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Deriva Cero: Hacia el uso sostenible de los productos fitosanitarios

Sobre el blog

Marta Santafé
Consultora especialista en Medio Ambiente, Sector del Agua y Planificación Hidrológica | Directiva Marco del Agua (DMA) | Gestión de sequías e inundaciones | Promotora ODS y Agenda 2030 | LinkedIn Top Voice Sostenibilidad 2022

Temas

  • Deriva Cero: uso sostenible productos fitosanitarios

El control de plagas y enfermedades ha sido una preocupación a lo largo de la historia. Las fumigaciones incontroladas, el uso de pesticidas organoclorados, junto con la baja eficiencia de los tratamientos mediante las técnicas convencionales (pulverización, espolvoreo) han supuesto durante años una importante fuente de contaminación. Todo ello ha generado una preocupación creciente que ha dado lugar a la búsqueda de nuevas técnicas que minimicen estos efectos que dañan el medio ambiente y nuestra salud.

Los plaguicidas o productos fitosanitarios son sustancias que se utilizan para proteger los cultivos de las plagas, entendiendo por plaga a cualquier especie de agentes patógenos, animales o vegetales parásitos que sean nocivos para los vegetales o productos vegetales. Se emplean normalmente en agricultura, aunque también pueden utilizarse para otros usos no agropecuarios, como el control de “malas hierbas” en carreteras y líneas férreas.

Los plaguicidas son imprescindibles para la producción agrícola, tanto bajo los sistemas convencionales de agricultura, como otros sistemas, como la integrada o la ecológica. Sin el uso de plaguicidas muchos cultivos no serían viables, o bien, los productos cosechados no podrían mantenerse almacenados.

Además, los plaguicidas han tenido una función muy importante en el control de enfermedades transmisibles, como el paludismo, el dengue, o el tifus, entre otras.

También han influido en el desarrollo agrícola, ya que los insectos, las llamadas “malas hierbas” y otras plagas destruyen gran parte de los cultivos y compiten con ellos por factores limitantes como el espacio, la humedad y los nutrientes.

Sin embargo, con el paso del tiempo se ha visto que, pese a su utilidad en el tratamiento de las plantas, presentan numerosos efectos no deseados.

El uso excesivo e inadecuado de estas sustancias ha causado severos daños ambientales que, en muchos casos, han sido irreversibles o difícilmente reversibles. En buena medida esto ha ocurrido por falta de conocimientos sobre los riesgos para el ambiente asociados con su uso.

Efectos ambientales de los plaguicidas

Los efectos indeseables de los plaguicidas sobre el ambiente se pueden agrupar en aquellos que ocurren a corto plazo en el ambiente cercano, a largo plazo en el ambiente cercano y a largo plazo en el ambiente lejano.

Los plaguicidas actúan a corto plazo sobre el ambiente cercano al lugar donde se aplican. Esto causa, por un lado, la contaminación inmediata del ambiente abiótico —suelos, aguas superficiales y subterráneas y aire— y por otro, la muerte de diversos organismos sensibles a los que no se deseaba afectar, como los insectos que son enemigos naturales de las plagas o los que el hombre considera como benéficos. A corto plazo, los plaguicidas causan también la muerte de los organismos susceptibles entre los que constituyen la plaga y afectan momentáneamente el equilibrio fisiológico de todos los organismos expuestos a ellos, incluidos los seres humanos.

