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Sobre el blog

Raúl Alarcón Tárraga
Graduado en Electrónica y Automática. Especialista en diseño de hardware basado en microcontroladores de muy bajo consumo e IoT con 20 años de experiencia en el sector del agua.

La aparición de las nuevas tecnologías LPWAN (Low Power Wide Area Network) ha supuesto un punto de inflexión en lo que al IoT se refiere.

Como su propio nombre indica, se trata de sistemas de comunicación que son capaces de funcionar con un escaso consumo energético y alcanzar, al mismo tiempo, distancias de comunicación considerables.

Ha conseguido que, el mundo del IoT, alcance aplicaciones donde no se tiene acceso a una fuente de energía ininterrumpida y el tamaño de las baterías y su duración es un problema.

Por otro lado, su elevada distancia de comunicación, su inmunidad al ruido y su permeabilidad “in-door” ha permitido simplificar las redes de cobertura necesarias, haciendo mucho más sencillo, barato y rápido, su despliegue y mantenimiento.

El concepto de “Smart Cities” se refiere a ciudades en la que elementos como la iluminación, el agua potable, el tráfico, los parques y jardines, la recogida de basura… están conectados y posibilitan una gestión eficiente de los mismos. Como podemos intuir, este concepto está ligado íntimamente a las posibilidades técnicas que nos proporcionan las LPWAN. Podemos tener millones de dispositivos enviando información al mismo tiempo. Para poner en perspectiva lo que esto supone, valga el siguiente ejemplo:

1 contador de agua doméstico que emite un histórico por hora durante toda su vida útil (supongamos 12 años) genera en total más 100.000 datos.

Si extrapolamos esto, a todo el ecosistema IoT, nos da una idea de la cantidad de paquetes que una ciudad conectada puede generar y enviar en un día y lo que ello supone en cuanto a mantenimiento de infraestructuras de telecomunicaciones y almacenamiento (servidores).

Como vemos, los nuevos objetos IoT nos permiten recopilar una basta cantidad datos, pero, filtrarlos, procesarlos y convertirlos en información supone el paso más importante y complejo.

Es por eso que debemos desterrar el concepto de “cautividad del dato”.

La industria se movía, hasta ahora, hacia sistemas cerrados que generaban y se alimentaban de su propia información, impidiendo que fuese compartida. Este nuevo escenario hace que sea importante fomentar el concepto de “interoperabilidad”.

En el contexto del software, interoperabilidad se define como “la capacidad de las plataformas digitales para intercambiar información, ya sean datos, documentos u otros objetos digitales, de manera uniforme y eficiente”.

Consiste en dotar a nuestras plataformas de mecanismos sencillos para intercambiar datos:

  • Estandarización de protocolos a nivel de dispositivo, de aplicación...

  • Desarrollo de API’s (Aplication Programming Interface) que permitan que programas de distintos fabricantes se comuniquen sin necesidad de saber cómo están implementados.

  • Dotar lo anterior de suficientes mecanismos que garanticen la confidencialidad, integridad y autenticidad de la información que intercambian los sistemas implicados evitando así, que queden expuestos.

La interoperabilidad abre las puertas, no sólo a concentrar en una única plataforma elementos de distintas fuentes, sino, más importante aún, de poder compartirla de manera sencilla con terceros, posibilitando el desarrollo de nuevos algoritmos y aplicaciones que nos permitan explotar más información abriendo un interesante abanico de posibilidades.

Este nuevo horizonte que tenemos ante nosotros, nos plantea numerosos retos, y entre ellos nos exige una gestión mucho más eficiente de los recursos. En mi opinión el mundo IoT y el Big Data nos proporciona una potente herramienta para cumplir este objetivo. Está en nuestras manos que se haga realidad.

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