Water for a Sustainable World: Retos hídricos para la alimentación mundial

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Sobre el blog

Sandra Ricart Casadevall
PhD in Experimental Sciences and Sustainability. Juan de la Cierva Postdoctoral Fellow at Water and Territory research group (UA). SIMAGO and ADAPTIRRA (UA) and PLUVIRESMED projects (UAB). H2020 expert researcher evaluator (EC).

Según el último informe de las Naciones Unidas en materia de desarrollo hídrico (Water for a Sustainable world, UNWATER, 2015), en 2050 la agricultura necesitará producir un 60% más de alimentos a nivel mundial, un incremento que se situará cerca del 100% en los países en vías de desarrollo. Sin embargo, dichas tasas de incremento productivo para la maximización de la demanda agrícola condiciona la disponibilidad y calidad de los recursos de agua dulce. El uso ineficiente del agua para la producción de cultivos agota los acuíferos, reduce el caudal de los ríos, degrada los hábitats de vida silvestre e influye en la salinización de la superficie de regadío mundial. Con el fin de lograr “un mundo libre de hambre y malnutrición, donde la comida y la agricultura contribuyan a mejorar los niveles de vida de la sociedad desde la perspectiva económica, social y ambientalmente sostenible”, la FAO ha propuesto actuar en cinco principios básicos, de los cuales tres están directamente relacionados con la gestión del agua:

Mejorar la eficiencia en el uso de los recursos naturales para con ello asegurar una agricultura sostenible

En términos generales, la agricultura tiene dos formas de incrementar la eficiencia en el uso del agua: reducir las pérdidas de agua e incrementar la productividad hídrica. La primera opción tiene por objeto aumentar la eficiencia del uso del agua mediante la reducción de pérdidas de agua en el proceso de producción. Técnicamente, la eficiencia del uso del agua es una relación sin dimensiones que se puede calcular en cualquier escala, desde el sistema de riego hasta el punto de consumo en el campo. Se aplica generalmente a cualquier enfoque de gestión que reduce el uso no productivo del agua, como la reducción de fugas o de pérdidas por evaporación en la conducción de agua. La segunda opción se centra en aumentar la productividad de los cultivos, lo que implica producir mayor cantidad de alimento o aumentar el valor por unidad de volumen de agua aplicada. Ejemplo de ello sería el riego deficitario para alto rendimiento y utilidades netas máximas.

En términos generales, la agricultura tiene dos formas de incrementar la eficiencia en el uso del agua

La sostenibilidad requiere acciones directas para conservar, proteger y mejorar el estado de los recursos naturales

Proteger y restaurar los ecosistemas naturales como los humedales, los bosques, los ríos y los lagos que proporcionan servicios ecosistémicos importantes en cuanto a la calidad y cantidad de agua es clave. Sin embargo, mientras que la preservación de la función ambiental de los sistemas de agua dulce es una prioridad (la Directiva Marco del Agua es buena prueba de ello), su ejecución implica una negociación permanente sobre los flujos ambientales requeridos. No cabe olvidar que los paisajes agrícolas también realizan funciones ambientales y, de hecho, el límite entre las necesidades de agua del medio ambiente y la demanda de agua agrícola a menudo no es clara. El aumento de la agricultura intensiva influye en la contaminación del agua de fuentes puntuales o no y aunque existen tecnologías para limitar la contaminación del agua agrícola (en especial a través de la gestión integrada de plagas y la nutrición de las plantas), el nexo agricultura-agua es siempre problemático. La experiencia en países europeos se ha centrado en la combinación de incentivos, así como una regulación estricta o la consideración de subsidios focalizados para con ello reducir la contaminación del agua de origen agrícola. Ejemplo de ello sería el pago por servicios ecosistémicos generados desde la agricultura.

La alimentación y la agricultura sostenible requieren de mecanismos de gobierno responsables y eficaces

Los principios clave para mejorar la gobernanza eficaz son la participación, la responsabilidad, la transparencia, la igualdad y la equidad, la eficiencia y la eficacia, y el Estado de Derecho. Cuando los procesos de sostenibilidad están dominados por las preocupaciones ambientales abstractos, sin una atención adecuada a las dimensiones sociales y económicas, su aplicabilidad es dudosa y su efectividad, mínima. Una transición a la agricultura sostenible requiere políticas propicias a la buena gobernanza, entornos legales e institucionales que logren el equilibrio entre las iniciativas del sector privado y el interés general a defender por la administración. La agricultura y la seguridad alimentaria están íntimamente ligadas al agua, de ello que las políticas en estos ámbitos deban ser consistentes. En tiempos de crisis, y con la volatilidad de los mercados, lo que garantiza la seguridad alimentaria de un país (es decir, que la población de un país se alimente) se convierte en una preocupación primordial para los tomadores de decisiones nacionales. Con ello, las autoridades del agua deben dejar de considerar el agua como un sector aislado y participar más activamente con otros sectores económicos a fin de que sus estrategias puedan hacer frente a la escasez de agua y a su distribución entre usos en competencia. Este diálogo intersectorial es esencial para la “operabilidad” del concepto de gestión integrada de los recursos hídricos.

Los tres principios acotados por la FAO se complementan con el informe “Facing the challenges. Case studies and indicators” (UNESCO) basado en el análisis del estado de los recursos hídricos a nivel mundial, donde se acotan aspectos tales como la demanda mundial de agua dulce, la población que vive con estrés hídrico permanente, el estado de la política en materia hídrica, o el progreso para cumplir con los objetivos de desarrollo del milenio.

Nota: BRIICS (Brazil, Russia, India, Indonesia, China, South Africa); OECD (Organisation for Economic Co-operation and Development); RoW (rest of the world). This graph only measures ‘blue water’ demand and does not consider rainfed agriculture. Fuente: OECD (2012)

Nota: BL (Baseline Scenario); RE (Resource Efficiency Scenario); BRIICS (Brazil, Russia, India, Indonesia, China and South Africa); OECD (Organisation for Economic Co-operation and Development); RoW (rest of the world). Fuente: OECD (2012).

Nota: El indicador muestra la respuesta de los países según su pertinencia a los distintos niveles de HDI (Human Development Index). Fuente: UNEP (2012).

Nota: Corresponding Millennium Development Goals (MDGs): 1A Poverty headcount ratio at US$1.25 per day (purchasing power parity) (% of population); 2A Primary completion rate, total (% of relevant age group); 3A Ratio of girls to boys in primary and secondary education (%); 4A Mortality rate, infant (per 1 000 live births); 4A Mortality rate, under five (per 1 000 live births); 7C Improved water source (% of population with access); 7C Improved sanitation facilities (% of population with access). Fuente: The World Bank (2014).

Los logros acaecidos a nivel productivo en algunas regiones se han asociado con la degradación de la tierra y los recursos hídricos, así como al deterioro de los bienes y servicios ecosistémicos conexos. Estos incluyen la biomasa, el almacenamiento de carbono, la calidad del suelo, el almacenamiento y el abastecimiento de agua, o la biodiversidad. La agricultura utiliza cerca del 10% de la superficie terrestre y del 70% del agua total extraída de los acuíferos, ríos y lagos. No hay duda de que el acceso a ambos recursos naturales así como su gestión deben mejorarse notablemente. Ello requiere una mejor gobernanza en la toma de decisiones y una mayor integración de las políticas sectoriales, evitando los compartimentos estancos donde se prioriza el saber relativo mientras se margina la interacción con el saber global.

Fuentes:

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