Efectos sobre el ambiente abiótico

  • Efectos en el aire: El aire es una ruta importante para el transporte y la distribución de plaguicidas a sitios muy diversos y distantes de aquél donde se aplicaron originalmente. Los residuos de plaguicidas pueden encontrarse en el aire en forma de vapor, como aerosoles o bien, asociados con partículas sólidas. Una vez en el aire, están sujetos a transformaciones químicas y fotoquímicas debido a la presencia de agentes oxidantes y catalíticos, a la luz solar y a la de otros reactivos. Así, los plaguicidas y sus productos de transformación se suman al elevado número de sustancias que contaminan el aire.
  • Efectos en el agua: Muchos plaguicidas organoclorados o sus productos de transformación que se encuentran en el aire y el suelo, llegan eventualmente a los ecosistemas acuáticos. Una vez en ellos, pueden ser degradados parcial o totalmente, permanecer sin cambios, regresar a la atmósfera por volatilización, o bioconcentrarse en los organismos de dichos ecosistemas. Los efectos adversos de los plaguicidas en los ecosistemas acuáticos dependen no sólo de las características del tóxico y de su concentración, sino también de la naturaleza del ecosistema. Los principales efectos ocurren sobre el agua, el sedimento y la biota del sistema.

Ciclo de los plaguicidas en el medio ambiente. Fuente: Ecologistas en Acción

La contaminación de las aguas por plaguicidas causa:

  • Pérdida de biodiversidad:

Los plaguicidas son sustancias capaces de reducir o eliminar fauna o flora perjudicial para la agricultura, por lo tanto, puede tener efectos similares sobre otros organismos presentes en el medio ambiente. Llegan al medio acuático a través de escorrentía, filtración o lixiviación de fuentes puntuales o difusas.

  • Deterioro de la calidad del agua:

Si la concentración de un plaguicida es superior a su norma de calidad ambiental puede tener efectos adversos sobre el medio acuático y o salud humana a través del él. Además, si la concentración de un plaguicida individual supera el valor de 0,1µg/L y el total de 0,5µg/L el agua no es apta para el consumo humano.

Buenas prácticas en la aplicación de fitosanitarios para evitar la contaminación de las aguas. Fuente: MITERD

  • Efectos en el Suelo:  

Los factores que influyen en el comportamiento y destino de los plaguicidas en el suelo se clasifican en: a) dependientes, del suelo (tipo de suelo, humedad, pH, temperatura, capacidad de adsorción, etc.) y b) dependientes del plaguicida (naturaleza química y estabilidad ante la degradación química, microbiológica y fotoquímica).

En los últimos años ha surgido una gran preocupación en torno a los efectos de los plaguicidas sobre la fertilidad del suelo. Esta fertilidad tiene una relación directa de los organismos vivos (bacterias, hongos y gusanos del suelo) y con su interacción en los suelos con los materiales orgánicos e inorgánicos que forman parte de ellos. Se ha demostrado que muchos plaguicidas pueden destruir la fauna y la flora del suelo o impedir los procesos biológicos necesarios para mantener la fertilidad. El carácter de los daños al suelo por los plaguicidas depende mucho de las variaciones en el tipo de suelo, de las condiciones ecológicas prevalecientes y de las técnicas agrícolas en uso.

Riesgo del uso de plaguicidas sobre la salud

La producción agraria es la principal fuente de contaminación difusa, en particular la originada por plaguicidas. La prueba de ello es que casi dos tercios de las tierras de cultivo en el mundo se encuentran en riesgo de contaminación por plaguicidas por más de un ingrediente activo, y cerca de un tercio de estas están en alto riesgo (Tang et al., 2021).

Esta situación tiene graves consecuencias en la salud humana, pues los plaguicidas están relacionados con mayor riesgo de padecer ciertas enfermedades como la diabetes, trastornos reproductivos y respiratorios, disfunciones neurológicas y cáncer (Rani et al., 2021). A pesar de estas evidencias, la actual legislación no está logrando proteger de los peligros de los plaguicidas sintéticos ni a los seres humanos ni al medio ambiente.

Los plaguicidas y su regulación normativa

La normativa actual relativa al uso de plaguicidas presenta deficiencias en su cobertura, aplicación y cumplimiento, por lo que no se consigue aplicar de manera efectiva el principio de precaución ni modificar significativamente muchas malas prácticas (ONU, 2017).

