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Cuando la multifuncionalidad suena, agua lleva

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Sandra Ricart Casadevall
PhD in Experimental Sciences and Sustainability. Juan de la Cierva Postdoctoral Fellowship at Water and Territory research group (UA). H2020 expert researcher evaluator (EC).
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  • Cuando multifuncionalidad suena, agua lleva

El binomio agua-suelo es esencial para la producción de alimento y también la base que estructura el desarrollo rural, la distribución territorial de la población, la conservación del paisaje y la preservación ambiental (Mata, 2008). Una dualidad que bascula entre la generación de bienes privados y la promoción de funciones públicas. Es decir, la agricultura multifuncional produce bienes tanto privados (alimento, materias primas de origen agrícola o turismo rural) como públicos, los cuales se dividen en sociales (contribución a la viabilidad de las áreas rurales desfavorecidas, la protección de valores culturales y patrimoniales asociados al medio rural o la protección ante el despoblamiento rural) y ambientales (protección de valores paisajísticos, fomento de la biodiversidad y la reducción de los procesos erosivos del suelo (Lemaire et al. 2014; Bernués et al. 2015). La conceptualización de la multifuncionalidad difiere a nivel de país, de disciplina científica o de tipología de funciones asociadas y reconocidas directamente con su aplicación: bienes públicos, bienes identitarios, patrimonio agrícola, ocupación rural, seguridad alimentaria o modelo de desarrollo rural son sólo algunos ejemplos de vocablos vinculados a su definición (Morgan et al. 2010). Cierto es que la multifuncionalidad, aún con la aparente simplicidad con la que se intuye su descripción, no escapa de controversia. Así, algunos autores limitarán la multifuncionalidad de la agricultura a la transición del carácter productivista de la agricultura a su dimensión sostenibilista con especial énfasis en el papel del regadío (Morgan et al. 2010). Así, si bien los sistemas de regadío permiten alargar las campañas agrícolas, obtener cultivos durante la estación seca y reducir los daños provocados por las variaciones climáticas −reduciendo con ello la incertidumbre de las demandas productivas y aumentando así mismo la diversidad del mosaico agrícola− también son responsables de actividades y/o actitudes no siempre favorables a la protección de los ecosistemas acuáticos (Lerouge et al. 2016): el (ab)uso de fertilizantes y productos químicos, la sobreexplotación de acuíferos, la salinización del suelo debido a la mala gestión de los sistemas de riego o la pérdida de fertilidad del suelo como resultado de la sobreexplotación de suelos frágiles (Brunstad et al. 2005; Huang et al. 2015). Otros autores apuntarán acerca de la imposibilidad de tratar la vertiente económica sin focalizar la atención en la disponibilidad de recursos y la gestión de los límites que la propia naturaleza establece para cada región y ecosistema junto con los aspectos sociales y de gobierno que éstos conllevan (Flora 2012). Todo ello configurará las bases de la crítica a la multifuncionalidad de la agricultura (y del regadío), tanto a nivel tangible (cantidad y calidad del agua y del suelo utilizados, contribución a la producción de alimento, servicios ambientales generados o mitigación de los efectos acaecidos por el cambio climático) como intangible (valoración y estructuración del paisaje, conservación del patrimonio cultural rural o potenciación de las actividades lúdicas) (Liu et al. 2015).

Buena parte de los países europeos del arco mediterráneo cuentan con una dilatada trayectoria en el aprovechamiento de los recursos naturales que presentan mayor escasez y/o deterioro, como son el agua y el suelo (Graveline y Mérel 2014). La mezcla de regadíos tradicionales −ámbitos con una dilatada historia agraria− y regadíos modernizados o nuevos regadíos −actuaciones y/o proyectos promovidos en base a criterios de eficiencia hídrica y seguridad alimentaria, entre otros− configuran las bases del mosaico rural sur-europeo. Así, países como España, Francia e Italia simbolizan, en buena medida, la plenitud de un discurso territorial indisociable a la presencia del recurso agua en toda actividad económico-productiva capaz de vertebrar el territorio (Hermosilla 2010). ¿Cómo se incluye la multifuncionalidad en dichos contextos? Un ejercicio simple a la par que práctico mediante el cual poder ejemplificar los atributos de carácter multifuncional que acumula un sistema de regadío es llevar a cabo un análisis de discursos de las partes implicadas e interesadas en su gestión (Krome 2017). Los tres casos de estudio analizados parten de realidades y dinámicas particulares que condicionan las actitudes, las demandas, las críticas, las afinidades y, en definitiva, los discursos contrapuestos que configuran la gestión de los respectivos canales. Y así ha quedado reflejado en los resultados obtenidos, ya sea en relación con la diversidad de conceptos acotados como en cuanto a la intensidad con la que se defienden los intereses y/o preocupaciones en los diferentes contextos.

