Riesgo compartido, responsabilidad compartida

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WWF España
World Wide Fund for Nature.

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iAgua Magazine Nº 7
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Según el INE, la industria española consume un 10% del agua del país. No parece mucho. Pero la industria necesita materias primas –algunas importadas- y energía, que a su vez usan más agua. Como la vida en general, la industria depende del agua para mantenerse. Comparte riesgos con otras empresas, gobiernos, comunidades y sociedad civil: la escasez, la contaminación, las malas infraestructuras, una pobre gestión del agua o el cambio climático son riesgos compartidos, en mayor y menor medida, por todos los actores. También lo es la responsabilidad de afrontarlos, aunque la capacidad de reacción no sea la misma. Si hay un sector potente para contribuir a mejorar el panorama del agua es la industria, que contribuye con un 17,5% al PIB de España y que además precisa de unas mayores garantías que otros sectores para mantener su actividad.

Hay que entender el agua y los servicios que aportan los ecosistemas de agua dulce como un activo más de la actividad empresarial

Afrontar los riesgos derivados del agua no consiste en pintarse de verde o en incluir el agua dentro de unos fondos de responsabilidad social corporativa que pocas veces se integran en la actividad real de las empresas. Tampoco se trata únicamente de aumentar la eficiencia en el uso del recurso. Hay que entender el agua y los servicios que aportan los ecosistemas de agua dulce como un activo más de la actividad empresarial, con la particularidad de que es un bien público compartido con otros interesados e implica una gestión colaborativa, transparente e integradora –esa es la esencia de lo que se conoce como “custodia del agua”.

El primer paso para trabajar en la custodia del agua, para empezar a resolver, es entender de qué riesgos hablamos. WWF lleva años trabajando a escala internacional  en ese nuevo modelo de gestión compartida y ha desarrollado, junto a la agencia de desarrollo alemana DEG, una herramienta gratuita on-line que permite a las empresas analizar sus riesgos relacionados con el agua, y que ya ha sido probado por más de 1.500 organizaciones de 32 sectores de la industria en todo el mundo. Este “Water Risk Filter” identifica tres tipos de riesgos: físico –relacionado con la cantidad y calidad del agua-, de reputación –la posibilidad de que un problema de contaminación o escasez pueda afectar a la imagen de la marca- y de regulación –el riesgo de cambios en la normativa que alteren los precios del agua, los permisos, las garantías-.

Aunque los cambios en la normativa pueden suponer un riesgo para una empresa, el “CEO Water Mandate” que promueve Naciones Unidas recuerda que la falta de regulación de otros actores en una cuenca puede suponer un riesgo mayor, porque acaba llevando a la sobreexplotación o la degradación del recurso. Insiste también en que la gestión sostenible del agua solo puede alcanzarse con un robusto sistema público de gobernanza.

En Europa tenemos la suerte de contar con la Directiva Marco del Agua, un esquema sólido con el claro objetivo de lograr el buen estado de las masas de agua –superando el concepto del agua como recurso que sale de un grifo- y cuya aplicación es, de nuevo, responsabilidad compartida de todos. El nuevo ciclo de planificación hidrológica supone una oportunidad para avanzar hacia la sostenibilidad, empezando por la aplicación de medidas básicas como el control de la legalidad del uso del agua, el control de vertidos y la depuración.

Otra oportunidad es la economía circular, impulsada por la Comisión Europea hasta el cambio de presidencia y que se ha estimado que podría ahorrar a las empresas de la Unión Europea 600.000 millones de Euros. Al igual que ocurre con la custodia del agua, la economía circular implica que la empresa salga de su zona de confort y busque una visión global, completa, de lo que ocurre a su alrededor.

La visión holística es imprescindible, el puzle del agua es un sistema complejo en el que se interrelacionan todos los sectores y todos los países. Tenemos frente a nosotros el reto de que este planeta en el que ya vivimos más de 7 mil millones de personas, sea capaz de albergar a 2 mil millones más en un plazo de 35 años. Si seguimos consumiendo los recursos naturales al ritmo actual, para entonces necesitaremos 3 planetas. Huelga decir que no los tenemos.

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