Es por esto que el Pacto Verde Europeo (PVE), y más concretamente sus Estrategias de la Granja a la mesa y de Biodiversidad para 2030, proponen reducir el uso y el riesgo de los plaguicidas sintéticos en un 50% así como el uso de los más peligrosos en un 50%. Además, pretende impulsar la producción ecológica y recuperar espacio para la naturaleza en zonas agrarias, como garante de la producción de alimentos (Dainese et al., 2019; Garibaldi et al., 2020). Para hacer este objetivo vinculante, se está negociando en la Unión Europea una propuesta de Reglamento sobre Uso Sostenible de Plaguicidas.

Nuevo reglamento de uso de fitosanitarios en la Unión Europea

El marco de la UE para el uso sostenible de pesticidas tiene como objetivo proteger la salud humana y el medio ambiente de posibles riesgos e impactos del uso de pesticidas. Promueve el uso de manejo integrado de plagas y enfoques alternativos al uso de productos químicos.

Actualmente, la Comisión Europea está revisando en qué medida se han cumplido dichos objetivos y está identificando opciones para alcanzar los objetivos de la Estrategia de la granja a la mesa y el Pacto Verde.

Reducir el uso de productos fitosanitarios es uno de los objetivos que marca la estrategia De la granja a la mesa, que propone disminuir el empleo de estos productos en un 50 % antes del 2030.

La Comisión Europea está trabajando en un nuevo reglamento que será el que detalle cómo se llevará a cabo esa reducción. Este documento ha generado mucho debate entre los diferentes actores involucrados. Algunas voces han mostrado su preocupación puesto que piensan que el nuevo reglamento no tiene en cuenta los diferentes modelos productivos que existen en España.

¿Qué dice realmente el reglamento propuesto por la Comisión?

Pues la primera novedad de este documento es que, aunque se introducen objetivos vinculantes para todos los estados en la reducción del uso de fitosanitarios, será cada país el que decida sus propios objetivos, eso sí, dentro de unos parámetros claramente definidos. También, que se debe priorizar el uso de cualquier método alternativo para controlar las plagas y que los productos químicos deben ser el último recurso.

Además, establece la prohibición de usar pesticidas en todas las áreas sensibles, como jardines o zonas de protección ecológica. Pero esta misma normativa también quiere dejar claro que los productores contarán con el respaldo de la PAC durante los próximos cinco años para cumplir con los objetivos.

Según la Comisión, es necesario detener la pérdida de biodiversidad en Europa y los informes muestran que, en los últimos años, no hubo el suficiente progreso «en reducir el riesgo y el impacto del uso de los pesticidas en la salud humana y en el entorno». Tampoco se promocionó adecuadamente el uso del control de plagas integradas. De hecho, en algunas zonas agrícolas el uso de pesticidas está contribuyendo a eliminar a los polinizadores, necesarios para alimentar a una cada vez más grande población mundial.

Pero, aun así, la Comisión tiene claro que los pesticidas son necesarios, aunque considera que deben ser utilizados solo como último recurso. Por eso recuerda que esta nueva normativa reducirá el uso de fitosanitarios, pero continuará asegurando que estos estarán disponibles donde otras herramientas de control hayan fallado.

Por otro lado, Europa tiene claro que esta política no pondrá en peligro la seguridad alimentaria.

La importancia del nuevo Reglamento europeo sobre Uso Sostenible de Productos Fitosanitarios

En el transcurrir de nuestros días solemos estar ajenos a los cambios que se están “cocinando” fuera de nuestra frontera, y que, sin embargo, tienen una enorme trascendencia ya que marcarán el devenir personal, profesional y de salud de la mayoría de nosotros, y de las generaciones futuras.

En el caso de los fitosanitarios, apenas quedan dos meses para que, en Bruselas, en el seno del Parlamento Europeo, se decida el contenido de un Nuevo Reglamento relativo al Uso Sostenible de los Productos Fitosanitarios, que vendrá a sustituir al actual Reglamento (UE) 2021 / 2115.

