El calvario del río Gállego, mártir de la mala gestión del agua

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  • Río Gallego en Biescas (Wikipedia)

El Gállego, río emblemático de Aragón y de la cuenca del Ebro, es un ejemplo paradigmático de los males crónicos que padecen muchos ríos españoles, sometidos a todo tipo de presiones y privados de su carácter natural.

El Gállego reúne, en sus menos de 200 kilómetros, un rosario de abusos ambientales

El Gállego reúne, en sus menos de 200 kilómetros, un rosario de abusos ambientales, obras innecesarias o mal proyectadas y decisiones de gestión irresponsables que han degradado su valor ambiental y han privado a la sociedad de un bien común de gran valor. La cooperación entre administraciones, usuarios y sociedad, básica en cualquier política de aguas y que ha destacado la ONU con motivo del reciente Día Mundial del Agua, no ha existido en el entorno del Gállego.

Lo que impera es un objetivo político orientado a la construcción de grandes infraestructuras hidráulicas que acarrean gastos millonarios a las arcas del Estado; su utilidad es secundaria. Son obviadas la planificación a largo plazo y el cumplimiento de las normativas de la UE, y también se ignoran los pilares de la sostenibilidad: el social, el económico y el ambiental.

Recordar hoy el “calvario” del río Gállego, sus gentes y la economía de su entorno, amenazados ahora mismo por un pantano como el de Biscarrués que se ideó hace 35 años y podría costar cerca de 100 millones de euros, puede servir para reflexionar sobre lo que no debería volver a repetirse.

Lejos de nuestras fronteras, el río Gállego hubiera sido reclamo turístico y espectacular ejemplo de ecosistema fluvial

Lejos de nuestras fronteras, el río Gállego hubiera sido reclamo turístico y espectacular ejemplo de ecosistema fluvial: nace en el Pirineo axial, atraviesa los majestuosos farallones del Prepirineo y, en su tramo final, sortea zonas esteparias de gran valor ecológico hasta fundirse con el Ebro. Pero la realidad es otra. El Gállego nace en el puerto del Portalet en la cabecera del valle de Tena (Huesca), pero surge ya completamente enterrado en hormigón por los comercios y otros edificios construidos a 2.000 metros de altitud en la frontera con Francia. En los kilómetros siguientes, varios de los manantiales naturales fueron modificados por las ampliaciones de las pistas de esquí de Formigal, por la carretera y el aparcamiento nuevo.

En el primer tramo de montaña, donde el Gállego debería expresar su esplendor, dos grandes embalses coartan esta posibilidad: los de Lanuza y Búbal, tristes ejemplos del abandono forzoso de tantos pueblos que luego nunca llegaron a inundarse. Entre Búbal y Sabiñánigo es cuando por fin el río goza de algo de libertad. De hecho, esta zona está declarada como Lugar de Interés Comunitario (LIC) por los importantes bosques de ribera que alberga, que son sólo un resto de los que hubo.

Lodos tóxicos, el lugar más contaminado de Aragón

Al llegar a Sabiñánigo el río Gállego pierde ya toda esperanza. Entre 1975 y 1989 la empresa Inquinosa, fabricante de un pesticida peligroso y muy tóxico llamado lindano, vertió sus residuos al río hasta que fue cerrada por la presión social. Es el punto de contaminación más importante de Aragón y podría entrar en el ránking de los 10 más contaminados del país. Ningún Gobierno de España ni de Aragón, transferidas las competencias en medio ambiente, ha abordado seriamente el tratamiento de esos residuos peligrosos para la salud y el medio ambiente.

Los lodos tóxicos se encuentran en los fondos del embalse de Sabiñánigo y se recomienda no ingerir los peces pescados allí. Hay que recordar que todas son especies exóticas que, ante la permisividad de las administraciones, se soltaron y acabaron con la fauna natural. Los lodos tóxicos que salieron del embalse de Sabiñánigo llegaron al pantano siguiente, el de La Peña, también contaminado. La Peña ahora está colmatado y no sirve como embalse, pero al contener tal cantidad de residuos peligrosos recuperar este tramo resultaría muy costoso y complicado.

Aguas abajo, el río Gállego logra de nuevo ser él mismo y discurre entre los Mallos de Riglos, asombrosas paredes rocosas de casi 400 metros de caída libre. Es un espacio turístico de gran valor, pero es justo en ese tramo donde está proyectado Biscarrués, otro gran embalse que afectaría de forma muy grave al último tramo libre y natural del río Gállego en media montaña. Pasados los Mallos y llegando a las puertas de la Hoya de Huesca, un pequeño embalse, el de Ardisa, le recuerda al río que nunca será libre. Es también el anuncio de nuevos impactos. En plena Hoya de Huesca se construyó el embalse de la Sotonera, fuera del cauce del río, pero que detrae el agua del cauce del Gállego. El agua está destinada a regar el enclave natural estepario más importante de Europa, los Monegros, lo que implicaría su modificación y destrucción.

Agonía hasta su desembocadura

La historia del Gállego, que comparte puntos comunes con la de muchos ríos españoles, no debería ser así

Más adelante, a la altura de Almudévar, está proyectado un nuevo gran embalse. De forma eufemística se denominan “balsas laterales”, pero son en realidad gigantes presas de más de 100 hectómetros cúbicos de capacidad. No se construyen en el mismo cauce del Gállego, pero al detraer el agua, lo secan e impiden un régimen natural de avenidas. Además, esta agua iría destinada igualmente a la destrucción de Los Monegros.

Las avenidas han modelado el tramo final del Gállego hasta su desembocadura en el Ebro y han conformado un bosque de galería reconocido por la Unión Europea por su valor ecológico. Podríamos pensar que el río, al menos en su tramo final, está en libertad, pero hay que recordar que le faltan cientos de hectómetros cúbicos de agua que se extrae para el regadío en zonas esteparias de gran valor. Y aún le queda al Gállego sufrir un último atropello antes de llegar a su desembocadura en plena ciudad de Zaragoza, donde una fábrica papelera le arroja desde hace años sus vertidos, que son fuente de molestias por malos olores para los vecinos.

La historia del Gállego, que comparte puntos comunes con la de muchos ríos españoles, no debería ser así. SEO/BirdLife pide a las administraciones públicas que cumplan la legislación española y europea, como la Directiva Marco del Agua, la de Aves y la de Hábitats, y pongan en marcha una política que ponga fin a“calvarios” como el del Gállego y acorde con lo que se merece nuestra sociedad y patrimonio natural.

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