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¿Cuántos litros de agua llevamos puestos?

Sobre el blog

Paz Molina Elías
Ingeniera Química por la Universidad Autónoma de Madrid, con máster en Ingeniería Química por la Escuela de Industriales de la UPM de Madrid. ¡Adentrándome en el mundo del agua!
  • ¿Cuántos litros agua llevamos puestos?

La industria textil satisface una de las necesidades vitales del hombre. Se trata de un sector que abarca las actividades dedicadas a la fabricación y obtención de fibras, hilado, tejido, tintado, acabado y confección de las prendas. Fue una de las primeras industrias en desarrollarse y se estima que en la actualidad emplea en torno a 300 millones de trabajadores en el mundo.

En los últimos años, este sector ha experimentado importantes cambios. Según cifras facilitadas por el Parlamento Europeo, en las últimas décadas la venta de prendas textiles en la Unión Europea ha aumentado en un 40%. Estos datos se explican, principalmente, por la caída de los precios de las prendas, ya que muchas de las empresas textiles optan por ofrecer productos de peor calidad y, por lo tanto, con una vida útil mucho menor. Este aumento significativo de la producción tiene, además, un impacto muy negativo en el medio ambiente y, más en concreto, en la cantidad de agua requerida para mantener la producción.

La huella hídrica, definida como el volumen total de agua dulce empleada para producir productos y servicios es, junto con la huella de carbono, uno de los principales indicadores de los efectos que una actividad tiene sobre el medio ambiente. Este indicador, por lo tanto, cobra especial relevancia en aquellas industrias que requieren de grandes cantidades de agua para el desarrollo de sus actividades.

El ser humano está contaminando el agua más rápido de lo que la naturaleza puede reciclar y purificar el agua en los ríos y lago

La industria textil es uno de los sectores que más agua consume. Aproximadamente, de las 80 mil millones de prendas fabricadas al año a nivel mundial, el 40% están conformadas por tejidos de algodón, fibra textil vegetal que requiere de grandes cantidades de agua para su cultivo, únicamente por detrás del agua empleada en los cultivos de arroz y trigo. Para entender la magnitud de las cifras, resulta importante resaltar el siguiente aspecto: la elaboración de una camiseta de algodón requiere de 2.700 litros de agua, cantidad suficiente para que una persona beba durante 900 días. Por otro lado, las fibras como el poliéster o nylon, derivados del petróleo, también contribuyen al incremento de la huella de agua de la industria textil y, con el lavado de la ropa, estas fibras se descomponen en el agua pasando a formar parte de ella como microplásticos.

En los últimos años, la preocupación de las instituciones y la sociedad por el medio ambiente ha provocado que las empresas se vean en la obligación de optimizar y mejorar los procesos para poder adaptarse a legislaciones de emisiones y consumo de materias primas cada vez más restrictivas, siendo el consumo de agua uno de los principales aspectos a considerar. Esta preocupación se refleja en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), iniciativa impulsada desde las Naciones Unidas para dar continuidad a la agenda de desarrollo tras los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). De entre los 17 objetivos establecidos, el ODS 12, producción y consumo responsables, se enfoca en fomentar el uso eficiente de los recursos y la energía, minimizando la degradación y contaminación a la par que se logra una mejor calidad de vida.

El ser humano está contaminando el agua más rápido de lo que la naturaleza puede reciclar y purificar el agua en los ríos y lagos y, además, más de 1000 millones de personas todavía no tienen acceso a agua potable. De esta forma, a partir de los objetivos propuestos se pretende que las empresas minimicen al máximo el consumo y contaminación del agua como consecuencia de sus actividades.

Desde el sector textil, se están impulsando diferentes iniciativas para hacer frente a este problema, como la investigación sobre nuevos tejidos más sostenibles. Uno de los tejidos que suena con más fuerza es el algodón orgánico, cultivado sin fertilizantes y con unos requerimientos de consumo de agua un 90% menores que el algodón natural. Sin embargo, esta fibra apenas está presente en el 1% de las prendas, ofrece menos rendimiento que el algodón convencional y debe someterse a tratamientos con químicos para alcanzar la textura y color deseados.

Actualmente, muchas de las empresas del sector han comenzado a investigar en nuevas fibras que puedan sustituir a las que se vienen empleando de forma tradicional. Algunas de las estrategias prometedores incluyen el empleo de seda sintética, para cuya fabricación no sea necesario el uso de gusanos, o de biomateriales o materiales reciclados, que reducen considerablemente la huella de agua de las prendas fabricadas.

Aunque la investigación permite desarrollar procesos que tengan un menor impacto ambiental y cuyos productos ofrezcan mejores propiedades que los tradicionales, no parece que el impacto de la industria textil se vaya a reducir hasta que los ciudadanos tomemos conciencia de la importancia de consumir menos y reutilizar las prendas. Además, las industrias deben cambiar su modelo de negocio hacia la fabricación de productos más duraderos y hacia la búsqueda de soluciones que minimicen el impacto ambiental de esta industria a lo largo de toda su red de suministro.

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