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Cubicajes, mediciones y curiosas comparaciones

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Sobre el blog

Miguel Angel Monge Redondo
Ingeniero Técnico Agrícola por la UPM. Autor del libro: Diseño agronómico e hidráulico de riegos agrícolas a presión. Nominado mejor post premios iagua 2017
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Es una sensación extraña porque voy a empezar este post con una breve leyenda religiosa pero dudo sobre la forma de continuar la historia y más desazón aún me causa pensar que no tengo claro cómo terminará. Te lo digo porque me asalta la impresión de que en cualquier momento podría comenzar a dar bandazos narrativos, como si estuviese jugando a las mazas con los párrafos. Por tanto, he de advertirte que si tienes el concepto de que soy una persona seria y rigurosa escribiendo, lo cual te agradezco porque esa es mi intención cada vez que publico en iAgua, espero que al terminar de leer este artículo sigas conservando esa opinión y consideres las siguientes líneas una licencia que me he permitido en una apacible aunque calurosa tarde de verano.

La historia de San Agustín y el niño junto al mar

Cuenta la leyenda que un día San Agustín paseaba por la orilla del mar, reflexionando sobre el origen del mundo. De repente, alza la vista y ve a un niño que está jugando en la arena, a la orilla del mar. Le observa más de cerca y ve que el niño corre hacia el mar, llena un cubo de agua, y vuelve donde estaba antes y vacía el agua en un hoyo.

Así el niño llena y vacía el cubo una y otra vez. San Agustín, con gran curiosidad, se acerca al niño y le pregunta: "Oye, niño, ¿qué haces?" Y el niño le responde: "Estoy sacando toda el agua del mar y la voy a meter en este hoyo". Y San Agustín dice: "Pero, eso es imposible".

Y el niño responde: "Imposible es conseguir lo que intentas: tratar de comprender en tu pequeña mente el misterio de la creación".

Un profesor nos contó esa historia una vez. Yo era un niño, de edad parecida al que jugaba junto al mar, y lo que me fascinó fue pensar en la increíble posibilidad de que toda esa inmensa agua pudiera colarse por un agujero. En aquél entonces evidentemente no sabría decir cuánto tiempo tardaría toda el agua del mar en desaparecer por un hoyo y, pasados los años, se convirtió en una probabilidad tan improbable que dejé de pensar en ella.

¿Medimos un poquito?

Siempre me llamó la atención la forma del agua. Si no habéis visto la película de Guillermo del Toro os la recomiendo.

(Ahí alguien ha levantado el brazo)... ¿Sí?

- Pero… ¿qué forma tiene el agua?

Esa es la gracia, que no tiene forma alguna y, por otra parte, puede tener todas las formas. Al agua le podemos dar la forma que deseemos. Bajo un punto de vista artístico es una sustancia muy agradecida y de la que se puede obtener mucho provecho, y si no, preguntádselo a los diseñadores de botellas.

Sin embargo aquí estamos hablando de pequeñas cantidades: cuarto de litro, un litro, dos a lo sumo… Estas cantidades las controlamos bien ¿verdad? Si cambiamos las botellas por los garrafones, bueno, no son tan artísticos como las botellas, pero también los controlamos bien ya que tenemos una clara referencia de sus volúmenes y de su peso, a lo que habría que añadir la necesidad de una no menos importante forma, pero en este caso física. Yo manejo bien un bidón de 5 litros, pero reconozco que me cuesta horrores manejar la bombona de butano.

Sin embargo, cuando pasamos a volúmenes mucho, pero mucho mayores, ¡ay amiga!, la cosa cambia…

El equivalente al año luz, pero en volumen

Los que somos aficionados a la astronomía y hemos asistido en alguna ocasión a alguna actividad nocturna a cielo abierto, no nos sorprende que nos diga el astrónomo de turno que la resplandeciente Vega, situada en la constelación Lyra, se encuentre a 25 años luz de La Tierra.

Cuando se manejan habitualmente grandes magnitudes, la mente tiene que hacer menos esfuerzo para realizar comparaciones entre, por ejemplo, distancias muy grandes. Si no estamos acostumbrados a ello, cuesta un poquito más, y, a veces, hasta nos resulta imposible.

(Allí hay otro brazo levantado)… ¿Oui?

