Una 2ª vida para el Agua

579
0

Sobre el blog

Román Gasull
Especialista en procesos de tratamiento de agua calidad Pharma, depuración y reutilización de agua. Actualmente Project Manager y Desarrollo de Producto en BWT.
579

Hace no muchos años, algunas regiones semi-áridas de España y Australia parecía se encontraban cerca del colapso hídrico. En Australia, en el periodo del 2001 al 2007, se la llamó la “Sequía del Milenio” (Millenium Drought, en inglés). En España, con la peor sequía en 120 años durante el periodo 2004-2006, se tradujo en la campaña “Agua para Todos”, que llegó a generar chispas entre comunidades por el controvertido y costoso trasvase del Ebro, finalmente anulado. Ambos países se encontraron en una situación sin precedentes, de «urgencia», en la que estaba en peligro la dotación habitual de agua para usos agrícolas y productivos, y se temía incluso por el consumo humano y la creciente demanda asociada al turismo.

Así, se emplearon generosos recursos económicos para la ejecución de desaladoras para consumo y plantas avanzadas de reutilización de aguas residuales, compensando estas últimas la demanda agrícola y autoconsumos de nuevos desarrollos residenciales, turísticos, campos de golf, etc.

Tanto en España como Australia hay desaladoras y depuradoras funcionando muy por debajo de los caudales para los que fueron diseñadas

Con los modelos de gestión actuales, el abastecimiento de agua potable depende en gran medida de los caprichos de la naturaleza, lo que históricamente ha aportado un factor de imprevisibilidad que dificulta una óptima planificación hídrica que asegure la disponibilidad del preciado recurso. Y es durante estos periodos de «urgencia» cuando nos vemos obligados a tomar medidas inmediatas, que impiden hacer un análisis más riguroso de las mejores opciones disponibles a corto, medio y largo plazo.

Parece hoy lícito pensar que algunas de estas decisiones apresuradas hayan podido contribuir al hecho de que tanto en España como Australia (por poner un ejemplo) haya desaladoras y depuradoras funcionando muy por debajo de los caudales para los que fueron diseñadas. Esta situación provoca que aumente el consumo específico del agua (kWh/m3) y por lo tanto su coste real, desvirtuando el enorme avance en eficiencia energética por la que se hace caracterizado el sector del agua en las última décadas.

Con este bagaje histórico, y bajo el actual contexto de cambio climático donde se prevén grandes sequías en todo el planeta, parece adecuado plantearnos hoy una mayor diversificación de las fuentes de agua para evitar estas situaciones, dándonos tiempo para estar tomar las decisiones adecuadas, a medio y largo plazo.

La potabilización de aguas residuales se presenta ya como una alternativa viable para los nuevos planes de abastecimiento en numerosas regiones del mundo, ya sea en forma de recarga de acuíferos y embalses o como un aporte directo a las mismas redes de suministro de agua potable que llega a los usuarios.

Esta variedad de reutilización (o reúso), ya viene anticipándose desde 1968 en la experiencia Sudafricana (léase Goreangab), y también se practica en Singapur (léase NeWater), EEUU (Texas, California y creciendo) y Australia. Para 2035, algunas ciudades estiman que satisfarán el 35% de su demanda potable con agua reciclada.

“A medida los costes continúen bajando y la aceptación pública continúe creciendo, el agua residual se puede convertir en la mejor defensa contra las sequías anunciadas para este siglo“.

Por si fuera poco, las cifras de la reutilización para usos potables pueden ser muy alentadoras:

Como vemos en la tabla arriba, la reutilización para potabilización directa es aparentemente la más económica en términos absolutos, incluso teniendo en cuenta la huella de carbono asociada.

Un aspecto común a todas las variantes de reutilización potable mostradas es que éstas incluyen una configuración de tratamiento conocida como “multibarrera”, en la que sucesivas etapas de tratamiento no solo van mejorando la calidad del agua, sino que además cada etapa tiene la capacidad de remediar un potencial fallo de la etapa anterior. Otro denominador común es la utilización de tecnologías avanzadas, como las membranas de filtración (MF, UF, NF, OI) y la oxidación avanzada como etapas clave del tratamiento. Ambas son opciones tecnológicas que siguen aumentando exponencialmente en los programas de tratamiento y reutilización en todo el planeta. Las membranas de ultrafiltración (UF) y ósmosis inversa (OI) juegan un papel crítico, ya que suponen la retención total de sólidos y la casi absoluta de los contaminantes disueltos remanentes en el agua. Las etapas posteriores de oxidación aseguran la eliminación de las trazas contaminantes así como reducen las necesidades de desinfección. Por otro lado, cabe destacar que para aquellas aguas donde la reducción de sales disueltas pueda no ser necesaria – por ser ya muy bajas y estar dentro de los límites recomendados para consumo (1000 mg/l según la OMS)- los procesos de adsorción por carbón activo sustituyen en ocasiones a la ósmosis inversa.

Con los modelos de gestión actuales, el abastecimiento de agua potable depende en gran medida de los caprichos de la naturaleza

En definitiva, son sistemas altamente robustos, con costes operativos cada vez menores, y que además permiten reproducir experiencias exitosas en otras partes del mundo, lo que facilita el sesgo comparativo y reduce la potencial oposición ciudadana. No es éste un dato a menospreciar -al contrario- pues la aceptación social de estas propuestas ha demostrado ser una pieza clave en el proceso de regulación y aprobación de nuevas fuentes alternativas de agua potable.

Así, parece que el futuro de la reutilización y potabilización se presenta muy diferente al presente al que estamos acostumbrados, pero seguramente compartirá las siguientes características:

  • La utilización de membranas continuará jugando un papel esencial en el desarrollo social y económico en todo el planeta, porque permite obtener agua de gran calidad de manera constante y fiable a precios cada vez más competitivos.
  • La potabilización convencional y la desalación convivirán con otras fuentes alternativas de agua, como el reúso potable y la desalobración.
  • A medida que las experiencias exitosas se multipliquen y lo hagan a costes razonables, es previsible que la reutilización con fines potables se asiente como opción de preferencia en más países.
  • Con la normalización del reúso potable que auguran los expertos, es probable que los estándares de calidad exigibles a las depuradoras se hagan todavía más restrictivos y/o su control se rigidice, tanto a nivel de reducción de trazas contaminantes como en la eliminación de nutrientes.

En España, de momento, el reúso potable no está permitido por considerarse que no hay tantos problemas de abastecimiento como para forzar el cambio legislativo. Sí que deja la puerta entreabierta a ello en casos de emergencia. Por otro lado, ante la exigencia europea de mejorar la calidad de nuestras aguas, el descubrimiento de nuevos contaminantes y la aparente falta de financiación para acometer las infraestructuras hidráulicas necesarias en depuración (solo el 35% de las que debieran tienen tratamiento terciario) y para el mantenimiento de nuestras redes de suministro/saneamiento (con dotaciones de 2.284 M€ versus los 10-15.000 M€ considerados necesarios),  quizás sería prudente hacer una valoración de todas las posibilidades.

Si pensamos a largo plazo, y no en la urgencia del momento, darle una segunda vida al agua potable puede ser la opción más sensata y asequible.  

"El agua no debería ser juzgada por su historia, sino por su calidad"

(Dr. Lucas van Vuuren)

Si te ha gustado este artículo o te gustaría proponer nuevos temas, envía tus propuestas a:

Roman.gasull@abengoa.com

R_gasull@hotmail.com

Comentarios