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El robo de agua se está bebiendo nuestros acuíferos

Sobre el blog

Marta Santafé
Consultora especialista en Medio Ambiente, Sector del Agua y Planificación Hidrológica | Directiva Marco del Agua (DMA) | Gestión de sequías e inundaciones | Promotora ODS y Agenda 2030 | LinkedIn Top Voice Sostenibilidad 2022
  • robo agua se está bebiendo nuestros acuíferos

El robo de agua y la escasez hídrica son problemas globales que afecta a diversas regiones del mundo.

En el caso de España el robo de agua es un asunto de gran preocupación, especialmente en áreas con acuíferos sobreexplotados por ello, no podemos ignorarlo si queremos buscar soluciones al problema de la escasez de agua. Si lo ignoramos, las "cuentas del agua" no saldrán.

Para hablar de gestión del agua no podemos dejar fuera de la ecuación a la parte de agua que se consume al margen de la ley.

¿Qué entendemos por robo de agua?

Para extraer agua subterránea es necesario solicitar una concesión administrativa que da derecho a sacar una cantidad de agua para un determinado fin. Pero lo que sucede realmente en muchos casos es que no se solicitan estas concesiones y se extrae el agua sin contar con la correspondiente autorización.

Hay varias formar de referirse a la extracción de agua al margen de la legalidad: robo, saqueo, expolio, hurto,..., en definitiva, el robo de agua es todo lo que quede fuera del control y gestión legal del agua por parte de las autoridades competentes.

La forma más habitual de robar agua es a través de extracciones ilegales y pozos no autorizados. Esto ocurre cuando se extrae agua sin los permisos necesarios o se utilizan pozos no autorizados. Algunos propietarios de terrenos perforan pozos sin permiso para regar cultivos o abastecerse de agua, lo que afecta negativamente a los acuíferos y al equilibrio hídrico. Otras prácticas habituales son las tuberías enterradas y la manipulación de los contadores mediante el uso de imanes u otros métodos que alteran las lecturas reales del consumo de agua.

Además de los pozos ilegales, existen canales clandestinos y “ramificaciones” subterráneas que desvían agua de ríos y arroyos sin autorización. Estas prácticas ilegales afectan al caudal natural de los cursos de agua y pueden tener consecuencias graves para los ecosistemas acuáticos y la biodiversidad.

Exceder la concesión autorizada o sustraer agua en épocas de restricción son otras vías habituales para extraer este recurso de manera ilegal (Greenpeace).

¿Quién está robando el agua?

En general, se suele robar agua para abastecimiento y el riego de cultivos. Este último caso es el más frecuente. La agricultura consume alrededor del 70% del agua disponible en el planeta y la forma en la que la obtiene no siempre es legítima. 

Se calcula que en el mundo se roba entre el 30% y el 50% del agua. Dependiendo de la región del mundo, se trata de un delito más o menos extendido

En España, se ha identificado al regadío como principal consumidor del agua, un porcentaje que se sitúa entorno al 80%, y su superficie no ha dejado de crecer en las últimas décadas, lo que ha llevado a la sobreexplotación de los recursos hídricos y al uso ilegal del agua subterránea (WWF).

Sirva como ejemplo el trabajo de investigación realizado por la organización WWF, en dicho análisis cuantificaron la superficie que se riega con agua extraída ilegalmente en los cuatro puntos donde más extendida está la práctica del robo de agua: Las Tablas de Daimiel (Castilla La Mancha), Doñana (Andalucía), Mar Menor (Murcia) y Arenales (Castilla y León). Cuatro lugares que, además, emblemáticos y de gran valor ambiental.

En la siguiente gráfica se observa el número de hectáreas regadas: en color rojo se destacan las regadas con agua extraída de forma ilegal.


Número de hectáreas regadas (legales e ilegales) en las cuatro zonas estudiadas. Fuente: Bea Martínez, M.; Fernández Lop, A.; Gil, T.; Seiz Puyuelo, R. y cols. (2021). El robo del agua. Cuatro ejemplos flagrantes del saqueo hídrico en España. WWF España

En este otro gráfico se muestran los datos de la superficie regada con agua ilegal frente a las superficie con derechos reconocidos, en las cuatro zonas analizadas:


Superficie regada con agua extraída ilegalmente comparada con la superficie con derechos reconocidos (hectáreas) en las cuatro zonas estudiadas. Fuente: Bea Martínez, M.; Fernández Lop, A.; Gil, T.; Seiz Puyuelo, R. y cols. (2021). El robo del agua. Cuatro ejemplos flagrantes del saqueo hídrico en España. WWF España.


