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Guerra a la caña, ¿son los animales nuestros aliados?

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Sobre el blog

Pablo Albaladejo
Informo y escribo sobre el agua en el departamento de Prensa de la Confederación Hidrográfica del Segura
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La caña común (Arundo donax) es el principal enemigo vegetal de los ecosistemas hídricos en la cuenca del Segura y otras regiones de similar climatología. Su desarrollo en los cauces resulta imparable, invadiendo y monopolizando la zona en detrimento del bosque de ribera ya sea en ríos, ramblas o acequias. Tradicionalmente esta invasión se ha combatido con podas, un método que se ha demostrado poco efectivo por su elevado coste y limitada efectividad temporal, aunque en los últimos años se han desarrollado nuevas técnicas más sostenibles, en consonancia con la evolución de la propia perspectiva medioambiental de los ciudadanos.

Sin embargo, existe otra opción que combina la sostenibilidad medioambiental, económica y social: el uso de ganadería. En este artículo intentaremos descubrir cómo los animales nos pueden ayudar a frenar a la vegetación y si resultan aplicables a la lucha contra la caña.

Pero antes conozcamos un poco más al enemigo:

¿Por qué luchamos?

El impacto de la Arundo donax es demoledor por tres motivos:

  1. Consume entre tres y diez veces más agua que las especies autóctonas del bosque de ribera, lo que en cuencas tan afectadas por la escasez hídrica como la del Segura resulta muy perjudicial.
  2. Disminuye la capacidad de evacuación de agua de los cauces. En caso de grandes crecidas, puede colapsar los cauces y infraestructuras viarias que los atraviesan, provocando inundaciones.
  3. Suele ser presa de incendios cuando se seca y puede llevar las llamas hasta otras especies autóctonas que no se recuperan con tanta velocidad del fuego.
  4. Como se ha indicado, impide el desarrollo del bosque de ribera, formado por especies que crecen de forma más lenta y que se multiplican con menos rapidez. Los álamos, almeces, olmos, tarays, lentiscos, adelfas, juncos, eneas y madreselvas son la vegetación tradicional de los cauces de la cuenca del Segura y forman además el hábitat natural de la fauna autóctona ligada al ecosistema hídrico. En general, la caña empobrece el ecosistema.

Por eso, no es de extrañar que la lucha contra la caña invasora sea una prioridad para organismos como la Confederación Hidrográfica del Segura. Desde hace muchos años se combate por la simple técnica de la poda, ya sea manualmente o mediante maquinaria pesada, pero ya se ha demostrado que no es suficiente.

¿Estamos ganando?

Hay que reconocer que no estamos ganando la guerra contra la caña invasora, al menos no con los métodos tradicionales. La poda por sí sola sólo es una solución temporal (la caña crece entre 3 y 4 centímetros al día) e incluso puede llegar a reforzar la planta y facilitar su propagación. Las administraciones públicas deben gastar mucho dinero para realizar estas limpiezas del cauce.


Retirada de la lona geotextil tras un tratamiento en el río Mundo (Hellín)

Además, los tiempos cambian y también, afortunadamente, el compromiso de la población con el medio ambiente. Ahora ya no se perciben de forma tan positiva las podas masivas con maquinaria, por mucho que la imagen del río Segura anegado por cañas resulte igualmente molesta. Los ciudadanos exigen medidas duraderas y sostenibles.

Por eso, la Confederación del Segura está aplicando otras estrategias más sostenibles como las podas recurrentes o la cobertura con geotextiles. Existen además otros métodos, que pueden ser consultados en este enlace.

Pero, quizás podamos contar con otros compañeros de armas.


Cabras pastando en una zona de cañas de Gran Canaria

¿Cómo nos pueden ayudar los animales?

El ganado pasta cada día, y aunque las cañas una vez crecidas no son comestibles, sí lo son sus brotes. Tras una primera poda con maquinaria, un acuerdo económico con los ganaderos del lugar para que pastoreen los cauces puede servir para contener la invasión de una forma natural, sostenible medioambiental y económicamente. Por un lado se beneficia a la economía ganadera local, por otro, se evita el desarrollo de una especie invasora con una inversión muy reducida.

