El sector del agua se enfrenta a grandes retos en los próximos años. En particular, en Galicia, con su elevada dispersión poblacional, la mitad de los núcleos de población de España, estos retos se multiplican.
Los fondos europeos son básicos para la consecución de los objetivos ambientales. Estos fondos llegan cada vez más orientados a políticas que, para la mayoría de los gestores del agua en España por no decir directamente que, para todos, son de futuro, pero que no acaban de resolver los problemas presentes o los que están a punto de llegar.
Esta situación es comprensible porque, como todo en esta vida, debe haber una evolución. Y Europa nos marca ese camino. Pero la realidad es que hay objetivos que todavía se nos han quedado atrás. Entre ellos, la consecución de sistemas de abastecimiento y de saneamiento completos y también sostenibles.
Cada territorio debería tener capacidad para orientar los fondos europeos de la manera más eficiente
En materia de abastecimiento, hay hoy disponibles cantidades ingentes de recursos para la digitalización, un PERTE de 3 mil millones de euros, 2 mil públicos y mil privados, con unos plazos, eso sí, de ciencia ficción, que estamos seguros de que se deberán ampliar. Y si lo primero que hay que decir es que estamos muy agradecidos, también hay que poner encima de la mesa que sabemos que necesitamos aún resolver cómo vamos a afrontar un problema de raíz, qué es lo que vamos a digitalizar, si nuestras infraestructuras de potabilización tienen ya unos 40 o más años y su estado clama por intervenciones o renovaciones integrales que los titulares de las infraestructuras no son capaces de financiar.
En materia de saneamiento , la nueva directiva 2024/3019 abre el horizonte a nuevas medidas más ambiciosas, a trabajar en los grandes núcleos sobre los microcontaminantes, sobre las responsabilidades de productores farmacológicos, y a reducir las cargas de nutrientes que llegan a nuestras masas de agua. Además, bajamos el umbral de 2 mil habitantes equivalentes a mil para disponer de un tratamiento adecuado de nuestras aguas. Y, sin embargo, aún desconocemos si vamos a disponer de fondos adecuados para afrontar estas nuevas necesidades. Ni tampoco como vamos a poder llegar a las nuevas aglomeraciones con necesidades de tratamiento.
Debemos ser plenamente conscientes de que proveemos de servicios básicos a la población y la obligación de ser eficientes
Los problemas no son nuevos, es cierto. Y la necesidad de acometerlos está ahí. Ninguno de nosotros creo que se atreva a decir que las decisiones son erróneas. Lo que sí podemos, al menos, poner en cuestión es la asignación eficiente de los recursos de financiación hacia estas líneas de trabajo. Es importante agradecer la canalización de fondos, pero también resulta necesario exigir que las líneas se ajusten a las necesidades del sector, de nuestra población y de nuestro territorio.
La alternativa a los fondos europeos es la financiación privada o una fórmula mixta. Hemos de pensar en que modo conseguir optimizar la acción pública. Recurrir a nuestras empresas movilizará nuevos recursos y alineará los objetivos comunes entre lo público y lo privado, de desarrollo de las infraestructuras y de los servicios que prestamos, pero esos recursos tendrán también un coste futuro en materia de deuda o de pérdida de eficiencia. Pensemos en el coste de oportunidad entonces. Si tenemos recursos financieros públicos disponibles evaluemos la capacidad de palanca e impulso que ofreceríamos al sector privado para acometer lo antes posible las actuaciones que necesitamos y reservemos ese sobre esfuerzo de nuestras empresas para el futuro y para prestar servicios de calidad. Y eso pasa por la mencionada capacidad por asignar cada euro a lo que la ciudadanía necesita y cada administración territorial demanda.
Debemos ser plenamente conscientes de que proveemos de servicios básicos a la población y la obligación de ser eficientes en como aplicamos los recursos se convierte no en una obligación formal sino en una necesidad. Y para ello debe haber margen a adaptar a nuestra realidad las políticas presupuestarias.