En el canal Segarra-Garrigues, la consideración del agricultor como generador de paisaje y gestor del territorio, la preocupación por las concesiones de agua otorgadas, la crítica hacia la gestión política en la proyección del canal, la existencia de prácticas lobistas o la valoración positiva de la movilización ciudadana han sido objeto de afinidad entre el conjunto de discursos. En contraposición, aspectos como la propia justificación y viabilidad del canal (¿interés general o beneficio privado?), su función (¿productiva, ambiental o multifuncional?), la disponibilidad de agua (¿eficiencia hídrica o sobrecoste energético?), la gestión del suelo y la tierra (¿inversión local o especulación internacional?), o la gestión de las ZEPA (¿valor añadido del secano o freno al desarrollo del regadío?) han sido los aspectos que han generado mayor confrontación entre las partes. 

Los agentes representativos de la gestión del canal de la Neste coincidirán en destacar el papel del agricultor y del regante como gestor clave del agua, el paisaje y el conjunto del territorio. Consideran clave y estratégico establecer acuerdos entre usos del agua en competencia así como en la necesidad de incorporar el discurso social en los procesos de toma de decisiones acerca de los retos que debe afrontar el regadío a corto y medio plazo. En contraposición a este conjunto de afinidades, aspectos como la capacidad de adaptación de la agricultura a la disponibilidad de recursos hídricos y a los requerimientos ambientales, así como el papel del regadío como factor de desarrollo socioeconómico de la matriz rural son cuestionados. Una de las cuestiones que han generado mayor confrontación ha sido el proyecto de construcción de un nuevo embalse en Charlàs y la prioridad de uso de los nuevos recursos hídricos disponibles (¿maximizar la producción agrícola o garantizar el caudal ecológico y las actividades lúdico-deportivas?).

Por último, los resultados obtenidos en el canal de la Muzza destacan, en similitud con los dos canales de regadío anteriores, el rol del agricultor y del regante en la gestión del paisaje y del territorio así como la necesidad de promocionar mecanismos a favor de la gobernanza en la toma de decisiones para hacer frente a las prácticas lobistas que dominan en las actuaciones de los sectores agrícola y ambiental. Así mismo, entre las afinidades expuestas del conjunto de discursos cabe destacar el carácter unánime en relación a la multifuncionalidad que acoge el canal de la Muzza así como el rol protagonista del ente gestor. En cuanto a los elementos que generan cierto grado de confrontación entre los actores, cabe señalar la dualidad existente a la hora de definir el regadío como elemento sectorial o social, el desacuerdo en establecer un discurso del recurso agua unánime (¿el agua como recurso sectorial o como elemento integrador del territorio?), el modelo agrícola dominante (¿asegurar el monocultivo cerealístico o promocionar la multifuncionalidad?) o la valoración del Patto per l’Acqua (herramienta de participación o arma política?).

