Pequeñas hidroeléctricas en fincas

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Taller informativo sobre Hidroeléctricas para caficultores

Sobre el blog

Rubén Eguíluz
Ingeniero de Caminos Canales y Puertos, Especialidad Hidráulica y Medio Ambiente. Actualmente trabajo para Hidraes, empresa dedicada a la energía hidroeléctrica (y fotovoltaica) con importantes realizaciones en España y Latam.

En nuestro mundo, en permanente cambio, hay no pocas innovaciones que resultan en realidad proceder de algo antiguo o, mejor dicho, proceden de algo que se quedó anticuado en algún momento atrás por alguna razón no muy justificada. El aceite de oliva (primero neutro, luego malísimo, ahora otra vez muy bueno) es un paradigma de esto. Y desde luego el mundo del agua no es ajeno a esta tendencia.

El concepto “generación distribuida” goza ahora de cierta actualidad y se empieza a propugnar como uno de los medios elementales de aprovechamiento del territorio, de mejora de la fiabilidad del sistema eléctrico y de reducción de la dependencia energética, pues se produce electricidad con factores endógenos en cercanía a los consumidores. Pero por más moderno que sea el concepto, no es más que una adaptación a la red interconectada de lo mismísimo que se ha hecho desde los albores de la electricidad de consumo: la producción endógena en isla.

Hasta la creación de las redes eléctricas interconectadas cada región aprovechaba sus recursos para producir y distribuir electricidad a los usuarios. En gran parte de las comarcas había una “fábrica de luz” (a menudo con recurso hidroeléctrico) que distribuía en la vecindad. Esto se aplicaba incluso para las grandes ciudades, aunque el recurso fuera, en general, carbón. De hecho, en España, hasta la creación de UNESA en 1944 no existía ningún tipo de interconexión entre distribuidores y la empresa Red Eléctrica de España (REE), la base del sistema de interconexión actual, no se creó hasta 1985. Muchos países latinoamericanos han estrenado sus redes interconectadas tan solo muy a finales del siglo XX, y en algunos casos aún no cubren una parte sustancial del territorio.

La interconexión tiene aspectos muy favorables, pues mejora la fiabilidad de la red y optimiza la generación, pero tiene también grandes inconvenientes. La interconexión favorece la creación de grandes productores en detrimento de los pequeños (más difíciles de regular), abandonando muchos recursos endógenos (agua, viento, sol y biomasa) a menudo en favor de los combustibles fósiles. Y, sobre todo, produce “fondos de saco” en la red de distribución en los que las pérdidas de la red (proporcionales a la longitud del conductor e inversamente proporcionales a su sección y voltaje) llegan a hacerse enormes, por la ausencia de generadores cercanos.

La generación distribuida en este mundo interconectado está resurgiendo precisamente para evitar las pérdidas en la red de transporte y distribución (llamadas “pérdidas técnicas”), que en algunas regiones superan el 50%. La idea de la generación distribuida es, sencillamente, crear pequeños generadores en zonas pobladas que por la propia configuración de las redes de transmisión y distribución acumulan pérdidas eléctricas que se disipan estérilmente en forma de calor. La pérdida media en la redes de los países de la OCDE alcanzan un discreto 6%. Sin embargo estos valores quedan superados en todos los países iberoamericanos, como se puede ver en el mapa a continuación:

La idea que se está generalizando y ha demostrado su utilidad es la de promover la creación de generadores de pequeño tamaño (hasta 5 MW generalmente) en las inmediaciones de usuarios en “fondo de saco”, que reduzcan las pérdidas. Y si esto puede hacerse mediante energía renovable (GDR, generación distribuida renovable), miel sobre hojuelas. Se han empleado, según preferencias gubernamentales distintos mecanismos, como feed-in-tariff o subastas dirigidas, en ambos casos con bastante éxito, consiguiendo reducir notablemente las pérdidas de la red allá donde se ha implantado.

Singularmente, la Asociación Nacional del Café (Anacafé) en Guatemala, ha tratado de incentivar que sus asociados cafetaleros diversifiquen sus fuentes económicas (pues uno de sus grandes problemas del caficultor es la variación brusca del precio internacional del café), además de complementando el café con cultivos de macadamia, cardamomo y banano y otros, construyendo y conectando a la red de distribuciones pequeñas (o a veces no tan pequeñas) centrales hidroeléctricas.

Las fincas de café en toda Latinoamérica (sobre todo las que cultivan café arábiga de altura) están situadas en emplazamientos que conjugan fuertes relieves con abundantes precipitaciones al menos seis meses al año. Numerosas fincas cafeteras tienen desniveles superiores a los 200 metros, ríos permanentes y precipitaciones anuales superiores a los 2500 mm. En muchas de estas fincas cafetaleras la construcción de proyectos hidroeléctricos ha demostrado altísima viabilidad, pues se encuentran a menudo ubicadas en zonas “fondo de saco” en los que los estudios de interconexión muestran una mejora sustancial en las pérdidas en la red de distribución. Muchos de estos proyectos han obtenido PPAs (contratos de compra-venta de electricidad) que superan los 100 USD/MWh, que es una cantidad muy elevada para el sector.

Este tipo de proyectos pueden ser incentivados mediante regulaciones favorables esperando grandes retornos económicos (para el propietario y para los consumidores de electricidad) en el sur de México, Guatemala, Honduras, El Salvador, parte de Nicaragua, Costa Rica, oeste de Panamá y gran parte de Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y Bolivia, así como en algunas naciones caribeñas.

Recientemente la Anacafé nos invitó a dar una charla orientada a caficultores para presentar las posibilidades de desarrollo de proyectos de generación distribuida entre sus socios (varios miles). En el encabezado de este artículo hay un breve "trailer" del evento (2:45). Y a continuación, solo para muy interesados, la charla completa (1:22:40):

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