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Horizonte 2030: el tiempo y el agua se agotan

  • Horizonte 2030: tiempo y agua se agotan

Sobre el blog

Marta Santafé
Consultora especialista en Medio Ambiente, Sector del Agua y Planificación Hidrológica. Experiencia en Directiva Marco del Agua (DMA) y gestión de sequías e inundaciones. Procesos participativos y mediación ambiental. Promotora ODS y Agenda 2030.
ABB

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó, en octubre de 2021 un informe, elaborado por más de 20 organizaciones internacionales, organismos para el desarrollo e instituciones científicas, en el que se alertaba de la preocupante situación del agua y llamó a tomar conciencia de la «inminente crisis del agua». Traigo aquí una visión global de dónde nos encontramos y hacia dónde nos dirigimos. ¿Seremos capaces de afrontar con éxito los grandes retos que se nos presentan?.

La crisis del agua

El agua es un elemento indispensable para la vida, no existe nada que pueda sustituirla. Si bien es cierto que es un recurso renovable regulado por el ciclo hidrológico, no es infinito, y por ello, puede agotarse si no gestionamos el agua de manera sostenible, es decir, pudiendo satisfacer las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras.

Una sobreexplotación del agua hoy supondrá afrontar una grave crisis en el futuro no tan lejano como podríamos pensar

La crisis mundial del agua pone en riesgo la supervivencia de todo el planeta, afectando tanto a los ecosistemas acuáticos y terrestres y, consecuentemente, la de billones de personas a causa de la falta de agua potable y condiciones sanitarias inadecuadas. Las cifras actuales evidencian que la crisis del agua es real y afecta a numerosas regiones del Planeta.

Los datos sobre los que alerta la ONU son preocupantes: más de 5.000 millones de personas sufrirán falta de agua en el año 2050

A pesar de que todas las actividades sociales y económicas de la humanidad dependen en gran medida del abastecimiento de agua dulce. 3 de cada 10 personas carecen de acceso a servicios de agua potable seguros y 6 de cada 10 carecen de acceso a instalaciones de saneamiento (ONU).

La crisis del agua es una crisis con mayúsculas, podemos afirmar que, debido a la transversalidad del agua, es una crisis de crisis, porque también es:

  • Una crisis de salud.
  • Una crisis que impacta especialmente en los colectivos más vulnerables: personas discapacitadas y mujeres.
  • Una crisis infantil y educativa.
  • Una crisis económica.
  • Una crisis que agudiza las desigualdades.

Factores críticos que amenazan la seguridad hídrica

Hoy en día, el agua se encuentra amenazada por varios factores críticos: el aumento de la población mundial, la creciente demanda de los sectores productivos agrícola e industrial y, especialmente, por los efectos ocasionados por el cambio climático y la contaminación.

Los humanos consumimos agua a un ritmo más rápido que la capacidad de la naturaleza para reponerla. Cada vez somos más vulnerables a la escasez de agua. La falta de agua en muchas partes del planeta es un peligro real

Desde el punto de vista ambiental, los ecosistemas acuáticos son clave para la vida humana y animal, así como para la biodiversidad en general. Sin embargo, estos ecosistemas están gravemente amenazados: exceso de nutrientes, contaminación por plásticos, perdida de conectividad, efectos del cambio climático, etc.

La crisis del agua es real y cada vez afecta a más personas. El escenario de cambio climático actual no va a mejorar las cosas. al contrario, se va a ir agudizando en cuestión de poco tiempo.

Hay una serie de factores críticos en esta crisis del agua, los principales serían los siguientes:

  • Crecimiento exponencial de la población mundial. Este es, sin lugar a duda, el factor más crítico. Según las previsiones de crecimiento de la ONU, nuestro planeta estará habitado en 2050 por más de 9.000 millones de personas, una cifra abrumadora porque todos tendrán que beber agua lo que originará una mayor demanda ante un escenario con menos recurso disponible.
  • Como consecuencia del cambio climático, se estima un aumento de lugares del planeta afectados por estrés hídrico, es decir, zonas donde la demanda de agua es más alta que la disponibilidad de agua. Además, esto tiene unos efectos muy negativos no solo sobre las personas sino también sobre los propios recursos de agua dulce tanto en términos de calidad como de cantidad.
  • Mayor frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos. Como consecuencia del cambio climático serán más frecuentes e intensos los episodios de sequías e inundaciones. Cada vez se rompen más récords. Las lluvias intensas, así como la ausencia de estas afectan a cantidades incalculables de personas poniendo en riesgo no sólo sus vidas, sino que desafían a las economías, la producción de alimentos y generan mucha incertidumbre. La crisis climática es claramente una crisis de agua.
  • Aparición de más conflictos relacionados con el agua. En muchas zonas del mundo se vive mucha inestabilidad política y, debido a que el agua es un recurso estratégico cada día los conflictos entorno a este líquido vital van en aumento y el cambio climático está agravando el problema. Así pues, la explotación de los recursos hídricos se ha convertido en un foco de tensiones en todo el mundo. Según las Naciones Unidas, existen unas 300 zonas en el mundo con conflictos abiertos alrededor de este recurso.
  • Migraciones climáticas relacionadas con el agua (inundaciones, sequías, aguas contaminadas, conflictos geopolíticos, etc.). Hoy en día, es tres veces más probable que las personas se vean forzadas a dejar sus hogares por ciclones, inundaciones o sequías que por conflictos, y hasta siete veces más que por terremotos o erupciones volcánicas. Cerca de 20 millones de personas son desplazadas internamente cada año a causa de desastres provocados por el clima. Las pérdidas económicas consecuencia de fenómenos meteorológicos extremos durante la última década fueron, de media, equivalentes al 2% de los ingresos nacionales de los países afectados.
  • Deterioro ambiental de los ríos, lagos, acuíferos que afectan principalmente a los ecosistemas asociados a las masas de agua. Como consecuencia se produce una pérdida de biodiversidad debido al uso intensivo y no sostenible del agua.