- ¿Pero qué tiene que ver eso con el agua? (risas)

Bien, os comentaba antes de subir al espacio que controlamos bien los volúmenes que estamos acostumbrados a manejar. Y ya que hablamos de volúmenes, si me permites, te hago otra pregunta:

¿Sabes cuantos litros de agua caben en la bañera de tu casa?

(Gesto de no saberlo y mano del compañero sentado atrás despeinándole la cabeza)

Pues ahí es donde os quería llevar, a que por medio de comparaciones podamos tener una mejor idea de algunas magnitudes. Y os he traído el ejemplo del año luz, ya que, si bien en el espacio es la unidad de medida habitual entre las enormes distancias que separan los astros, aquí en nuestra pequeña y delicada Tierra, para hablar de grandes, muy grandes volúmenes de agua, vamos a utilizar otra gran unidad de medida.

¿Una botella con 10.000 litros de agua?

¡Qué! ¿Creéis que sería posible fabricarla?

(Evidentemente no se lo creen, aunque no sé, algunos del final parece que dudan)

Fijaos, si yo vierto un litro de agua sobre una superficie de un metro cuadrado (un cuadrado de 1 metro a cada lado), la altura que alcanzaría el agua sería de 1 milímetro.

(Hago la prueba real con unos trastos que me he agenciado en un chino)

Los meteorólogos emplean mucho esta unidad de medida. Les habréis oído decir por ejemplo “anoche se recogieron 36 mm en una hora”. Por cierto, como ha salido el tema, deciros que leí hace unos días que el récord de la hora lo tenía Santa Cruz de Tenerife con 130.

(Salta en el asiento la chica canaria…:-)

La precipitación media de todo un año en la ciudad de Almería es de 200 mm.

Bueno, sigamos con el ejemplo. Si vierto 2 litros, pues la altura sería ahora de 2 milímetros ¿Lo veis? Si echase 50 litros, cosa que por supuesto no voy a hacer, la altura sería de 50 milímetros. Así de fácil.

A ver, ¿cuántos litros tengo que echar para que el agua suba 1 metro?

(Un bosque de brazos, ¡qué máquinas!)

Eso es, 1.000 litros. Por tanto nuestro metro cúbico tiene una capacidad de mil litros, o lo que es lo mismo, el equivalente al contenido de mil botellas de agua de un litro. Hasta aquí todo entendido.

Enseguida lo complicaremos un poco. Supongamos que el recipiente sobre el que vertemos el agua en vez de 1 metro tuviese 100 metros, sí ¡cien metros a cada lado!, es decir, la superficie de una hectárea.

Si vertiésemos un litro de agua en una hectárea, ¿qué altura alcanzaría?

(Esta vez no hay ni una duda)

Efectivamente. No se notaría nada, porque un litro de agua sobre esa superficie tan grande parecería una... vamos a decir gota.

Ahora vamos a echar más cantidad de agua en esa hectárea. Decidme, ¿cuántos litros tendríamos que verter para que la lámina alcanzase un milímetro de altura?

10.000 litros, ¿no?

Très bien! Lo habéis pillado al vuelo. Ya veo que andáis despiertos.

Vale, pues como hemos cambiado de recipiente, vamos a cambiar también de botella para seguir con la misma relación matemática del ejemplo anterior. Esta nueva y enorme botella no será tan manejable pero nos ahorrará mucho tiempo.

Siguiente pregunta. Para que el agua alcance ahora una altura de 100 metros en ese imaginario recipiente de una hectárea, ¿cuántas botellas de 10.000 litros tengo que verter?

- ¡100.000 botellas! (han sido varios los que han llegado a la meta, tienen las pilas cargadas, fantástico)

Cien mil botellas de diez mil litros cada una. Es decir, mil millones de litros, o lo que es lo mismo: mil millones de botellas de litro.

(Comentarios, murmullos…)

¡Ssssssssh!

Pues precisamente eso es lo que contiene un hectómetro cúbico de agua.

¿Qué podemos hacer con un hectómetro cúbico de agua?

(Todos tienen la calculadora preparada en la parrilla de salida… saben lo que viene ahora. Cómo me conocen)

A ver, tú que eres una chica despierta. Lanza la primera pregunta al aire a tus compañeros.

(Mirada hacia el techo, mueca, allá va…)

- ¿Cuánto tiempo podría una persona beber si cada día bebiese, mmmh… dos litros y medio de agua?

