¿Cómo será el futuro Plan Hidrológico Nacional?

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Sobre el blog

Xavi Duran Ramírez
Responsable de prensa en la Agencia Catalana del Agua. Periodismo (UAB) y Humanidades (UPF). Máster en Dirección de Comunicación (UAB), Máster en Periodismo Ambiental (IIFA) y Máster en Gestión Hotelera y Turismo (ENEB/Ui1).

Según el World Resources Institute (WRI), España será uno de los países que en el horizonte del 2040 tendrá problemas de suministro de agua potable. El aumento de demandas y la incidencia del cambio climático provocarán que algunas demandas puedan quedar comprometidas. Otras fuentes incluso cifran el estrés hídrico en España en un 65% a partir de 2030, casi el doble que en la actualidad.

Esto significa que en el momento presente hay un tercio del país con déficit hídrico. En un escenario como este y ante la pretensión del gobierno central de elaborar un Plan Hidrológico Nacional en esta legislatura, con este post quiero analizar las necesidades de agua y cuáles son o podrían ser las soluciones estructurales, siempre desde mi humilde punto de vista.

1.000 hm3 para Valencia, Murcia y Almería

El presidente de la Comunidad de Regantes del Segura, José Antonio Andújar, destacó hace unos meses que reciben un máximo de 60 hm3 de agua transvasada procedente del río Tajo. Según el presidente de esta comunidad de regantes, la solución no deja de ser provisional, pero se reivindica el PHN como herramienta para fijar una actuación estructural definitiva.

Precisamente Andújar considera que con una aportación de 1.000 hm3/año se resolverían los problemas de agua en gran parte del levante español (Comunidad Valenciana, Murcia y Almería). La medida para solventar el problema, aunque no especificada ni mencionada, deja entrever interconexiones de cuencas, ya que el presidente de la Comunidad de Regantes del Segura lo ejemplifica diciendo que "si existe una red eléctrica española, debería existir una red nacional de agua, un Plan Hidrológico Nacional".

Se estima que el déficit hídrico de la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería es de unos 1.000 hm3 anuales

El Ebro, el eterno deseado

En el Plan Hidrológico Nacional de 2001, se planteaba un trasvase del Ebro hacia el sur, para abastecer las zonas más secas del levante español. El proyecto levantó mucho rechazo en el territorio, mediante acciones de protesta de la Plataforma en Defensa del Ebro (PDE) y de los partidos políticos, tanto catalanes como españoles, que en este momento estaban en la oposición. Incluso el entonces presidente de España, José María Aznar, llegó a poner la primera piedra simbólica del trasvase en febrero de 2004. Con la llegada de Zapatero a la Moncloa cuatro meses después de esa imagen, se derogó este plan y se aprobó uno nuevo en 2005, derogando el trasvase del Ebro y centrando la planificación hidrológica en la construcción de nuevas plantas desalinizadoras, lo que se denominó el programa AGUA.


Manifestación en contra del trasvase del Ebro. 

Según fuentes consultadas del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, entre 2005 y 2008 se construyeron unas veinte desalinizadoras en España, con una capacidad potencial de 600 hm3/año. La duda es saber el régimen de producción de estas plantas, ya que muchas están funcionando al mínimo.

La sombra del trasvase sigue siendo alargada y desde el territorio se sigue alertando de acciones para llevar a cabo la transferencia de agua hacia otras cuencas. Según la Plataforma en Defensa del Ebro, el canal de riego del Xerta-Sènia es un transvase encubierto del Ebro a Castellón y la futura red de abastecimiento desde el embalse de Rialb para abastecer a 30 municipios de las comarcas catalanas de la Segarra, Urgell, la Conca de Barberà y Anoia también abrirán la puerta a la llegada del Segre a Barcelona.

El Ebro siempre se erige como la solución a los problemas hídricos de España, pero el río está al límite y cada vez es más evidente la salinización del agua del tramo bajo y la regresión de su delta

El Ródano entra en escena

Durante el 2013, el gobierno español se centró por primera vez en un trasvase del Ródano, hecho que conllevaría una transferencia de agua entre dos estados, España y Francia. Este proyecto, sin embargo, necesitaría un largo periodo para llevarse a cabo (según algunos expertos, podrían ser 7 años). Un claro inconveniente es que la llave de paso estaría en manos francesas y surgen otras incertidumbres como la calidad del agua del río, que según algunas fuentes está en algunos puntos contaminado.