Este Reglamento no sólo establecerá las normas de obligado cumplimiento para todos los profesionales implicados en la sanidad vegetal en Europa, tanto del ámbito agrario como no agrario (por ejemplo, jardinería), sino que marcará el destino futuro de nuestro medio ambiente, la calidad de nuestras aguas y la salud de las personas.

En un mes aproximadamente, se votará en los comités de Agricultura y de Medio Ambiente cuáles de las más de 4.000 enmiendas propuestas al actual borrador de reglamento, finalmente formarán parte del texto final.

El elevado número de enmiendas recibidas pone de manifiesto las enormes distancias y diferencias que existen actualmente entre Agricultura y Medio Ambiente. Pero estos dos sectores, más allá de sus propios intereses, deben de trabajar de manera coordinada para llegar a un equilibrio que satisfaga a ambos.

En el término medio, como en todo, acabará encontrándose la virtud, porque necesitamos seguir produciendo alimentos y disponer de entornos verdes sanos en nuestras ciudades, pero con herramientas y alternativas que impacten poco o nada sobre el medio ambiente y la salud de las personas. Un reto complejo, pero no imposible.

Y a todo esto, y no menos importante, hay que sumarle la necesidad de optimizar los recursos clave imprescindibles para el mantenimiento de la salud de las plantas y su productividad, como pueden ser el agua, la energía o las emisiones de CO2.

Un aspecto destacable, que debería marcar un antes y un después, es el hecho de que hasta ahora se han centrado los esfuerzos por reducir el impacto de los productos fitosanitarios sobre el medio ambiente y la salud de las personas, atendiendo al perfil tóxico y/o el origen de estos.

Es decir, hasta ahora se ha promovido el empleo de los insecticidas o la lucha con productos biológicos, pero ni los primeros por ser fabricados en base a origen “natural” garantizan ser inocuos para la salud humana ni de los segundos (insectos que se alimentan de insectos plaga) se ha evaluado con un tiempo suficiente su posible impacto sobre el equilibrio de los ecosistemas naturales.

En España, de hecho, se ha prohibido el uso de algún insecticida biológico en parques y jardines debido a que se ha descubierto que tenía un efecto irritante para la piel humana. Y el establecimiento de las poblaciones de insectos depredadores en áreas abiertas, no están teniendo el mismo éxito que su aplicación en condiciones cerradas de invernadero.

En este nuevo reglamento que ahora se debate en Europa, se está avanzando hacia la otra vía que daría más garantías de protección del medio ambiente y la salud de las personas por el uso de productos destinados a la sanidad vegetal, y sobre todo en aquellas especies como los árboles o las palmeras, que, al ser de gran porte, son las más difíciles de tratar contra plagas y enfermedades, sin provocar efectos adyacentes no deseados.

El camino por reducir los riesgos ambientales pasa por mejorar la tipología de los productos (mejor, mientras menos tóxicos), pero, sobre todo, se conseguirá según cómo se apliquen estos productos.

El actual borrador, ya incluye los tipos de aplicación de la denominada “Baja Deriva”, como son los drones, aunque hay que tener en cuenta que esta tecnología sigue produciendo una emisión de los productos químicos al entorno, que no son deseados.

Además, ya se está introduciendo el concepto de la “Cero Deriva”, es decir, sistemas de aplicación de los productos fitosanitarios que consigan cero intercambio o interacción con el entorno (aire, suelo o agua).

En este sentido, existe una técnica de aplicación de los productos fitosanitarios en árboles y palmeras, la denominada Endoterapia (o inyecciones al tronco), que es la única que garantiza “Cero Deriva”.

¿Qué es la endoterapia vegetal?

La endoterapia vegetal es un método terapéutico de tratamientos fitosanitarios de plantas leñosas y palmáceas que consiste en la inyección del producto fitosanitario y/o sustancia nutricional directamente en el sistema vascular de la planta.

En la historia de la endoterapia, destaca un ingeniero agrónomo sevillano quien dejó su legado a través del tratado "Kitab al-Filaha" (El Libro de la Agricultura).

