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Desalinización: Objetivo, bajar de los 2,9 kWh/m3

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Sobre el blog

Xavi Duran Ramírez
Responsable de prensa en la Agencia Catalana del Agua (ACA). Doctorando en Periodismo y Comunicación. Máster en Dirección de Comunicación Institucional y Empresarial.
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En el mundo del agua, la desalinización ha sido uno de los grandes inventos de los últimos años. De entrada, es una tecnología que tiene todas las ventajas: convierte el agua del mar en agua potable, no necesita estar pendiente del tiempo y, en muchos casos, es una infraestructura modulable, que se puede ampliar en función de las necesidades.

Hasta aquí, las ventajas son incontestables. Sin embargo, tiene un gran inconveniente que es al que se agarran los contrarios a esta tecnología: sus elevados costes energéticos. Cierto que en el actual contexto que nos encontramos, con un precio de la electricidad muy elevado, el gasto energético es un importante impedimento. Es curioso, sin embargo, la nula aparición de detractores en un momento en que se está fomentando el uso del coche eléctrico para reducir la contaminación, sin profundizar sobre el origen de la electricidad, ya que el coste también es elevado y en nuestro país hay todavía mucho camino para la implantación de energías verdes y renovables.

Después de este breve paréntesis, quiero hacer con este post un repaso a la evolución de los costes energéticos de la desalinización, no sin antes exponer un gráfico que plantea la evolución de los costes energéticos en los últimos casi 40 años.

Década de los 70: 55 kWh/m3

Podríamos decir que este periodo es la protohistoria de la desalinización, cuando encontramos las primeras plantas construidas en España. Según la Fundación Aquae, la primera planta fue puesta en servicio en la isla canaria de Lanzarote en 1964, con una producción de 2.500 m3/día. Esta infraestructura era vital en una isla con escasos recursos hídricos y con poca precipitación, aunque el coste energético pudiese ser elevado y oscilara alrededor de los 55 kwh/m3. Esto se debe a que las tecnologías utilizadas hasta ese momento diseñadas mediante procesos térmicos (MSF, MED, CV) requerían grandes consumos de energía.

En 40 años, se ha reducido por 19 el consumo energético de las desalinizadoras, pasando de los 55 kWh/m3 de 1970 a los 2,9 kWh/m3 actuales  

Década de los 80. La aparición de la osmosis inversa

En este periodo empieza a producirse una clara evolución en las tecnologías de la desalinización, con las primeras instalaciones de osmosis inversa, que permiten reducir de manera drástica el consumo de energía. Este ahorro se consolida sobre todo en la década de los 90, una vez que esta tecnología demuestra que funcionan de manera correcta las membranas.

Todo esto provoca que entre 1980 y el año 2000, el consumo de energético de las desalinizadoras pase de los 25 a los 5 kWh/m3.

Tiempo presente, 2,9 kWh/m3

En los últimos años, el coste de la desalinización ha llegado a un nivel que parece difícil de rebajar. La mayoría de las plantas desalinizadoras actuales cifran el coste energético de producir agua desalinizada en 2,9 kWh/m3. Si cogemos esta cifra y la comparamos con los 55 kWh/m3 de la década de los 70, veremos que los costes se han reducido casi por 19.

La búsqueda del Grial de la eficiencia

Ahora la duda está en saber si es posible reducir la cifra anteriormente citada. Recuerdo hace unos 5-6 años que el entonces presidente del Consorci d'Aigües de Tarragona (CAT), Daniel Pi, comentó en un encuentro informal con periodistas, que existía un prototipo desarrollado por la empresa Siemens que podía reducir los costes por debajo de los 2,9 kWh/m3, pero he podido corroborar esta información.

Sí que cabe destacar proyectos como el Nawades, que permitirían reducir el coste energético en uno de los procesos de desalinización y al mismo tiempo alargar la durabilidad de los materiales, o bien la iniciativa llevada a cabo hace unos años por ATLL de instalar placas fotovoltaicas en las cubiertas de los edificios de la desalinizadora del Llobregat (foto superior) y de las potabilizadoras de Abrera y Cardedeu, que permiten aprovechar la energía limpia que llega a través del sol.

El gran reto es bajar de los 2,9 kWh/m3, aunque parece un objetivo complicado de lograr

Aunque son soluciones de pequeña envergadura, cualquier paso es esencial para implantar una nueva tecnología muy adecuada en un país como España, con escasez de recursos en determinadas zonas, y con ríos que actualmente ya no dan más de sí. No en vano, España es el cuarto país del mundo con mayor capacidad instalada de desalinización, sólo por detrás de Arabia Saudita, Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos. El reto es ahora activar las plantas que están infrautilizadas por toda la geografía, pero con el reto y obligación del gobierno de definir una apuesta decidida por las energías verdes y renovables. Sin lugar a dudas, la inversión inicial será costosa, pero con los años se podrán ver los frutos conseguidos.