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Privatización de la industria del agua en Inglaterra. ¿Una historia de fracaso?

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Sobre el blog

Sergio Pérez Sánchez
Senior Environmental Advisor en Costain (Thames Water). Trabajando para la integracion de variables de sostenibilidad en el mayor programa de infraestruturas de saneamiento de Reino Unido.
Global Omnium

El pasado Julio se cumplieron 28 años desde la privatización de las compañías del agua en Inglaterra en el año 1989 y estos días estamos asistiendo a una intensa campaña, en medio de las negociaciones sobre los términos de la salida del Reino Unido de la Unión Europea por parte de diversas organizaciones y medios que afirman que la privatización de las compañías del agua en Inglaterra fue un error. Incluso el líder del partido laborista, Jeremy Corbyn, prometió la renacionalización del sector del agua (junto a con los ferrocarriles, servicio postal y energía) si salía elegido primer ministro en las elecciones del pasado 8 de Junio.

Este planteamiento tiene todo el sentido del mundo; al fin y al cabo, el agua el agua es un recurso fundamental que en ningún caso puede estar supeditado a los intereses de empresas privadas que, por definición, su principal motivación es la maximización de sus beneficios y no el servir al interés general.

No obstante, merece la pena recordar cual era la situación anterior a 1989. En la década de los 80, las infraestructuras de gestión del ciclo integral del agua en general, y el tratamiento de las aguas residuales en particular, sufrían graves problemas de subfinanciación y falta de inversión por parte del erario público; hasta el punto de que las aguas residuales se vertían frecuentemente al mar sin tratar y el sistema de saneamiento de la capital Londres, el cual databa de la época victoriana, carecía de la capacidad suficiente para evacuar las aguas negras de la cuidad en periodos de fuertes lluvias. Todo esto contribuyó a que el Reino Unido fuese conocido como “the dirty man of Europe" (el hombre sucio de Europa).

Como argumentos en favor de su postura, los defensores de la renacionalización del agua afirman que son estas compañías privatizadas, de largo, los mayores contaminadores de los ríos ingleses. Pero no hay que olvidar, y parece bastante obvio, que aquellas compañías encargadas de la depuración de las aguas de 53 millones de habitantes, serán también las que más contaminen los ríos y lagos.

Otros reclaman que ha sido la negligencia de los sucesivos gobiernos la que ha permitido que empresas de capital privado de dudosa reputación pudiesen hacerse cargo de un interés nacional vital, llevando a cabo una evasión fiscal generalizada y ocultando información sobre lo que debería ser un servicio público detrás de los gruesos muros de la confidencialidad comercial.

También sostienen que estas compañías se han endeudado de forma masiva, no para mejorar la decadente red de saneamiento y alcantarillado del país, sino para proporcionar abultados retornos a los inversores dentro de un mercado de consumidores cautivos.

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Nada más lejos de la realidad. Durante últimas casi tres décadas se han llevado a cabo inversiones en los sistemas de suministro y saneamiento sin precedentes (195.000 millones de dólares desde 1990) y es un hecho innegable que estos son hoy mucho mejor de lo que eran hace 30 años.


Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Poole (crédito: Sergio Pérez)

El historial medioambiental de las compañías de agua explica este hecho mucho mejor. En los últimos nueve años, han ocurrido unos 1.000 incidentes graves de contaminación en canales, ríos y playas, y cualquiera podría preguntarse qué es lo que está fallando y por qué estas compañías no son obligadas a mejorar estas, aparentemente, alarmantes cifras.

Y la respuesta podría ser simplemente que no vale la pena, en tanto en cuanto dos tercios de estos incidentes resultaron en una advertencia sin más castigo, con el tercio restante acabando en multas de 10.800 libras (12000 euros aproximadamente) de media, cantidades que seguro no le quitarán el sueño a ningún gerente o CEO.

Tal vez sea verdad que la cuantía de esas multas es demasiado pequeña, pero aún no es cierto que la privatización haya empeorado la contaminación de los ríos y playas, sino todo lo contrario.

Pero como se puede ver, el mensaje que se está dando desde numerosos colectivos de presión es de que son estas terribles, espantosas y capitalistas empresas del agua las que están despojando a Inglaterra de sus verdes prados y ríos cristalinos en la búsqueda de beneficios económicos.

