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Podemos hacer ciudades sostenibles

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Sobre el blog

Paula Sánchez
Comunicación en iAgua. A veces escribo.
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El crecimiento de la población, que no parece aminorar, supone que cada vez se necesiten más medidas para salvaguardar el planeta.

Cuanta más gente, más residuos y más contaminación. Parece sencillo, ¿no?

Pero cierto es que no está comprobado que el crecimiento poblacional obedezca directamente al aumento de contaminación en las grandes urbes, si no más bien a la falta de solidaridad medioambiental y de educación en materia de medio ambiente que parecemos tener los ciudadanos.

El problema de la contaminación ha sido considerado un desafío a nivel mundial, especialmente cuando hablamos en términos de calentamiento global. Se cree que principalmente ocurre en los países más desarrollados, donde se concentra el mayor foco de industria, pero en países en vías de desarrollo, como India, también ocurre.

Quizás esto nos sugiera que la contaminación se debe más al tipo de comportamiento de los ciudadanos que a la industrialización.

Contaminación en China. Fuente: Wikipedia

China es uno de los países más contaminados del mundo y también el país que concentra mayor población actualmente, unos 22 millones de habitantes tan sólo en su capital. Sin embargo, ha logrado reducir su contaminación en sus ciudades más pobladas, como Pekín, estableciendo medidas como la restricción de la circulación de coches por áreas urbanas, el control de gases de sus fábricas y la prohibición de usar carbón para calentarse, sustituyéndose por gas.

Esto nos lleva a pensar que quizás no sea tan difícil emplear medidas para reducir la contaminación y hacer frente al calentamiento global.

¿Qué es una ciudad sostenible?

Las ciudades verdes están a la orden del día.
El consumo desmedido, la escasez de recursos primordiales, como agua y energía, y la desigualdad social han agilizado la necesidad de los Gobiernos para conseguir que las ciudades sean sostenibles.

La necesidad de cuidar el planeta y mejorar la vida de los ciudadanos, sin poner en riesgo sus recursos, es uno de los objetivos que se planteó la Organización de las Naciones Unidas y que sentó las bases para reforzar el compromiso de las ciudades con el cuidado del medio ambiente y de quienes las habitan.

Estas ciudades sostenibles, o ciudades verdes, cuentan con diversos espacios naturales que sirven de filtro contaminante para la ciudad, albergan edificios sostenibles y planes de recuperación medioambiental y educación ciudadana, para concienciar acerca de la necesidad de reciclar y reducir las emisiones de gases contaminantes.

Ciudades sostenibles

El ejemplo de que podemos reducir la contaminación y hacer de nuestras ciudades algo sostenible la tenemos en ciudades como Copenhague, Capital Verde europea en el año 2014, que fomenta el transporte sostenible y la gestión de residuos, y es una de las ciudades con la emisión más baja de CO2 desde hace años.

En Latinoamérica, Ciudad de México fue nombrada en 1992 como la ciudad más contaminada del planeta según Naciones Unidas, y tras la implantación de una serie de planes (denominados ProAire), 20 años después, en 2012, sus emisiones de carbono se redujeron en 7,7 millones de toneladas. Tan sólo con cerrar sus fábricas más contaminantes y prohibir usar los coches un día por semana en sus áreas metropolitanas, consiguieron esta cifra.

Ciudades libres de coches, como Ámsterdam

Toronto tiene un plan de acción contra el cambio climático que le permitirá reducir sus emisiones de gases a la atmósfera en un 80% antes de 2050, Reykjavik, se abastece casi al completo por energías renovables y Nueva York, que a primera vista pa rece una de las ciudades más contaminantes del mundo, implementó en 2014 el plan “One City: Built to Last”, para gestionar de manera eficiente su energía, con alternativas verdes y que eviten emitir gases a la atmósfera.

El agua como medida sostenible​

El agua se convierte en un elemento clave en la gestión de la ciudad, más ahora que se le da tanta importancia a la correcta gestión hídrica, y que las cifras de agua en el mundo parecen virar a la escala negativa.

Alrededor de dos millones de personas mueren al año por falta de agua potable, y más de 2.300 millones de personas no tienen acceso a saneamiento de manera habitual. Los datos resultan especialmente alarmante, ya que es probable que en 15 años la mitad de la población no tenga acceso a agua, porque no hay recursos para todos.

Es necesario pues, gestionar los recursos hídricos para poder solventar un problema que no parece tener salida. En este contexto, las ciudades sostenibles juegan un papel especialmente importante, permitiendo optimizar este recurso y evitando que se degrade.

Los edificios de estas nuevas ciudades sostenibles deberían contar con dispositivos de ahorro de agua, así como espacios verdes que requieran bajo consumo de agua. El abastecimiento de agua habría de ser controlada y al menos un 20-30% del suministro hídrico debería estar reciclado de agua de lluvia y residuos.

Esto lo saben bien en ciudades como Denver, EEUU, donde se realizaron campañas de concienciación ciudadana para el ahorro de agua o Copenhague, donde un sistema de canalización de agua en los tejados destina directamente el agua de lluvia para riego de zonas verdes.

Parece que la lucha contra el cambio climático es posible siempre y cuando se sepan gestionar de manera eficiente los recursos y se asuma la necesidad primordial de reeducar a los ciudadanos en materia medioambiental, para conseguir que la lucha contra el cambio climático sea una victoria a tiempo.

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