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El problema no son las sequías. Al menos no deberían serlo, todavía

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Sobre el blog

Roberto González García
Responsable del Programa de Aguas de SEO/BirdLife.

Publicado en:

Portada iAgua Magazine

Hoy ya es innecesario citar informes científicos sobre el clima. No cabe lugar a la duda de que el cambio climático está ocurriendo. Dicho esto, es el momento de reflexionar sobre la sequía. O más bien sobre la no gestión de la escasez.

El año hidrológico ha tenido un carácter muy seco en el conjunto del país, con importantes diferencias territoriales. Si bien, esto no debe desviar la atención sobre el verdadero problema al que debe enfrentarse el Estado español: la escasez crónica de agua. Es decir, la asunción per se por parte del Estado de que la demanda siga superando la disponibilidad del recurso. Afrontar la escasez desde la gestión de la demanda es el único modo de romper esa inercia que asume las sequías como una coyuntura excepcional cuando en realidad se trata de la normalidad del clima mediterráneo, y cada vez más frecuente. Es necesario acordar una planificación hidrológica que, de no adaptarse, está abocada al fracaso.

Acaba el año hidrológico, y con él parte del bombardeo de noticias sobre ‘la sequía’ de los últimos meses con el telón de fondo de los siempre mediáticos embalses. Es necesario recordar que esas imágenes no son solo reflejo de escasas precipitaciones, sino que muestran el otro elemento de la ecuación, los consumos, en gran medida excesivos. A pesar de esto, sigue construyéndose en la percepción social el dogma de que las sequías son algo excepcional. Sin embargo, la última se limita a recordarnos que nuestra planificación hidrológica sigue sin adaptarse a la realidad climática, y que las decisiones que se toman para hacerles frente, mayoritariamente centradas en la oferta, se activan en base a información parcial y planteamientos erróneos.

Antes de exponer soluciones debe ponerse sobre la mesa la gran realidad que eludimos afrontar: no hay agua para tanto consumo, y lo que es aún peor: no hay agua para tanta expectativa.

Han pasado diecisiete años desde que se publicara la DMA, dos versiones de planes hidrológicos y seis legislaturas con sus siete ministros del ramo. A pesar de ello, nos encontramos ante un problema de extrema gravedad, donde la sobreexplotación de los recursos hídricos, básicamente destinados a regadío (más del 80% del recurso), es en muchos casos ambiental y económicamente insostenibles. Esto impide alcanzar el buen estado de muchas masas de agua, única salida que asegura la protección de la salud humana, la biodiversidad, el suministro y la producción de alimentos.

La realidad sobre el problema radica en varias cuestiones, entre ellas: 1) la planificación hidrológica no se ha adaptado a la realidad climática; 2) tampoco asume el cambio climático (reducción y mitigación); 3) los mecanismos para identificar las sequías son fraudulentos, y; 4) se percibe el agua como mero recurso para un modelo económico cortoplacista.

Identificadas algunas de las cuestiones más urgentes, al menos es necesario que: 1) el Estado integre las sequías en la planificación hidrológica como un factor propio del clima, asumiendo la necesidad de equilibrar la oferta y la demanda desde la perspectiva ambiental; 2) se revisen las concesiones en coherencia con los objetivos medioambientales, trabajando con profundidad en la reordenación del sector agrario y en la armonización de políticas sectoriales, y; 3) se adapten los mecanismos utilizados para declarar las situaciones de sequía, ya que los actuales no permiten distinguir entre la sequía meteorológica y la escasez derivada de la gestión. La disponibilidad del recurso no depende exclusivamente de un fenómeno meteorológico, sino también de la toma de decisiones sobre la gestión.

Es inaplazable abrir un debate sincero que limite la respuesta reactiva a las sequías y donde los planes hidrológicos las asuman como una componente ordinaria del clima. En resumen: que la sequía no nos pille por sorpresa.

Sólo hay una solución posible para hacer frente a la escasez. Ahora sólo hace falta tomar decisiones. Sin duda muy complejas, pero no tanto como las consecuencias de no tomarlas.

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