Todos estos factores críticos pueden tener un efecto multiplicador, al igual que toda el agua del Planeta está interconectada y todo lo que le ocurre a nuestros ríos y masas de agua terrestres tiene un tremendo impacto en los mares y océanos, afectando seriamente a los ecosistemas marinos y a la salud del planeta en general. Todos nuestros actos, por pequeños que parezcan, tienen un impacto de manera directa o indirecta en el agua.

Retos para una gestión sostenible del agua

Para poder afrontar los grandes retos que se nos plantea la crisis del agua a escala planetaria deberemos de ser capaces de:

  • Garantizar el acceso universal al agua y al saneamiento en 2030, reconocido como derecho humano desde 2010: una de cada tres personas no tiene acceso a agua potable salubre, dos de cada cinco personas no disponen de una instalación básica destinada a lavarse las manos con agua y jabón, y más de 673 millones de personas aún defecan al aire libre.
  • Proporcionar agua limpia y segura: cada día, alrededor de 1000 niños mueren debido a enfermedades diarreicas asociadas a la falta de higiene.
  • Garantizar la igualdad de las mujeres y niñas: ellas son las encargadas de recolectar agua en el 80% de los hogares sin acceso a agua corriente. Se les está privando en muchos casos de una educación o una vida independiente ya que su día a día se centra en gestionar el agua de sus hogares.
  • Desaparición de la defecación al aire libre: 4 billones de personas carecen de acceso a servicios básicos de saneamiento, como retretes o letrinas. La defecación al aire libre pone en grave riesgo la salud, así como la seguridad de los colectivos más vulnerables.
  • Depurar el agua residual para evitar la contaminación del medio receptor: Actualmente, más del 80% de las aguas residuales resultantes de actividades humanas se vierten en los ríos o el mar sin ningún tratamiento, lo que provoca su contaminación. Será necesario realizar un gran esfuerzo inversor en sistemas e instalaciones destinadas a depurar el agua antes de su devolución al medio.
  • Uso sostenible del agua para evitar la sobreexplotación: Habrá que logar el equilibrio entre los diferentes usos (abastecimiento, industrial, agrícola-ganadero, servicios, etc.) y gestionarlo de manera equitativa y sostenible.
  • Adaptación al cambio climático: Este es sin duda el principal reto al que nos enfrentamos. Los escenarios a medio y largo plazo presentan datos preocupantes: cada vez tendremos menos agua disponible (tanto en cantidad como en calidad) y los de fenómenos meteorológicos extremos irán en aumento.
  • Revertir el mal estado de las masas de agua y sus ecosistemas asociados: la mayor parte de los cursos de agua, humedales y acuíferos están sufriendo un deterioro ambiental (cantidad y calidad). Si la naturaleza no está sana la humanidad tampoco podrá estarlo. Es preciso cuidar y conservar estos ecosistemas para garantizar el agua tanto para nosotros como para el resto de los seres vivos.

Pasar del bla, bla, bla a la acción

Se han puesto de manifiesto los grandes retos y desafíos que nos plantea la gestión de un recurso tan vital y valioso como el agua en todo el conjunto de su ciclo hidrológico (aguas continentales, mares y océanos) y cómo afecta a las personas y al medio ambiente. Todo está interconectado e infinidad de aspectos pueden verse afectados como un efecto dominó: salud, economía, ecosistemas, contaminación, etc.

El agua es fundamental para el desarrollo socioeconómico, la energía, la producción de alimentos, los ecosistemas y para la supervivencia de los seres humanos.

El agua también forma parte crucial de la adaptación al cambio climático, y es un decisivo vínculo entre la sociedad y el medioambiente

Sin duda va a ser difícil, pero existen soluciones para afrontar esta grave crisis del agua. Para poder superar los grandes retos que se plantean no podemos esperar más, hemos de pasar a la acción, actuar ya para que la situación vaya mejorando y no lleguemos a un punto de inflexión y no retorno.

