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Sequía, cambio climático y río Segura

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  • Sequía, cambio climático y río Segura
  • Los tratamientos para la recuperación de las aguas residuales urbanas resultan fundamentales para el río Segura.

Sobre el blog

Miguel Ángel Ródenas Cañada
Presidente de la Confederación Hidrográfica del Segura

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La cuenca del Segura afronta ya su cuarto año hidrológico de sequía, un escenario de escasez extrema con la que esta zona de España suele convivir, ya que es la demarcación con menor régimen de lluvias de la Europa continental. Sin embargo, el cambio climático puede estar agravando la situación, pues se percibe una tendencia a periodos más frecuentes y prolongados de falta de agua, que además afecta a zonas del país que tradicionalmente eran húmedas.

En la cuenca del Segura contamos con una amplia experiencia en la gestión de los recursos hídricos en situaciones de escasez, lo que nos ha permitido durante estos tres últimos años de sequía atender razonablemente todos los usos del agua. El agua acumulada en los embalses durante el gran episodio de lluvias de 2013 ha posibilitado dosificar las reservas durante estos cuatro años de sequía. Aún así, la Junta de Gobierno del organismo de cuenca decidió iniciar el presente año hidrológico con fuertes medidas de ahorro para el regadío para intentar contar con recursos en primavera y verano, una decisión aprobada por unanimidad por los usuarios, conscientes de la prioridad de atender el abastecimiento y el caudal ecológico.

Desde mayo de 2015, el Gobierno, a través del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente y de la Confederación Hidrográfica del Segura, ha puesto en marcha numerosas medidas, gracias a un Real Decreto de sequía que se ha prorrogado tres veces y con el que se ha conseguido poner a disposición de los usuarios más de 330 hectómetros cúbicos de recursos adicionales de agua. Se han aportado recursos extraordinarios procedentes de agua desalada y pozos de sequía y se han llevado a cabo otras iniciativas como la aprobación, el pasado 9 de junio, de un Real Decreto ley con medidas urgentes para paliar los efectos de la sequía que está permitiendo aplicar exenciones como las relativas a las tarifas y cánones vinculados a la disponibilidad de recursos hídricos.

Pero, ¿cómo han afectado al río Segura estas condiciones climáticas extremas? Hasta el momento se han atendido las demandas del abastecimiento y el caudal ecológico e incluso ha sido posible realizar puntuales riegos de socorro en las Vegas del Segura, estrictamente dirigidos por la Comisaría de Aguas. Las medidas extraordinarias citadas anteriormente han ayudado, pero también a la milenaria cultura del agua desarrollada en esta cuenca.

El río Segura tiene dos partes muy diferenciadas; desde su nacimiento en Jaén hasta el azud de Ojós, se trata de un cauce natural y sólo parcialmente intervenido por el hombre. Hasta su desembocadura, sin embargo, forma parte de la red que hace de la cuenca del Segura una de las demarcaciones hidrográficas más interconectadas del mundo y permite suministrar recursos de fuentes diversas a casi cualquier zona. Es este segundo tramo el más antropizado debido a las obras de defensa de avenidas, y también el más poblado; por tanto, donde resulta más necesaria la acción de la Administración.

Los tratamientos para la recuperación de las aguas residuales urbanas resultan fundamentales para el río Segura, pues no sólo garantizan la calidad del recurso (con uno de los índices de depuración cercano al 100%) sino que también inyecta caudales vitales para la flora y la fauna. Por ello, se han realizado proyectos de restauración medioambiental como el Segura Riverlink, para facilitar las migraciones de los peces, y el Ripisilvanatura, para recuperar el bosque de ribera. Gracias a estos avances el río Segura ha logrado el prestigioso galardón European Riverprize a la mejor Recuperación Medioambiental de un río en Europa.

Finalmente, este difícil equilibrio entre protección del ecosistema y atención a las demandas de los usuarios, resulta cada vez más complicado en una cuenca con déficit estructural y afectada además de forma cada vez más frecuentes por la sequía. Este gran reto no se puede resolver internamente, sino que resulta absolutamente necesario aplicar políticas de estado.

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