de esta Cumbre antes de que empiece a andar. Para las organizaciones firmantes, ninguna COP supervisada por el ejecutivo de una compañía de combustibles fósiles debe considerarse legítima. Las presidencias de las COP deben estar libres de toda influencia de las petroleras, toda una utopía si repasamos el historial de su presencia en cumbres pasadas.

El caso es que con polémica o sin ella, el día 30 arrancará la COP28 y cada vez son más las voces críticas que cuestionan este tipo de eventos porque, si bien las Cumbres Climáticas son el foro internacional de más alto nivel para debatir y tomar soluciones de mitigación y adaptación para hacer frente a la crisis del calentamiento global, parece que urge replantearse la forma en la que se celebran.

En los últimos años, las Cumbres han derivado en una especie de feria de congresos dejando una sensación de que predomina el escaparate y “postureo” de países y empresas patrocinadoras en sus pabellones temáticos y que el contenido técnico (la esencia de las Cumbres) queda diluido por el “ruido” que se monta alrededor. Todo el mundo quiere estar en la COP y “hacerse la foto” pero poco trasciende de la parte técnica.

Bajo mi punto de vista la pérdida de credibilidad de estas Cumbres es la presencia de empresas, cada vez más numerosa, muchas de las cuales son responsables de que este evento se celebre gracias a su patrocinio. Estas cumbres climáticas se están convirtiendo cada vez más en ferias comerciales, donde las empresas están para defender sus propios intereses o vender sus bondades de compromisos por el clima a través de prácticas poco éticas de “greenwashing”.

Básicamente, es un evento que están usando, sobre todo, organizaciones de carácter empresarial. En esto han contribuido especialmente los medios de comunicación, con honrosas excepciones, que se centran en informar del “espectáculo” que acompaña a estos eventos, de hacerse eco de las declaraciones de los líderes políticos (normalmente del norte global, los países ricos y que más contribuyen a las emisiones de CO2) en lugar de centrarse en los aspectos técnicos que se discuten “entre bambalinas”.

Con este panorama, si queremos estar a la altura del reto que se nos plantea como humanidad, es necesario y urgente un cambio de rumbo para que las COPs se centren en lo importante: limitar el aumento de temperaturas, medidas de mitigación y adaptación radicales y todo ello a través de una transición energética justa que acompañe y ayude a los países más vulnerables.

Tras casi 28 conferencias anuales de este tipo, se han llevado a cabo extensos análisis, diálogos y negociaciones para buscar la supervivencia del planeta y obviamente la nuestra propia. Hablamos de 28 años de COPs, pero es mucho más que eso, porque prácticamente estas discusiones globales arrancaron hace más de 50 años cuando en 1972, se efectuó la Primera Cumbre de la Tierra en Estocolmo y, ya desde entonces, se empezaban a hacer cálculos y simulaciones acerca del impacto de la economía lineal, extractiva y focalizada con un crecimiento sin límites. Desde esas fechas los resultados no pintaban muy bien.

Sin embargo, después de 50 años de tantísimas reuniones y extensas discusiones, pareciera que el objetivo de mantener la temperatura del planeta en un nivel sano que permita el bienestar y equilibrio de las especies y los ecosistemas está cada vez más lejano.

La COP21 de París supuso un hito en el progreso de las negociaciones y resultados. Pareció que los países se habían unido con el convencimiento firme de luchar contra el calentamiento global. Ese momento histórico trascendió y caló en la sociedad que se hizo consciente del problema y las COPs se popularizaron gracias a los medios de comunicación. Parecía que íbamos por el buen camino y que la maquinaria de la acción frente al clima se había puesto en marcha.

Sin embargo, en algún momento, este “espíritu de París” perdió fuelle y estos eventos se han ido transformando en espacios corporativos, comerciales y hasta en tristes oportunidades turísticas.

Soy consciente que no se debe generalizar, que detrás de este “escaparate” hay muchas personas, profesionales altamente capacitados y comprometidos, que trabajan durante los meses previos duramente y que van a estas reuniones con una legítima preocupación por el futuro ambiental de nuestro planeta y que llegan a estos encuentros repletos de buenas intenciones y propuestas; pero lo cierto es que se ha abierto la puerta a otro tipo de intereses que están muy lejos de las verdaderas prioridades climáticas.

La crisis climática es el reto más importante que tenemos como humanidad por lo que debemos poner el foco en buscar soluciones entre todas las partes interesadas, desde el más alto nivel, hasta nuestro círculo más pequeño desde donde podamos hacer cambios. Nadie sobra aquí, lo que sobra es el “ruido” de fondo que no nos deja ver lo importante.