El principal desafío al que se enfrenta la humanidad es gestionar el agua de manera sostenible, es decir, hacer un uso eficiente, solidario y justo del recurso para garantizar el suministro necesario para todos los usos, en todas las partes del territorio, y de forma respetuosa con el medio ambiente, sin dejar a nadie atrás, como dice el principio de la Agenda 2030.

En este contexto, para logar resultados, no lo podremos hacer solos, serán claves las alianzas entre el sector público, el privado y la sociedad civil. Cada uno en su papel, pero siempre teniendo presente que toda acción cuenta, desde la más pequeña acción individual hasta las iniciativas gubernamentales.

Es necesario un cambio de paradigma: desterrar la idea de que se trata de algo ajeno, lejano y que afecta a zonas poco desarrolladas, por el contrario, la crisis del agua afecta a todos los países y regiones del Planeta, en este mundo globalizado e hiperconectado, no podemos sentirnos meros espectadores

Todos nosotros, en algún momento, vamos a tener que afrontar situaciones complicadas relacionadas con el agua, tanto por su escasez como por los efectos de los fenómenos climáticos extremos o de la contaminación. Si algo nos ha ensañado esta crisis sanitaria es que las crisis en zonas lejanas pueden impactarnos también a nosotros. No vivimos en una burbuja. Por ello debemos de estar preparados y trabajar para ser más resilientes frente a lo que el agua nos pueda deparar.

Para afrontar la crisis del agua con éxito, debe concebirse como una tarea colectiva que implique a los gobiernos, las instituciones, la Academia, la iniciativa privada y, por supuesto, la sociedad civil. Además, se requiere del establecimiento de alianzas multinivel, coherencia y transversalidad de las políticas sectoriales, la adaptación de la legislación y de los medios para su cumplimiento y, la búsqueda de consensos en la toma de decisiones: todos somos parte del problema, pero también de la solución.

La Agenda 2030 de las Naciones Unidas nos marca el camino, la hoja de ruta a seguir en el marco del desarrollo sostenible en el que, no se debe trabajar solamente en el crecimiento económico, sino avanzar en equilibrio con los aspectos ambientales y sociales

Casi todos los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) se han visto afectados negativamente por la pandemia, así pues, el ODS 6 específico del agua, agua limpia y saneamiento, urge de mecanismos de aceleración para superar esta crisis y recuperar los niveles prepandemia.

Según la ONU, se requieren multiplicar por cuatro las inversiones y actuaciones realizadas para lograr las metas establecidas para el ODS 6 en el horizonte 2030.

La Década de Acción, establecida ante la necesidad de acelerar y buscar soluciones para lograr el cumplimiento de los ODS en 2030, definida por las Naciones Unidas (2015-2030) se va consumiendo a un ritmo de avance menor del esperado y, además, se ha visto ralentizado por el impacto planetario de la covid-19. Apenas quedan 8 años para llegar a 2030 por lo que los países deberán hacer un gran esfuerzo inversor en acceso a agua segura y saneamiento y serán fundamentales las alianzas para logarlo.

Y, por supuesto, hay que poner el cambio climático en la agenda del agua, ya que la crisis climática es fundamentalmente una crisis hídrica, todos los países y regiones, unos con mayor y otros con menor intensidad, se van a ver afectados por el calentamiento global, aumentarán las zonas bajo estrés hídrico, por lo que la estrategia es lograr que seamos más resilientes ante los cambios del ciclo hídrico y los eventos climáticos extremos, con un aumento progresivo en intensidad y frecuencia.

Si queremos llegar a 2030 con los "deberes hechos" tendremos que reconsiderar nuestra relación con el agua, hacer una transición hídrica hacia una gobernanza efectiva basada en una gestión sostenible, integrada, participativa y equitativa de los recursos hídricos.

Con el fin de garantizar el acceso universal al agua potable segura y asequible para todas las personas en 2030, es necesario realizar inversiones adecuadas en infraestructuras, proporcionar instalaciones sanitarias y fomentar prácticas de higiene.

Los gobiernos e instituciones deben ser capaces de incorporar las metas del ODS 6 en los procesos de planificación, políticas y estrategias nacionales.

Los retos y desafíos son enormes, pero, entre todos los actores implicados podemos logarlo. Como dijo la polémica activista medioambiental sueca Greta Thunberg a la clase política en la última cumbre climática de Glasgow, la COP 26: "basta de bla, bla, bla", el tiempo para los discursos ya se ha acabado

Ella hablaba de la acción climática, pero lo podemos extrapolar a la crisis hídrica: es tiempo de actuar ya: planificación a corto y largo plazo, acciones e inversiones concretas, infraestructuras más resilientes, soluciones basadas en la naturaleza, compromisos medibles y gestión sostenible y solidaria. Y, en el centro, alianzas estratégicas para lograr los objetivos.

Nos queda asumir estos desafíos con sentido de urgencia e inmediatez y, siendo conscientes de que, si no se toman ahora decisiones valientes, cada año que pase será más difícil superar la crisis global del agua. El tiempo se agota, como el agua. No lo dejemos escapar.

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