(¡Zas!, todos haciendo números…)

- ¿1.095.890 años? (exclama alguien al fondo con sorpresa)

Sí, lo has calculado bien, ni un año más ni uno menos. Más de un millón de años bebiendo de ese hectómetro cúbico. Increíble ¿verdad? Pero como nadie es capaz de beber tanto tiempo voy a formular la pregunta de otra manera: a ver, ¿cuántas personas podrían beber de ese hectómetro cúbico durante un año?

- ¡1.095.890 personas! (comentan aquí y allá cruzando miradas de curiosidad)

¡Wow! los números. Tienen algo de mágico ¿no creéis?

Con nuestro “hache eme tres” tendríamos agua para más de un millón de personas durante todo un año.

(Vaya, el que casi nunca pregunta ha levantado la mano…)

¡Escuchad!

- ¿Cuántas piscinas olímpicas podrían llenarse?

Parfait. Supongamos que cada piscina contiene un volumen de agua de 2,5 millones de litros, que es lo habitual. A ver, dímelo tú, ¿cuántas serían?

(Le lleva nada calcularlo)

- ¡400 piscinas!

(Se responde a sí mismo satisfecho. No puede ocultar que le gusta nadar…)

Así podríamos estar horas y horas, pero antes de que suene el timbre os quería decir algo. Aunque parezca mucho, en realidad un hectómetro cúbico es muy poco. El consumo de agua es muy grande y cada vez lo será más, porque cada año crece la población mundial. El uso que hacemos en nuestras casas, en la industria, el turismo, la agricultura, hace que toda esa agua contenida en ese hm3 se gaste muy deprisa, por lo que es obligación de todos realizar un consumo razonable y no malgastarla.

Os pondré un último ejemplo (miro de reojo el reloj de pared, cómo corre el tiempo)

Sabed que doscientas cincuenta hectáreas de maíz dulce cultivadas en Castilla- La Mancha necesitan en doce semanas un hectómetro cúbico de agua de riego, es decir, se beben en tres meses lo que más de un millón de personas en todo un año. Y si no se aporta esa cantidad de agua al cultivo, os quedaréis este verano sin probar una suculenta mazorca a la plancha.

Otra curiosidad: el barrio de Salamanca de Madrid, con 145.000 habitantes, tiene la misma superficie que nuestro campo de maíz manchego.

Riiiiinnnnnggg (suena la campana, movimiento, bullicio, prisas…)

¡Un momento!

(¿Atención mal disimulada?, no, en el fondo son buenos chicos, atienden ;-)

Antes de que os vayáis de vacaciones os propongo pensar, ya que vais a disponer de mucho tiempo libre, en un nuevo juego.

(Expectación contenida)

Bien, imaginemos que, debido al intenso y prolongado cambio climático, se llegase a una situación tan grave que la falta de agua se convirtiese en el principal problema en nuestro planeta. Supongamos que ese hecho llevase a la comunidad de países a crear un nuevo sistema monetario basado en una nueva moneda que vamos a llamar “Watercoin”. Id pensando en diferentes formas de utilizar ese dinero ficticio, por ejemplo, cómo serían los trasvases monetarios entre países o la cantidad mínima o máxima de dinero líquido que expedirían los cajeros automáticos, ¿Quiénes compondrían la nueva rich water people?, ¿Cuál sería el lugar idóneo para almacenar las reservas de caudales de un hipotético World Water Bank? Pensad en todo lo que se os ocurra aunque os parezca inverosímil…Venga, moved la imaginación, se trata de un juego y, a la vuelta, estableceremos las reglas, diseñaremos un elegante y llamativo tablero y jugaremos al Watermove o como lo queráis llamar. Y yo, por si acaso, visitaré la oficina de patentes y marcas porque nunca se sabe en qué puede acabar, digamos, esta aventura veraniega... ;-P

Y ya por último… (señalo tranquilamente la puerta de salida con el brazo extendido)… ¡Disfrutad del verano!

(…3…2...1, Estampida)

Bueno… Ya se han ido todos y así hemos llegado al final del relato (meto las cosas del escritorio en el cajón bajo la mesa). Recordarás que te dije al principio que no sabía de qué forma hilvanaría esta historia y mira por donde se ha terminado de la mejor manera, con unas vacaciones (me dirijo lentamente hacia la puerta abierta). Aquí tenemos que despedirnos y lo haré deseándote lo mismo que les acabo de decir a ellos:

¡Que lo disfrutes!

(>‿◠)

¡Clac!

FIN

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