Lo social en el cuidado del agua

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Sobre el blog

Wilfredo David Cornejo Alva
Comunicador Social especializado en Marketing Social, Conflictos, RSE y Desarrollo. Colabora en proyectos de agua potable y saneamiento.

Pensar en proyectos de agua potable y alcantarillado usualmente significa imaginarnos en gigantescas  plantas de tratamiento, complejos estudios, grandes tuberías, maquinarias, obreros, ingenieros, cuencas, fuentes de agua, etcétera. Y claro que todos estos elementos tienen que ver con la sostenibilidad de estos servicios vitales para el desarrollo. Sin embargo, con frecuencia olvidamos el fin último y primero de estos servicios: la población.

Lima consumió en 2013 el triple de agua del que se debería

Lima, capital del Perú, es la segunda ciudad después de El Cairo en Egipto en estar ubicada sobre un desierto. Pero parece que la realidad para los limeños es otra. Según la organización Lima Como Vamos, el año 2013 se consumió el triple de agua del que se debería (170.67 litros diarios por habitante, cuando el promedio según Naciones Unidas era de 50 por día). Es decir, la población no conoce la realidad en donde habita, o no la quiere reconocer.

Por condiciones geográficas, los tres ríos que hay en Lima (el Rímac, el Chillón y el Lurín) mantienen un bajo caudal la mayor parte del año. Actualmente se trae el agua desde las zonas altas de Junín (otra región al este de Lima) para trasvasarla hacia el Rímac y luego potabilizarla. Pero, si los ríos se volvieron insuficientes para abastecer a la ciudad en su momento, con el tiempo podría ocurrir lo mismo con estas nuevas fuentes. Si a ello le sumamos la poca educación en el cuidado del agua de los usuarios, esto podría pasar más temprano que tarde.

Continuamente se realizan campañas a favor del medio ambiente y el cuidado del agua, pero son muchas veces acciones aisladas y temporales. Volviendo al caso de Lima, no ha existido un ente que, a largo plazo, coordine de forma seria estos esfuerzos, mida los impactos producidos, ni que tenga como objetivo dar a conocer el problema y concientizar a la población para promover un cambio de actitud a favor del agua y su cuidado.

Lo que sí existe es una enorme demanda por estos servicios. Grandes poblaciones de la capital peruana, que nunca termina de crecer, exigen más horas de agua potable al día, alcantarillado o la llegada de estos por primera vez. ¿Todo este conjunto ciudadano conocerá lo costoso que es obtener agua potable para Lima? ¿Asumirán los nuevos usuarios la responsabilidad que implica tener agua y alcantarillado en sus domicilios? La experiencia nos dice que no.

Los proyectos de ampliación y rehabilitación de redes de agua y alcantarillado cuentan generalmente con equipos de intervención social. Estos equipos se encargan de evitar que exista algún conflicto que impida la ejecución normal de los trabajos. También tienen como tarea el desarrollo de talleres de cuidado del agua y del alcantarillado. Sin embargo, esta labor formativa es secundaria y, usualmente, considerada complementaria para los contratistas así que no se les da la importancia necesaria.

Por ello, es urgente completar el enfoque de los proyectos, haciendo que sean no sólo prioritariamente de ingeniería, sino que también cuenten con un serio componente social, educativo y comunicacional.

Aunque en la actualidad ya se incluye a la población como un actor preponderante, en estos proyectos el trabajo con ellas se ha limitado a la realización de pasajeras charlas educativas.

Para realizar un trabajo a profundidad con los ciudadanos se requieren estudios sociales mucho más profundos, como el análisis de conocimientos, actitudes y prácticas respecto al uso de los servicios de saneamiento, a la sensibilización sobre el cuidado de las fuentes de agua, a su conocimiento sobre la problemática del medio ambiente, etc. Esto permitiría un mejor diagnóstico y afinar estrategias para promover cambios sociales en favor del cuidado del agua.

Asimismo, si se conociera de forma mucho más certera la problemática, los equipos sociales podrían realizar un aporte real y tangible en la promoción del sostenimiento de los proyectos de saneamiento no sólo durante su ejecución, sino en un plazo de tiempo mucho más extenso.

De seguir centralizando el problema del agua únicamente hacia las obras, probablemente en el futuro tengamos excelentes sistemas de tuberías, pero al mismo tiempo se mantendrá la demanda por el servicio y podría existir una mayor escasez porque los usuarios no habrán conocido la necesidad del cuidado del recurso. Asimismo, concentrarse en las obras enseña a la población a que los únicos responsables del cuidado del agua son las empresas prestadoras del servicio y el Estado, dejando a los ciudadanos “fuera de juego” ante esta problemática ambiental.

Es de sugerir que los equipos sociales que participen en los procesos de planificación, estudios y ejecución de obras hagan uso de todas las herramientas posibles para analizar estos aspectos y plantear estrategias acordes a su realidad y su tiempo. La responsabilidad de esta labor es sumamente alta porque sólo de esa forma se podrá reconocer factores que permitan volver a vincular a la población a su labor por el cuidado del agua potable.

Los proyectos de saneamiento (no sólo de ampliación, sino de rehabilitación de redes) pueden convertirse en una gran oportunidad para reactivar la dinámica social en nuestros barrios. Como es conocido, con el paso del tiempo los espacios de encuentro vecinal pierden vigencia especialmente en aquellos lugares donde ya han cubierto sus necesidades básicas (luz, agua potable, alcantarillado, etc.). No obstante, el cuidado del agua puede servir de pretexto para que los ciudadanos pasen de un estado pasivo a uno activo y contribuyan con la sostenibilidad ambiental de sus urbes.

Las empresas que ejecutan proyectos para brindar agua potable y saneamiento no deben tomar a la población como mero observador o como un actor que puede “impedir la realización de una obra” (aunque esto puede ocurrir si no hay una buena estrategia de comunicación o si la obra se da en malas condiciones). Más bien, debe procurarse convertir a los usuarios del agua potable y del alcantarillado en aliados del cuidado de los sistemas y del recurso mismo.

De seguir manteniéndose al componente social como un mero complemento de los proyectos de agua, se corre el riesgo de que los actores sociales no asuman su papel en el cuidado del agua y de sus sistemas, ignoren su responsabilidad, no demanden mejoras en los servicios y que no asuman su realidad ambiental (como en el ejemplo de Lima, donde se vive usando el agua sin entender que está sobre un desierto).

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