Creo que ha llegado el momento de hacerse la siguiente pregunta: ¿no son suficientes 50 años de estar haciendo lo mismo y esperar resultados distintos?

La fórmula de las Cumbres Climáticas no funciona. Ya identificamos el problema hace tiempo, no necesitamos más informes del IPPC que nos recalculen los escenarios una y otra vez, y que nos digan que cada vez el reto es más complicado, que hay que hacer cambios estructurales y que cada día que pasa es más difícil revertir el problema.

Hay que escuchar a la ciencia de una vez, ya hemos identificado el problema y sabemos lo que tenemos que hacer para resolverlo. El problema es que seguimos sin hacerlo. ¿Vamos a seguir repitiendo lo mismo, este 2023, en Dubái?

¿Qué pasaría si renunciamos al "business as usual" de las COP's y hacemos las cosas diferentes?

La cumbre de Dubái supone un hito importante porque en la COP28, se cerrará el proceso de reflexión, el llamado “Global Stocktake” (Inventario Global del Acuerdo de París ó GST), sobre la acción climática desde el Acuerdo de París en 2015, de cara a los compromisos para los próximos 5-10 años. Será un momento clave para evaluar el progreso colectivo en el marco del Acuerdo de París y abordar las oportunidades para mejorar la acción y el apoyo internacional. Su objetivo es responder a tres preguntas vitales: ¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde queremos ir? Y, lo que es más importante, ¿cómo llegar hasta allí?

De forma colectiva e individual, es imprescindible que este proceso reconozca los retrasos y fracasos de la acción climática hasta la fecha, y la necesidad y oportunidad de actuar con mucha más rapidez y eficacia en todos los frentes en los próximos años, para frenar el avance del cambio climático y maximizar la resiliencia frente a sus impactos.

Esto pasa por comprometerse sin titubeos a acelerar, sobre todo en los países industrializados, el abandono rápido y progresivo de los combustibles fósiles, cuya quema es la principal causa de la crisis climática, que amenaza con cada vez más crudeza la vida humana y los ecosistemas, hábitats y especies que necesitamos para sobrevivir.

Espero que la COP28 no sea una cumbre más y que los resultados de las negociaciones estén a la altura del reto más grande al que nos enfrentamos como humanidad. No podemos dar pasos atrás. Es una oportunidad para tomar el rumbo correcto y acelerar la acción.

En particular, para esta COP se ha planteado la necesidad de acordar el objetivo mundial de triplicar la capacidad de las energías renovables instaladas para 2030. Las Partes deben comprometerse con este objetivo y con su contribución individual al esfuerzo colectivo, y a instalar las energías renovables de forma respetuosa con la biodiversidad y las comunidades locales.

A su vez, esta COP debe confirmar el compromiso de todas las Partes por la conservación y restauración de la biodiversidad, imprescindible para:

  • Absorber el exceso de CO₂ de la atmosfera.
  • Garantizar la seguridad de suministro de agua, alimentos y otras necesidades humanas básicas.
  • Proteger a comunidades y sectores vulnerables a los fenómenos meteorológicos extremos y a la subida generalizada de la temperatura del planeta y el aumento del nivel y la acidez del océano.

La ciencia es clara: para mantener un clima dentro de rangos adecuados para la vida, se debe reducir cuanto antes la producción de carbón, petróleo y gas y triplicar la capacidad de energía renovable (eólica, solar, hidráulica y geotérmica) para el año 2030. Al mismo tiempo, se requiere de un aumento sustancial de la financiación para la adaptación e inversión en resiliencia climática.

Todavía estamos a tiempo. Esta edición necesita concretar los compromisos vinculantes y acelerarlos. La credibilidad está en juego. 

No soy muy optimista con los resultados, pero quiero dejar una ventana abierta a la esperanza sobre todo pensando en todas las personas que sí se toman esto en serio y que irán a Dubái con la mejor de las intenciones.

Espero que todas ellas luchen por que se reconozcan sus propuestas en las decisiones finales frente a los intereses corporativistas de los grandes “lobbies”, especialmente del energético y las grandes corporaciones petroleras.

Por último, me gustaría destacar que, por primera vez en una cumbre climática, se va a poner la salud en el centro del debate. Es un dato muy importante del que me quiero hace eco: recordemos que la crisis climática es una crisis de salud, no solo la nuestra sino la del Planeta. El agua también tendrá su protagonismo, se debatirá sobre el nexo comida-agricultura-agua.

                                                       Calendario temático de la COP28 (Fuente: Iberdrola)

Nos jugamos mucho en los próximos días. Resolver la crisis climática requiere un liderazgo político fuerte, la credibilidad de las Cumbres Climáticas está en entredicho.

¡Esperemos que la COP28 no sea una oportunidad perdida!

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WEBGRAFÍA