El agua y sus servicios son básicos y centrales en cualquier esquema de salud pública avanzado, y esta pandemia ha confirmado, una vez más, que los servicios de agua son esenciales.
De esta forma, durante este último año el servicio de agua ni se ha interrumpido y los programas de cobertura social a los más desfavorecidos han seguido funcionando. Durante el último año hemos leído sobre operadores del sistema literalmente confinados en aislamiento en las instalaciones con el único fin de preservar la calidad y continuidad del servicio, y también hemos descubierto nuevas y sofisticadas tecnologías que permiten detectar el virus (o trazas) en aguas residuales urbanas y ofrecen interesante potencial para el control epidemiológico en grandes poblaciones.
Los servicios de agua se han visto cuestionados por la prueba de estrés que ha supuesto esta pandemia. Los resultados han sido notables, pero al igual que ocurre con el sistema de salud, y en anticipación de retos futuros, deberíamos plantearnos si hay espacio para la mejora, y si la inversión actual en infraestructuras es la adecuada.
Esta no será la última pandemia. En el caso de la COVID-19 la transmisión es por el aire o por aerosoles, pero la posibilidad de que otro virus o patógeno en el futuro pueda ser transmitido también por el agua debería preocuparnos, y no puede ser descartada. Los brotes de Legionella que puntualmente van apareciendo en nuestro país, y para los que disponemos de técnicas de choque cuando aparecen, se evitan y tratan sobre todo mediante la prevención y la excelencia en la gestión de las infraestructuras.
La posibilidad de que otro patógeno en el futuro pueda ser transmitido por el agua debería preocuparnos, y no puede ser descartada
La disponibilidad de varias vacunas contra la COVID-19 en tiempo récord, o el desarrollo de las técnicas de detección en aguas residuales mencionadas, reflejan la oportunidad, pero también la imperiosa necesidad de apoyar e invertir más en ciencia y tecnología. En nuestro país disponemos de un sector de servicios del agua puntero y altamente tecnificado. Ahora bien, sería equivocado pensar que ese grado de tecnificación, sin más ciencia ni investigación, por sí solo va a resolver cualquier problema y dar seguridad ante futuros retos. Es muy necesario dotarnos también de nuevas y mejores formas de gobernanza. Esto es cierto tanto para nuestros sistemas de salud pública como para nuestros servicios de agua. Hace falta desarrollar mejores sistemas de control y gestión epidemiológicos igual que hacen falta un regulador único y mejores sistemas de control y gestión hídrica e hidrológica.
Tanto el sector público como el sector privado pueden y deben involucrarse en ello. Ambos se han volcado en paliar los efectos de la pandemia, y en buscar y aportar soluciones. De hecho, sin esa colaboración, a la que hay que añadir de forma muy destacable y notable un comportamiento ejemplar de la ciudadanía, hoy estaríamos mucho peor.
A escala global, la pandemia y la gestión del agua forman parte de una misma sindemia: los peligros y retos epidemiológicos, pero también la contaminación y escasez del agua, se ven exacerbados por otros factores como son la pobreza, el cambio climático, hábitos de consumo y de salud poco ortodoxos, pero también por la falta de servicios de agua adecuados, o una gobernanza deficiente.
Una mayor resiliencia ante esta sindemia interpela a todos: administraciones, los sectores público y privado, así como la ciudadanía; y debería basarse sobre todo en el conocimiento. Ante la pandemia los servicios de agua han respondido con responsabilidad y con un alto nivel de servicio y calidad, aunque de forma similar a lo ocurrido con el sistema de salud, la pandemia nos ha recordado que la sostenibilidad de todo el sistema no está necesariamente garantizada.
Sigamos actuando de forma responsable y transparente, comuniquemos mejor lo que hacemos, dejemos a los actores de la ciencia y de la salud el papel y el peso en las decisiones que corresponden a cada uno, e involucremos más y hagamos partícipe a una ciudadanía cada vez más consciente y mejor informada.