La mejora de la productividad agrícola y el reto que supone la soberanía alimentaria; la lucha contra la desertificación; la mitigación del cambio climático y la adaptación a los episodios de escasez hídrica; la compatibilidad con los requerimientos ambientales; o la participación de la sociedad ante actividades que superan el interés meramente sectorial explican buena parte de los debates existentes en torno a la gestión del agua para uso agrícola. Ello ha incrementado la complejidad que envuelve la gestión de los bienes comunes, otorgando a la multifuncionalidad la capacidad de minimizar la competencia entre usos y demandas en pro de la compatibilidad. En países como España, Francia e Italia, con una dilatada tradición en la implementación del regadío, no son pocos los ejemplos de canales de regadío la gestión de los cuales conlleva afianzarse en la promoción de la multifuncionalidad. Los tres presentados aquí enmarcan buena parte de las preocupaciones, los discursos y/o las demandas que estructuran el debate en torno al regadío, su función y su gestión. Cada uno de ellos aporta, sin embargo, cierta particularidad, ya sea por su propia caracterización (más productivista, ambientalista o integradora), por su enfoque ante la gestión del mismo (sectorial, participativo, en busca de la legitimidad social) o por la naturaleza prioritaria de sus retos futuros (socioeconómicos, ecológicos, políticos). Con ello, la promoción de la gestión territorial del regadío, ya sea mediante el uso de técnicas y métodos de análisis mixtos (que integren la vertiente tanto cualitativa como cuantitativa a fin de captar los matices de los intereses en juego) como la consideración de la sociedad civil como actor de pleno derecho en la toma de decisiones, debe facilitar la identificación de los conflictos latentes y/o potenciales así como promover acuerdos entre usos del agua en competencia. Ello permitirá determinar aquellas acciones capaces de favorecer la multifuncionalidad del regadío desde la implicación sectorial y la legitimidad social.

Referencias

  1. Bernués, A., Rodríguez-Ortega, T., Alfnes, A., Clemetsen, M., & Eik, L.O. (2015). Quantifying the multifunctionality of fjord and mountain agriculture by means of sociocultural and economic valuation of ecosystem services. Land Use Policy, 48, 170–178.
  2. Brunstad, R.J., Gaasland, I., & Vardal, E. (2005). Multifunctionality of agriculture: an inquiry into the complementary between landscape preservation and food security. European Review of Agricultural Economics, 32 (4), 469–488.
  3. Flora, C.B. (2012). Sustainability unpacked: food, energy and water for resilient environments and societies. Contemporary Sociology, A journal of reviews, 41 (5), 679–681.
  4. Graveline, N., & Mérel, P. (2014). Intensive and extensive margin adjustments for water scarcity in France’s cereal belt. European Review of Agricultural Economics, 41 (5), 707–743.
  5. Hermosilla, J. (dir.). (2010). Los regadíos históricos españoles: Paisajes culturales, paisajes sostenibles. Madrid: Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, 608 p.
  6. Huang, J., Tichit, M., Poulot, M., Darly, S., Li, S., Petit, C., & Aubry, C. (2015). Comparative review of multifunctionality and ecosystem services in sustainable agriculture. Journal of Environmental Management, 149, 138–147.
  7. Krome, M. (2017). Farmer participation in agri-environmental schemes: Regionalisation and the role of bridging social capital. Land Use Policy, 60, 352–361.
  8. Lemaire, G., Franzluebbers, A., Carvalho, P., & Dedieu, B. (2014). Integrated crop-livestock systems: Strategies to achieve synergy between agricultural production and environmental quality. Agriculture, Ecosystems & Environment, 190 (1), 4–8.
  9. Lerouge, F., Sannen, K., Gulink, H., & Vranken, L. (2016). Revisiting production and ecosystem services on the farm scale for evaluating land use alternatives. Environmental Science and Policy, 57, 50–59.
  10. Liu, J., Mooney, H., Hull, V., Davis, S.J., Gaskell, J., Hertel, T., Lubchenco, J., Seto, K.C., Gleick, P., Kremen, C., & Li, S. (2015). Systems integration for global sustainability. Science, 347 (6225), doi: 10.1126/science.1258832.
  11. Mata, R. (2008). El paisaje, patrimonio y recurso para el desarrollo territorial sostenible. Conocimiento y acción pública. ARBOR, Ciencia, Pensamiento y Cultura, 729, 155–172.
  12. Morgan, S. Ll., Marsden, T., Miele, M., & Morley, A. (2010). Agricultural multifunctionality and farmers’ entrepeneurial skills: A study of Tuscan and Welsh farmers. Journal of Rural Studies, 26, 116–129.