Este tratado estuvo perdido durante seis siglos hasta su resurgimiento en el siglo XVIII, convirtiéndose en una referencia fundamental en la agricultura a nivel global. En el capítulo 9, habla de cómo, a través de una hendidura precisa en la base del tronco, conseguía mejorar el fruto e intensificar los colores de las flores.

Ibn al-‘Aww m y su “Libro de Agricultura”. Fuente: CSIC

A través de este antiguo texto, se puede inferir que la endoterapia era una práctica extendida y valorada entre los agrónomos de aquella época. Su redescubrimiento y los conocimientos compartidos continúan inspirando a la agricultura moderna.

Las primeras evidencias más modernas del uso de este sistema se atribuyen a Leonardo da Vinci, que supuestamente utilizó una infusión que contenía arsénico para alejar a los ladrones de frutas.

El desarrollo de la endoterapia corresponde a la segunda mitad del S. XX. A mediados de los noventa, empezó a utilizarse en Norteamérica y en las plantaciones de árboles ornamentales de Italia, donde se ha impuesto, siendo obligatorio su uso en algunas ciudades.

Su principal ventaja es su bajo impacto ambiental. Sin embargo, no es menos importante la reducción de coste que tiene lugar en los tratamientos mediante endoterapia frente a los tratamientos convencionales como la pulverización o el espolvoreo.

Esta forma de control de patógenos consiste en la inyección directa al árbol de los productos fitosanitarios correspondientes. Mediante una pequeña perforación, se hace llegar a los vasos conductores ascendentes (xilema) una solución concentrada que contiene el plaguicida. La solución únicamente entra en contacto con el árbol y con los organismos que se alimenten de él, protegiendo en gran medida a la fauna auxiliar y creando ningún perjuicio para las personas, pues nunca se ven expuestas al tóxico.

La endoterapia es un tratamiento que funciona a partir de la capacidad de flujo de savia que hay en el interior de los tejidos vasculares (básicamente xilema). La savia transporta el agua y las sales minerales captadas por las raíces hasta las hojas.

La idea es que el producto químico, fitosanitario o abono que se inyecta sea transportado por el xilema a toda la planta para realizar el efecto buscado; insecticida, fungicida, abono, etc.

El flujo de savia viene determinado en función de dos parámetros: la transpiración y la capacidad de intercambio osmótico en las raíces. Por lo tanto, cuando tengamos estas dos variables en funcionamiento, el tratamiento funcionará al máximo.

Destaca respecto a los tradicionales tratamientos aéreos por la ausencia de pulverizaciones o aspersiones de productos químicos que contaminan el medio ambiente, suelos y aguas, así como ser totalmente inocua para la salud de las personas y animales, pudiéndose utilizar a cualquier hora del día.

Otra de las ventajas, es que no se requiere apenas agua en las aplicaciones, ya que se realiza mediante inyecciones en el tronco.

Ejemplo de tratamiento con endoterapia. Fuente: Fertinyect

La técnica de tratamiento de árboles mediante endoterapia vegetal, constituye, por tanto, una práctica efectiva y sostenible para el cuidado de nuestros árboles permitiendo un uso seguro y eficaz de los fitosanitarios empleados.

Se trata de un sistema totalmente cerrado, localizado e individualizado que impide el contacto físico de los productos aplicados con el entorno, puesto que se conectan directamente al tronco de los árboles en forma de pequeñas bolsitas presurizadas, y que emplean la distribución natural del árbol, a través de su sistema vascular, para que todo el líquido aplicado quede en el interior, y nada se pierda en el exterior.

Esta técnica de aplicación, cuya cuna científica en Europa se encuentra en Córdoba (España), es ya una realidad en países como España, Portugal, Italia y Francia, y con el nuevo reglamento se quiere extender como una herramienta clave para los profesionales de toda Europa.

En esta ciudad andaluza nació la Spin Off Fertinyect, fruto de la colaboración científica público-privada en el seno de la Escuela de Ingenieros Agrónomos y Montes de la Universidad de Córdoba.