Podemos discrepar en la cantidad de agua que se roba en nuestro país y es totalmente lógico ya que el mayor problema que tenemos es que es muy difícil de cuantificar. Lo que sí es cierto es que hablamos de volúmenes muy importantes que, en su conjunto, comprometen la supervivencia de nuestros acuíferos.

No debemos perder de vista que la extracción ilegal de agua es un delito tipificado en el Código Penal con multas e incluso penas de prisión, pero la falta de información y de medios de las fiscalías para perseguirlo contribuye a la impunidad

¿Qué se está haciendo para luchar contra el robo de agua?

Desde hace décadas se escucha en diferentes foros el mismo “mantra” con relación a la lucha contra el fraude que supone la extracción de agua al margen de la legalidad.

Cito textualmente del informe de WWF:

“La clave para entender el robo del agua está en que las administraciones responsables desconocen cuánta agua se extrae de pozos por encima de lo autorizado, ya que no tienen capacidad de medir todas las extracciones, ni suficientes medios humanos para controlar estos recursos subterráneos. En algunos casos tampoco está claro cuánto se ha extraído por encima de los recursos disponibles. La continua expansión de la agricultura industrial y de los cultivos en regadío, promovida con ayudas públicas, alimentan esta situación ya que, en sus trámites y autorizaciones para las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), la administración agraria responsable no ha exigido a los agricultores solicitantes presentar el derecho de uso de agua concedida”

En definitiva, siempre se hace responsable a las administraciones por su inacción frente al saqueo del agua.

En mi opinión, si bien es cierto que este argumento puede ser válido para tiempos pasados, he podido observar que, en los últimos tiempos, se han intensificado, por parte de la administración hidraúlica, las labores de vigilancia y control para detectar este tipo de infracciones, con mayor o menor éxito, pero se ha dado un paso al frente digno de mención.

Además, vengo observando un cambio en la manera de comunicar este tipo de actuaciones (tanto desde las Confederaciones Hidrográficas como del SEPRONA (Servicio de Protección de la Naturaleza dependiente de la Guardia Civil)). Se suelen publicar notas de prensa en las que se informa de las operaciones realizadas en las que se dan detalles de la cantidad de agua defraudada, de las personas implicadas, lugares, tipo de cultivo, etc., en un ejercicio de transparencia que merece ser puesto en valor.


Imagen de un caudalímetro manipulado con un imán encontrado en una reciente operación contra el robo de agua realizada por el SEPRONA. Fuente: Ministerio del Interior/Guardia Civil/CH del Guadiana.

No sé si esta nueva estrategia de comunicación significa que se están intensificando las labores de vigilancia y control respecto a tiempos pasados (quiero pesar que sí han aumentado este tipo de operaciones) o, simplemente, que se les quiere dar visibilidad, bajo mi punto de vista con un doble objetivo: el primero, como ya he comentado, el de la transparencia de cara a la ciudadanía, los hechos pretenden desmentir las acusaciones de inacción que se vierten de manera reiterada sobre las administraciones con competencias en materia de agua y, no menos importante, el segundo, un “aviso a navegantes” para aquellos infractores que están cometiendo un delito por el robo de agua, con un mensaje claro: el robo de agua no sale gratis y tiene consecuencias tanto económicas como penales.

Los agentes del Seprona de la Guardia Civil en colaboración con las autoridades con competencias en materia trabajan, en ocasiones en condiciones complicadas y con pocos medios, en operaciones cuya investigación dura meses e incluso años, en la búsqueda de pozos ilegales que agotan nuestros acuíferos. Los agentes utilizan fotos por satélite, hacen inspecciones nocturnas e incursiones sobre el terreno. Si bien se han realizado operaciones exitosas y cada vez se informa más en los medios de estas actuaciones, es evidente que representan un pequeño porcentaje respecto al total del agua que se sigue robando.

En cualquier caso, independientemente de esta estrategia de comunicación, desde mi valoración personal, es muy acertada y necesaria, la lucha contra el robo de agua sigue siendo un enorme desafío debido a la extensión geográfica y la dificultad para controlar todas las áreas afectadas por este problema. Podríamos aplicar el símil de “encontrar una aguja en un pajar” para referirnos a la dificultad del abordar el problema. Lo que se detecta es una parte muy pequeña, pero eso no puede desaminar a nadie, lo importante es seguir trabajando para buscar una solución.

¿Por qué es tan importante poner freno al robo de agua?

El robo de agua no solo afecta a la disponibilidad del recurso, sino que también tiene consecuencias económicas negativas para diversos sectores. Es fundamental abordar este problema para garantizar un uso sostenible del agua y proteger la economía y el medio ambiente. 