Actualmente dos comunidades autónomas españolas tienen muy avanzados sus programas de control vegetal mediante ganado. Se trata de Canarias y Andalucía. En las islas, el Cabildo de Gran Canaria acaba de aprobar un programa que financia con entre 20 y 130 euros la hectárea de monte pastoreada con ganadería ovina y caprina, delimitando las zonas de actuación. En Andalucía se ha creado la Red de Áreas de Pasto Cortafuegos, que igualmente subvenciona a los pastores por recorrer zonas previamente fijadas como pasillos para dificultar el avance de los incendios. La Comunidad Valenciana, que en 2015 realizó una experiencia pionera en la comarca de Los Serranos con caballos, también ha anunciado un proyecto similar.


Uno de los rebaños de ovejas de la red de pastoreo cortafuegos de Andalucía

Suena esperanzador, pero debemos fijarnos en un detalle. No es lo mismo eliminar herbáceas que crecen en una zona de monte con árboles adultos, que cañas junto al bosque de ribera.

"El ganado no es la solución, su impacto sobre el terreno es muy negativo". Esta es la conclusión de Vicente del Toro y no es una opinión cualquiera. Del Toro es el autor de un completo y muy recomendable manual sobre la Arundo donax y los métodos para acabar con ella , y, de hecho, la Confederación Hidrográfica del Segura ha aplicado sus teorías en el desarrollo de los dos proyectos que ha combatido a la flora invasora en la cuenca del Segura: Ripisilva Natura y Segura Riverlink.

"El problema de utilizar animales en los cauces es que no sólo se comen la caña, sino toda clase de vegetación, por lo que no permiten el crecimiento de especies autóctonas", señala. Además "su impacto en el terreno es muy negativo, tanto físicamente, por el aplastamiento de la zona, como por el depósito de nitratos" proveniente de sus deposiciones o lo que es lo mismo, la eutrofización: proliferación de biomasa vegetal debido a la excesiva presencia de nutrientes.

Entonces, ¿nos rendimos?

Bueno, en primer lugar, y como se puede comprobar en el manual de Del Toro y las experiencias desarrolladas en la cuenca del Segura, los nuevos métodos de lucha contra la caña invasora sí funcionan.

Pero quizás también hay hueco para nuestros compañeros de cuatro patas en un campo de batalla que hasta ahora no hemos contemplado: los cauces desnaturalizados. Hay ciertos tramos de ríos y ramblas que pese a tener taludes y lecho arenoso, en realidad funcionan más como canales artificiales. En la cuenca del Segura se trata sobre todo de la parte baja del río Segura o de canales contra avenidas como el Reguerón, donde no existe ni puede existir el bosque de ribera, pero sí proliferan las cañas.

Esto ha llevado a la CHS a desarrollar un proyecto para averiguar cuántas cabezas de ganado son necesarias para crear una zona libre de cañas en un tramo de tres kilómetros del canal del Reguerón. La idea partió, explica Eduardo La Fuente, técnico de la Confederación, de la observación de "algunas zonas de la Vega Baja en las cuales los pastores llevan a sus rebaños a pastar al río Segura" y donde la Arundo donax no consigue extenderse.

Como conclusión se decidió que serían necesarios "unos 300 ejemplares de ovejas o cabras, que realizarían pasadas, tras la poda inicial, con una frecuencia de entre tres y diez días, siempre antes de que los brotes de la caña superaran los 20 centímetros de altura". Este proyecto, sin embargo, no fue finalmente puesto en marcha y no ha sido posible, por tanto, verificar su resultado.

Una nueva esperanza

Podemos concluir, por tanto, que existen más interrogantes que certezas en nuestra alianza con el ganado para combatir la caña invasora. No contamos todavía con experiencias exitosas de esta estrategia y, como se ha señalado, sí con muchas objeciones.


Brotes de caña mordisqueados en el cauce del río Segura en Archena

No querría terminar este artículo sin citar algo que nos ocurrió hace unas semanas, cuando visitamos una actuación de corte de cañas y plantación de bosque de ribera en el río Segura, en la población murciana de Archena. Cuando nos acercábamos a la zona tratada, pudimos ver un grupo de ocas  que se marchaban al vernos. Al llegar al lugar, observamos como prácticamente todos los brotes de caña estaban mordisqueados. Habíamos considerado ovejas, cabras y hasta caballos, pero nos habíamos olvidado precisamente de una especie que hace de los los ríos su hogar, ¿son las ocas nuestra nueva esperanza?

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