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La era post-COVID-19: aprovechemos el momento de la verdad para el sector del agua

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    Foto: Pablo González-Cebrián.
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Las últimas semanas han sido algunas de las más intensas que se han vivido desde la II Guerra Mundial. El impacto del coronavirus ha sido terrible, y nos recuerda irremediablemente la fragilidad individual del ser humano. Pasados los peores momentos desde el punto de vista sanitario, ahora queda por delante el reto de obtener lo antes posible un tratamiento eficaz, hasta disponer de la vacuna que se pueda distribuir entre los 7.000 millones de personas que habitamos nuestro casa, el planeta azul.

En paralelo, la certeza de una crisis económica y social, motivada por la paralización de la actividad durante los últimos meses, supone un desafío añadido cuyas consecuencias pueden acarrear más sufrimiento. El sector lo está padeciendo en sus carnes. La caída de la demanda de agua y el incremento de la morosidad están poniendo en peligro el equilibrio económico de todos los servicios de agua, que demandan apoyo efectivo para su mitigación.

Este periodo, en el que hemos soportado lo peor de la pandemia, ha sido extremadamente atareado para quienes tenemos el privilegio de trabajar en el sector de la gestión del agua. Desde que empezamos a tener conciencia de la gravedad de la situación, los operadores activamos todos nuestros recursos para, en torno a planes de contingencia, garantizar la prestación de unos servicios públicos siempre básicos y, especialmente ahora, esenciales. Todo ello, además, con las medidas necesarias para cuidar de la salud de nuestros compañeros y de nuestros clientes. Por fin, estamos recuperando progresivamente la operación normal, manteniendo una intensa vigilancia.

El abastecimiento, saneamiento y depuración del agua son una de las bases sobre la que se sustenta cualquier sociedad moderna

Si la situación que hemos vivido ha sido crítica, esta hubiera podido ser catastrófica de no haber dispuesto, entre otras cosas, de unos servicios del ciclo integral del agua tan robustos y fiables como los que disfrutamos en nuestro país. El lavado de manos y la limpieza y desinfección figuran entre las principales medidas preventivas frente a la enfermedad.

La crisis del coronavirus ha supuesto un “examen sorpresa” para el sector, con un resultado verdaderamente satisfactorio. En unas recientes declaraciones, el propio Secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, ha calificado como “excepcional” el desempeño del sector en la crisis de la COVID-19. Pese a las evidentes dificultades, ninguna persona se ha quedado sin abastecimiento de agua, y es quizá por eso por lo que tengo la impresión de que este esfuerzo no se ha valorado lo suficiente. ¿Cuál ha sido el secreto del éxito en la prestación de estos servicios? En mi opinión, se debe a tres realidades: el exitoso modelo de colaboración público-privada que en España existe en torno a la gestión urbana del agua, la inequívoca vocación de servicio de los trabajadores del sector, y la determinación de los operadores por actuar rápidamente desde antes incluso de que el Gobierno decretara el estado de alarma.

Pero el enorme esfuerzo realizado por nuestro sector puede no resultar suficiente si nuevas crisis –sanitarias o de otra índole– aparecen en el futuro. El abastecimiento, saneamiento y depuración del agua son una de las bases sobre la que se sustenta cualquier sociedad moderna, no solo desde el punto de vista medioambiental, sino también desde el social y económico.

En los últimos años, desde la última gran crisis de 2009, las inversiones públicas en el ciclo integral del agua han ido cayendo hasta los mínimos actuales. Se calcula que el esfuerzo inversor apenas cubre el 50% de lo necesario para garantizar la calidad, la sostenibilidad de los servicios y hacer frente a los retos futuros como el cambio climático o los más exigentes requerimientos regulatorios en materia de calidad del agua, potabilización, depuración y reutilización, tal como señala el estudio “El sector del ciclo urbano del agua como vector de recuperación sostenible tras la crisis de la COVID-19”, presentado recientemente por AGA y AEAS.

El lavado de manos y la limpieza y desinfección figuran entre las principales medidas preventivas frente a la enfermedad.

El planteamiento general de dicho estudio parte del hecho de que los servicios básicos y estratégicos, entre los que se encuentra el sector del agua, han adquirido una enorme relevancia, convirtiéndose en un agente fundamental no solo para garantizar la salud e higiene de los ciudadanos, sino también para fomentar un crecimiento sostenible que favorezca la mejora del medioambiente, además de contribuir a la recuperación social y económica.

En este contexto, la inversión extra necesaria, cifrada en 2.500 millones de euros anuales durante los próximos diez años, garantizaría la implementación de las mejoras que el sector necesita para seguir ofreciendo unos servicios de primer nivel. Pero además, este impulso conllevaría múltiples beneficios para el conjunto de la sociedad española en aspectos como la generación de empleo de calidad, el crecimiento económico, aportar soluciones frente al reto demográfico de la España “vaciada”, así como la obtención de beneficios medioambientales (descarbonización, fomento de un uso eficiente del agua, mejora del estado de las masas de agua, o fomento de la reutilización).

Este enfoque coincide, además, con el Green Deal (Pacto Verde) europeo, para cuyo logro la Comisión Europea ha movilizado un volumen récord de recursos por valor de 1,85 billones de euros. También las administraciones españolas han anunciado un plan de renovación y rehabilitación de infraestructuras por 80.000 millones de euros y, tras la COVID-19, se espera reforzar dicho plan captando hasta 140.000 millones complementándolo con los fondos de recuperación europeos.

Las crisis siempre suponen una oportunidad. En este caso, y teniendo en cuenta que el agua es un derecho humano básico y un elemento esencial para el progreso de las sociedades, no se trata solo de una oportunidad, sino más bien de una necesidad. La necesidad de cambiar el modelo de financiación de nuestros servicios hídricos para garantizar que en el futuro se seguirán prestando con un alto nivel de eficiencia en todo nuestro territorio y para todos, sin dejar a nadie atrás.

El reto es tan importante que solo a través de la colaboración público-privada será posible afrontarlo con garantías de éxito

El momento de la verdad está ante nosotros. No es el momento de estériles debates acerca del modelo de gestión de los servicios de agua. Todos los eficientes son bienvenidos. Los mecanismos de licitación y control de cumplimiento de los contratos existentes en España son de alto nivel, comparables con los de los principales países de la OCDE.

El reto es tan importante y de tal envergadura que solo a través de la colaboración público-privada, que tan buenos resultados ha brindado a la sociedad hasta ahora, será posible afrontarlo con garantías de éxito. Los operadores estamos preparados. Disponemos de la tecnología, la innovación, la capacidad de financiación, la especialización y de equipos humanos muy formados y altamente comprometidos con la prestación de estos servicios. Ofrecemos todas nuestras capacidades a las administraciones públicas, que, no lo olvidemos, son siempre y de manera irrenunciable las titulares de los servicios.

En los próximos meses, tenemos la oportunidad de poner los cimientos a la salida de la actual crisis y, adicionalmente, de apostar por un nuevo acuerdo verde que haga evolucionar nuestro modelo social y económico, basado en aspectos medioambientales en línea con los que proponen los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

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Sobre el blog

Santiago Lafuente
Director España de Aqualia.