Recordemos que todo está interconectado y que sobreexplotar las aguas subterráneas tiene consecuencias más allá de que se seque el pozo en el que se extrae el agua

Además, este tipo de delitos genera una competencia desleal entre agricultores, donde aquellos que cumplen la ley se ven perjudicados frente a los que utilizan prácticas ilegales, afectando a la gestión sostenible de los recursos hídricos en un determinado territorio. Por lo tanto, además de ser un delito, el robo de agua es insolidario.

¿Qué se puede hacer para acabar con el robo del agua subterránea en España?

La respuesta es compleja, pero lo que es evidente es que las soluciones aplicadas hasta ahora no han sido suficientes para acabar con el problema. Se estima que, al ritmo actual de cierre de pozos ilegales, harían falta al menos 20 años para ver resultados.

Por tanto, deberían aplicarse soluciones ya conocidas combinadas con nuevas medidas. Podemos citar las siguientes:

  • Perseguir y punir la extracción ilegal: es fundamental reforzar la vigilancia y las sanciones contra aquellos que extraen agua de manera ilegal.
  • Cierre de pozos ilegales: identificar y clausurar los pozos que no cuentan con la autorización necesaria.
  • Cuantificar el agua extraída: implementar sistemas de medición para conocer con precisión cuánta agua se está extrayendo de los acuíferos.
  • Uso de aguas regeneradas: promover y aumentar el uso de aguas reutilizadas para fines agrícolas y otros usos no potables, reduciendo así la dependencia de las aguas subterráneas.
  • Mejora del conocimiento: aumentar la investigación y el conocimiento sobre los acuíferos para gestionarlos de manera más eficiente.
  • Digitalización y control de usos: utilizar tecnologías digitales para monitorizar y controlar el uso del agua subterránea.
  • Protección frente al deterioro: establecer medidas de protección para evitar el deterioro de la calidad y cantidad del agua subterránea.

Estas acciones forman parte de un enfoque integral que busca no solo detener el robo de agua, sino también asegurar la sostenibilidad de los recursos hídricos para el futuro (MITERD). El éxito de estas medidas requiere la colaboración entre las autoridades, la comunidad científica, los usuarios del agua y la sociedad en general.

¿Cómo se puede concienciar a la población sobre este problema?

Un aspecto fundamental para afrontar un problema es hablar de él. 

El problema del robo del agua subterránea se ha considerado “tabú” por resultar una “verdad incómoda” y por generar recelos entre los usuarios. Por ello, concienciar a la población sobre el problema del robo de agua subterránea es crucial para su solución

Algunas estrategias efectivas podrían consistir en:

  • Educación y sensibilización: implementar programas educativos que informen sobre la importancia del agua subterránea y las consecuencias de su extracción ilegal.
  • Campañas de concienciación: lanzar campañas en medios de comunicación y redes sociales para aumentar la visibilidad del problema y promover prácticas sostenibles.
  • Participación comunitaria: involucrar a las comunidades locales en la gestión del agua, incluyendo la identificación y denuncia de extracciones ilegales (se podría habilitar un canal de denuncias anónimas).
  • Colaboración con agricultores: trabajar junto con los agricultores para promover métodos de riego eficientes y el uso de aguas regeneradas, disuadiendo así del empleo de agua ilegal.
  • Tecnología e innovación: Utilizar tecnologías para monitorear los niveles de los acuíferos y detectar extracciones ilegales.
  • Políticas Públicas: Apoyar políticas que fomenten la conservación del agua y castiguen las extracciones ilegales.

Estas acciones pueden ayudar a crear una cultura de respeto y cuidado hacia los recursos hídricos, especialmente de las aguas subterráneas que son menos visibles y por lo tanto no se conoce su importancia y, asegurar su disponibilidad para el futuro. 

La concienciación es un paso fundamental para cambiar comportamientos y fomentar la responsabilidad colectiva en la gestión del agua

El robo de agua en España es un problema multifacético que requiere una mayor concienciación, una mejor regulación y una cooperación entre las autoridades, usuarios y la sociedad para garantizar un uso sostenible de este recurso vital.

En mi opinión, además de perseguir el delito se debería incentivar a los que adoptan buenas prácticas, ¿para cuándo una etiqueta que certifique el origen legal del agua?. Creo que eso nos ayudaría mucho como consumidores y dejaría a un lado a aquellos que actúan al margen de la ley. Si no podemos identificar a los que roban agua, ¿por qué no damos un sello, etiqueta o cualquier otra solución que nos de garantía de que los productos que compramos se han elaborado con agua de origen legal?. Sería una manera de que el propio mercado “expulsara” a aquellos que actúan al margen de la legalidad.

En este delicado asunto, tabú para muchos, lo que hay es una cosa segura, los únicos culpables son los que roban el agua. El robo de agua se está bebiendo nuestros acuíferos. 

Cada cierre de un pozo ilegal es un paso adelante para acabar con el problema del robo de agua. ¡Unámonos para hacerles frente!

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