Llegados a este punto, creo que merece la pena echar un vistazo al informe sobre “El Desarrollo de la Industria del Agua en Inglaterra y Gales” publicado en el año 2015 por el Departamento de Medio Ambiente del gobierno y por el regulador económico de la industria del agua, Ofwat el cual dice lo siguiente:

“En 1989, por primera vez en Inglaterra y Gales, se introdujeron reglamentos que establecen límites numéricos para la calidad del agua potable. Estos reglamentos se actualizaron en el año 2000 y los nuevos estándares de calidad entraron en vigor el 1 de enero de 2004.

El Inspectorado del Agua Potable (DWI por sus siglas en inglés) informa anualmente sobre la calidad del agua en Inglaterra y Gales. El informe de 2004 registró que, en general, el cumplimiento de las normas por parte de las compañías de agua en 2003 fue del 99,88%, con 3.418 incumplimientos de estándares de un total de 2.896.252 muestras analizadas, es decir, un 0,12%.

Este alto nivel de cumplimiento se ha logrado como resultado de programas de mejora de las infraestructuras de tratamiento y almacenamiento de agua que han dado lugar a una reducción del número de incumplimientos de los estándares microbiológicos y un importante programa de inversión para la renovación de los sistemas de distribución.

La inversión de capital por parte de las compañías ha llevado a notables mejoras en la calidad de los vertidos de aguas residuales desde la privatización. Esto ha contribuido a mejorar considerablemente la calidad biológica del agua en los ríos y estuarios, y la calidad microbiológica de las aguas de baño, lo cual ha tenido lugar en un contexto de aumento de las presiones derivadas de la contaminación difusa, el consumo, el riego y los procesos industriales.

El cumplimiento de los estándares sanitarios en las plantas de tratamiento de aguas residuales pasó del 97% en 1995-96 al 99,8% en 2003-04 y el cumplimiento de los estándares de la Directiva sobre las aguas de baño ha mejorado significativamente desde la privatización. El nivel histórico más alto de cumplimiento se produjo en la temporada de baño de 2005 en un 98,79%.

Entre 1994-95 y 2002-03, las fugas se redujeron en alrededor de 1.500 Ml/día. Esta reducción es igual a las necesidades diarias de casi diez millones de personas, lo que equivale a casi una quinta parte de la población de Inglaterra.”

Por último, un argumento muy utilizado por aquellos que defienden la renacionalización de la industria es que los precios del agua son hoy un 42% más altos que antes de la privatización, una vez descontados los efectos de la inflación.

Si bien esta cifra es correcta para todo el periodo transcurrido desde 1989, cabe aclarar que la mayoría de esta subida tuvo lugar durante los primeros años entre 1990 y 1995. Las cifras más recientes muestran que el precio de la factura promedio disminuyó un 2,6% en términos reales en el periodo entre 2009-10 y 2014-15 y la factura del agua representó únicamente el 2,3% del gasto promedio de los hogares en el año 2013, cifra muy por debajo del límite del 3% recomendado por Naciones Unidas.

En resumen, como resultado de la privatización de la industria del agua en Inglaterra los precios reales han bajado (o lo que es lo mismo, los aumentos de precios fueron en general inferiores a la inflación); hay menos fugas de agua en las redes de distribución; las aguas residuales son mejor tratadas y la calidad del agua de consumo ha aumentado significativamente.

Y sin embargo, con toda esta evidencia frente a nosotros, todavía son muchos los que piden que la situación actual sea inmediatamente revertida a su estado natural de gestión exclusivamente pública. ¿Son realmente estos resultados un fracaso y un desastre sobre los que se deba actuar sin demora? ¿O es tal vez que los defensores de la renacionalización sienten aversión por cualquier tipo de provisión de bienes y servicios por parte del sector privado independientemente de los hechos?


Fuente: “The development of the water industry in England and Wales”. The Water Services Regulation Authority and the Department for Environment, Food & Rural Affairs [London, 2006]

Las opiniones expuestas en el presente artículo son propias y no necesariamente reflejan los puntos de vista de mis empleadores presentes o pasados, clientes o colaboradores.  

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