Río Ródano. 

La desalinización

En el inicio de este post hacía referencia a las declaraciones del presidente de la Comunidad de Regantes del Segura, José Antonio Andújar, el cual plantea las necesidades de agua de la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería para resolver el déficit hídrico. Sobre esta última zona, la solución estaría ya encima de la mesa y del territorio, ya que en esta provincia andaluza hay cinco desalinizadoras disponibles, que han supuesto una inversión de 620 millones de euros. Almería, que padece un déficit hídrico de 73 hectómetros, tiene actualmente la desalinizadora de Carboneras, con capacidad máxima de 42 hm3, funcionando al 20% de su capacidad, según informaciones de la prensa local, mientras que las plantas de Cuevas y Balerma (ésta de 30 hm3 de capacidad) están totalmente paradas.

El problema es el habitual en el campo de la desalinización: los elevados costes energéticos que provocan que el precio del agua sea más elevado. Y, ante esta tesitura, el agua procedente de un trasvase siempre es más económica.

Hay muchas desalinizadoras construidas en España, la mayoría de las cuales funciona a un mínimo rendimiento por su elevado coste energético. La solución sería ir integrándolas a los recursos hídricos existentes

¿Cuál debe ser la apuesta?

Es evidente que la solución mágica y definitiva no existe. Toda nueva infraestructura hídrica tiene un impacto medioambiental. La Directiva marco europea determina la necesidad de buscar soluciones cerca de las problemáticas, lo que se conoce como principio de subsidiariedad. De este modo, la solución estaría más adaptada y focalizada en la zona que se lleve a cabo.

Los grandes trasvases, desde mi punto de vista, fueron una solución puntual a finales del siglo XX, pero actualmente no son la mejor opción. Si cogemos al tramo final del río Ebro, podemos constatar que con la actual gestión que se hace del río no hay una dotación suficiente para garantizar el caudal ecológico adecuado. Esto provoca que en el delta se esté produciendo un incremento de la salinidad del agua y la regresión del delta. Por lo tanto, este río ya no puede dar más de sí y el siguiente paso sería analizar la conveniencia de dotar al río de mayor caudal. Lo mismo pasaría con el Tajo y el trasvase del Tajo-Segura. Castilla-La Mancha se muestra contraria a esta solución, mientras que Andalucía sí se muestra favorable a esta transferencia.

Los periodos de lluvia cada vez son más variables y se acentúa la variabilidad del clima mediterráneo, con largos periodos con falta de lluvias con episodios de precipitaciones intensas y de corta duración. Esto hace que los trasvases no estén libres de esta variabilidad y que sean soluciones que también puede tener una alta vulnerabilidad en el futuro.

Potenciar lo que se tiene

Anteriormente he puesto el ejemplo del funcionamiento de las cinco desalinizadoras que hay en Almería, las cuales funcionan al mínimo. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, sólo hay dos desalinizadoras activas y la planta de Torrevieja, por citar un ejemplo, ha aportado 40 hm3 cuando tiene capacidad por doblar su producción.


Desalinizadora de Torrevieja

Es cierto que la desalinización tiene la gran ventaja que no depende de la meteorología pero su hándicap es el elevado coste energético de producción. Considero que la solución debe ser integral y que el uso de estas nuevas tecnologías debe ir ligado al fomento de las energías renovables, generando así un doble beneficio. Lo mismo pasaría con la reutilización, un campo en el que tenemos mucho terreno por recorrer y que podría satisfacer muchas demandas que no requieren el uso del agua de boca.

Prestar atención a la variabilidad en zonas húmedas

Históricamente, siempre se ha considerado que el sur y la zona del levante son las partes más secas de España, mientras que el norte (Galicia, Cantabria, Asturias y Euskadi), son las regiones con un mayor régimen de precipitación. En los últimos meses, Galicia se ha visto sumida en un largo periodo de sequía, con los embalses que llegaron al 40% de su capacidad. Hasta la fecha, esta región siempre ha recibido las aportaciones de los frentes atlánticos, pero los cambios en el clima hacen que esta variabilidad pueda ir a más, lo que recomienda la adopción de nuevas medidas para garantizar las demandas del futuro. Por su parte, Euskadi vivió su última sequía en 1991. En la actualidad, las reservas garantizan las demandas, pero sí se han registrado en los últimos años unas aportaciones más bajas de agua de las lluvias.

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