Aplicación de un tratamiento con endoterapia. Fuente: Fertinyect

La Endoterapia es una técnica de aplicación que permite aunar las necesidades de los productores y profesionales del sector fitosanitario con las inquietudes ambientales y de salud pública de la sociedad actual y futura. Se trata de una técnica que, no sólo es inocua para el medio ambiente, el suelo, el agua (superficial y subterránea), y la salud de las personas, sino que supone una alternativa clave en la optimización del uso del agua como uno de los principales insumos de la agricultura y la jardinería.

Efectos positivos sobre el agua por el uso de técnicas de endoterapia vegetal

Somos conscientes de que vivimos unas circunstancias de escasez de agua, con más intensos y frecuentes episodios de sequía y un mayor estrés hídrico por lo que no nos podemos permitir despilfarrar litros y litros de agua para que sólo hagan de soporte o vehículo a unos pocos mililitros de fitosanitario.

No podemos gastar más de 30 litros de agua por tratamiento, cuando se pueden emplear sólo 50 ml con una eficacia incluso superior, y sólo por la forma de aplicación mediante endoterapia.

En la actualidad, cada profesional que aplica un tratamiento fitosanitario en España mediante endoterapia, en lugar de mediante pulverización, está contribuyendo a un ahorro de agua del 95%. Cada “inyección al tronco” ahorra 7,5 litros de agua respecto a aplicar el mismo producto vía foliar o aérea.

Sólo en el año 2022, se consiguió un ahorro de más de 5 millones de litros de agua entre todos los usuarios del sur de Europa, que eligieron tratar los árboles mediante endoterapia, en lugar de mediante pulverización aérea.

Conclusiones

En una sociedad cada vez más concienciada con la importancia del agua, y con la protección del medio ambiente y la salud de las personas, la Endoterapia o las técnicas de Cero Deriva están siendo muy bien acogidas tanto por el sector agrícola como el medioambiental.

Aun siendo una práctica que data de hace 1000 años, no es hasta los últimos tiempos cuando la endoterapia vegetal se ha revelado como una de las alternativas técnicas más precisas, eficaces y sostenibles en el ámbito de la sanidad vegetal, tanto para el tratamiento de plagas y enfermedades como para mejorar la salud de los árboles y las palmeras.

La creciente sensibilidad social hacia el contacto de las personas y el medio ambiente con los productos químicos se ha reflejado en recientes normativas que, de facto, impulsan a esta práctica como una herramienta imprescindible para conseguir un óptimo estado sanitario del arbolado en zonas verdes.

El uso de fitosanitarios a lo largo de los años ha generado la necesidad de una regulación a nivel europeo y estatal que cada vez restringe más el uso de fitosanitarios, y en especial en ámbitos no agrarios.

Esta falta de opciones ha ido provocando que, en este tipo de espacios, la endoterapia, al ser una técnica de baja deriva, esté cobrando un creciente interés y esté extendiendo su uso exponencialmente, no sólo por ser la única legal, sino por la gran cantidad de ventajas que ofrece frente a los tratamientos tradicionales.

Mediante el uso de estas técnicas de “Deriva cero” se pretende mejorar nuestra calidad de vida.

Es hora de dejar de trabajar en “silos” y apostar por una visión holística en la gestión de los productos fitosanitarios. Los sectores de la Agricultura y el Ambiental deben trabajar juntos con un mismo objetivo.

La nueva normativa europea abre una oportunidad única para regular y favorecer el uso sostenible de productos fitosanitarios , ésta debería de ir un paso más allá con la introducción de tecnologías innovadoras por su modo de aplicación que, como la endoterapia, han demostrado ser respetuosas con el cuidado del entorno y las personas.

Nuestra salud y la del Planeta están en juego y la endoterapia vegetal puede ayudarnos a protegerlas.



Mi agradecimiento a Juan Barbado Montero, Presidente de Fertinyect, por sus importantes contribuciones en este artículo y por el aporte de material gráfico.

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