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La importancia de los humedales costeros en un contexto de cambio climático

  • importancia humedales costeros contexto cambio climático

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Portada iAgua Magazine

Sobre el blog

Miquel Rafa
Biólogo y director de Sostenibilidad y Naturaleza de la Fundación Catalunya La Pedrera.

Es bien conocida la importancia de los humedales, y los situados en la costa en particular, como hábitats de gran valor para la biodiversidad: las aves suelen ser las más vistosas y conocidas, pero también encontramos gran número y riqueza de invertebrados, peces, anfibios, etc., muchos de las cuales son especies escasas o amenazadas. La mayor parte de estos humedales, aun de pequeño tamaño, son paradas obligadas para las aves en migración, tanto en primavera como en otoño, como estaciones de servicio indispensables para sus rutas migratorias. En general, la productividad primaria (o fotosintética) de estos ecosistemas acuáticos es la más elevada en nuestras latitudes, y solo los arrecifes coralinos o los manglares pueden rivalizar con estas grandes factorías de naturaleza. Evidentemente, el agua es el factor clave para explicarlo, matizada por factores como la salinidad y la temperatura. Así pues, una visita a un humedal costero es garantía de poder observar una naturaleza abundante y rica.

La restauración de estos humedales (por cierto, algo que será de obligado cumplimiento a partir de la reciente aprobación de la Directiva europea de restauración ecológica) es un proceso que suele dar resultados espectaculares y muy rápidos, como hemos podido observar, por ejemplo, en el delta del Ebro, donde en los últimos años se ha realizado un ambicioso proyecto europeo de restauración de los humedales litorales en las lagunas y marismas de la Tancada y la Alfacada.

Quizás no son tan conocidos otros servicios ecosistémicos que prestan los humedales, en particular relacionados con el cambio climático

La naturaleza, una vez restaurados los hábitats y la dinámica hidrológica natural, responde de manera generosa y agradecida, prácticamente desde el primer momento. Por ejemplo, en los saladares próximos al centro de educación Món Natura Delta, reconstruidos a partir de una piscifactoría abandonada, se instaló una colonia de la amenazada gaviota de Audouin a las pocas semanas de haber completado los trabajos de restauración y retirada de una línea eléctrica obsoleta, a escasa distancia de los observatorios y para satisfacción de los visitantes y observadores de aves.

Sin embargo, quizás no son tan conocidos otros servicios ecosistémicos que prestan estos humedales, en particular relacionados con el cambio climático, el gran reto global que tenemos planteado actualmente. En el delta del Ebro, la falta de sedimentos aportados por el río, sumada a la subsidencia natural de la plataforma deltaica (el substrato se va hundiendo lentamente) y a la subida del nivel del mar, hacen un cóctel ambiental explosivo en este frágil territorio. Por si no fuera poco, el aumento de la energía atmosférica en el Mediterráneo nos está trayendo un aumento del número e intensidad de grandes tormentas, como el temporal Gloria o de los nuevos “medicanes” (huracanes mediterráneos), con consecuencias devastadoras para el frente litoral. Y, como se ha podido visualizar a lo largo de estas últimas tormentas, allí donde el litoral resiste mejor es donde aún existe el sistema natural “playa-duna-humedal”, como en la zona restaurada de la laguna de la Alfacada, que actuó como una esponja de amortiguación del agua marina y de protección de los cultivos y arrozales situados más al interior. Así pues, las zonas húmedas litorales también cumplen una función de defensa del litoral que, por ahora, es la más eficiente y eficaz, también en términos económicos.

Y, en tercer lugar, estamos descubriendo que los humedales son el ecosistema que más activamente funciona como sumidero de carbono, contribuyendo así a la mitigación del cambio climático. Cada año fijan diez veces más que una selva tropical, por unidad de superficie, y almacenan en el limo o turba hasta cinco veces más carbono que las selvas. Por el contrario, su pérdida o degradación no solo elimina este efecto positivo de fijación de carbono, sino que puede entrar en negativo y ser emisores, al perderse el reservorio de carbono y, por el contrario, desprender más metano, que es un gas con un poderoso efecto invernadero.

Redacción iAgua