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"Empujoncitos" para una mejor gestión del agua

  • "Empujoncitos" mejor gestión agua

Sobre el blog

Marta Suárez-Varela Maciá
Profesora de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid.
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Cuando se trata de mejorar la gestión del agua, la “caja de herramientas” que hemos venido utilizando no ha cambiado demasiado en las últimas décadas. Precios o restricciones, en cualquiera de sus variantes. Conseguir que los precios transmitan el valor del agua, o establecer cuotas que limiten un uso ineficiente, es sin duda clave para promover el ahorro, y no estoy proponiendo aquí eliminar estos incentivos.

Sin embargo, hoy vengo a hablaros de una alternativa, que está siendo cada vez más aplicada en otros campos, y que podría ser una interesante incorporación a la gestión del agua: la utilización de los llamados nudges o “empujoncitos”.

El concepto proviene de los economistas Richard Thaler —Premio Nobel de Economía en 2017— y Cass Sunstein, que en su libro “Un pequeño empujón: Mejorando las mejores decisiones sobre salud, dinero y felicidad”, tratan de combinar disciplinas como la economía, la sociología o la psicología, para proponer mejores formas de diseñar políticas públicas, y ampliar así nuestra “caja de herramientas”. Con multitud de ejemplos, Thaler y Sunsstein tratan de entender qué nos lleva a tomar ciertas decisiones, y nos muestran cómo nuestros propios sesgos psicológicos nos conducen a veces a tomar decisiones que no necesariamente nos convienen, ni de manera individual ni como sociedad. Esto tiene una lectura positiva. Si podemos conocer cómo se construyen las decisiones, su “arquitectura”, podemos ajustar esa arquitectura para dar a los consumidores pequeños “empujones” o “motivos” para actuar mejor.

Esta idea, tan sencilla pero a la vez útil, ha sido aplicada a una multitud de áreas. Por ejemplo, sabemos que, en países como Suecia o Austria, en los que la donación de órganos está establecida por defecto, prácticamente la totalidad de las personas donan sus órganos al morir. Sin embargo, en los lugares en los que se tiene que señalar explícitamente que uno desea donar sus órganos, las tasas no suelen superar el 20%. Pequeños cambios en la formulación o “arquitectura” de las decisiones llevan a grandes variaciones en los resultados obtenidos.

La ventaja de los “empujoncitos” es que son fáciles de aplicar, de bajo coste, y, si están bien diseñados, pueden ser muy efectivos

Estos empujoncitos también han sido aplicados a cuestiones medioambientales. Un estudio reciente en Alemania demuestra que los consumidores tienen una inercia elevada en lo que concierne a su proveedor eléctrico y tarifa. Un 69% de los alemanes nunca cambia su proveedor básico, por lo que en las regiones en las que la “tarifa eléctrica verde” es establecida por defecto, y es el consumidor el que tiene que cambiarla si así lo desea, el consumo de energía renovable es bastante superior al de otras regiones. En Copenhague, el simple hecho de colocar pegatinas de color verde de pisadas en dirección a la papelera, hizo que los envoltorios de caramelo que acababan en el suelo se redujeran en un 46%. Sabemos también que las comparaciones sociales, es decir, ofrecer información a los hogares sobre si consumen más o menos que otros hogares (por ejemplo, de su mismo barrio), también suelen resultar efectivas. Algunos otros “empujoncitos” habituales serían dar información en tiempo real, mostrar la información de manera más simple y visible en las facturas o apelar a los sentimientos de justicia social o altruismo.

En agua, estas intervenciones basadas en el comportamiento y en la “arquitectura de la elección” empiezan a ser empleadas, sobre todo las relacionadas con comparaciones sociales. Sin embargo, aún existe un amplio margen para ampliar su uso.

La ventaja de los “empujoncitos” es que son fáciles de aplicar, de bajo coste, y, si están bien diseñados, pueden ser muy efectivos. Es por ello que varios gobiernos, como el de Obama en EE.UU. (y ahora el de Biden), o el de Cameron en Reino Unido, impulsaron la creación de unidades de políticas públicas “basadas en el comportamiento”, y por lo que organismos como Banco Mundial, la OCDE o la Comisión Europea recomiendan también su aplicación.

Por tanto, ¿por qué no animarnos a darle un “empujoncito” a estas iniciativas en el sector del agua?

Redacción iAgua