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El futuro de los deltas

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Sobre el blog

Xavi Duran Ramírez
Responsable de prensa en la Agencia Catalana del Agua (ACA). Doctorando en Periodismo y Comunicación. Máster en Dirección de Comunicación Institucional y Empresarial.
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El delta del Ebro alberga más de 300 especies de pájaros (tanto sedentarias como de paso), unas 30 variedades de reptiles y anfibios y alrededor de 50 especies de peces. Con estos indicadores, la riqueza natural de este espacio es innegable. En lo que respecta a los bienes económicos que genera este espacio, para este año se prevén recoger unos 3,5 millones de kilos de mejillones, producir más de 45 millones de kilos de arroz (de catorce gamas diferentes), recolectar alrededor de 110.000 toneladas de sal, sin olvidar el importante reclamo turístico que supone el lugar donde desemboca el Ebro.

Con los datos que acabo de aportar, este delta, al igual que los otros que hay repartidos por nuestro planeta, son zonas muy productivas tanto a nivel medioambiental como económico, pero al mismo tiempo son los territorios más alterados por la acción humana. Grandes extensiones de los deltas se han destinado para usos como la agricultura, la acuicultura, así como para finalidades urbanas e industriales, algo que ha provocado la aportación de cantidades de contaminantes y que durante el siglo XX han sido espacios transformados de un modo radical por la actividad del ser humano.

Los deltas han sido, durante el siglo XX, áreas altamente condicionadas por la acción humana. En los últimos años, el cambio climático ha aumentado de manera espectacular la vulnerabilidad de estos ecosistemas

La entrada en acción de un nuevo actor, el cambio climático, amenaza gravemente a estos ecosistemas en caso de que no se haga nada al respecto.

El manglar más grande del mundo, en peligro

El Ganges, el río místico de la India, afronta una situación muy delicada. Su delta, que desde el espacio nos ofrece bellas imágenes con una gran variedad cromática, mide unos 350 kilómetros y se forma a partir de la desembocadura de los ríos Ganges, Brahmaputra y Meghna. La suma de estos tres cursos fluviales favorece un área formada por manglares y bosques húmedos conocida como Sundarbans, y que es la morada de especies en peligro de extinción como el tigre de Bengala. Hace varios meses escribí un post sobre la importancia medioambiental de los manglares y la necesidad de preservar estos espacios.


La desembocadura del Ganges en la bahía de Bangladesh. Fuente: ESA

La sobreexplotación del río, la densidad de población en toda su cuenca al tener que abastecer a una población de 400 millones de habitantes, la contaminación de sus aguas por los vertidos de aguas residuales sin tratar y la existencia de canalizaciones y presas a lo largo de su curso generan varios problemas medioambientales para el delta de este río. Además de los efectos de la acción humana, el cambio climático está haciendo el resto: reducción en un 20% del caudal en los últimos 60 años que podría agravarse en el futuro.

El Misisipí y el Rin, los más afectados

A pesar de que el cambio climático tendrá incidencia en todos los deltas del planeta, habrá dos que sufrirán las peores consecuencias. El Misisipí, a raíz de los varios diques que interrumpen el flujo de agua hacia su delta, los cambios hidrológicos y la disminución de las aportaciones de sedimentos, ha perdido un 25% de las zonas pantanosas en el delta en el último siglo. Estas consecuencias también afectan a la pintoresca ciudad de Nueva Orleans, que tiene gran parte de sus calles por debajo del nivel del mar.

El Rin también es de los deltas más vulnerables, debido a que el nivel del mar está 6 metros por encima por la construcción de diques y la extracción de agua de zonas pantanosas y lagos de esta área. Estas acciones, que se llevaron a cabo para proteger a la población de una de las zonas más densamente pobladas del mundo. A pesar de que este sistema es efectivo, en el futuro comportará un incremento de los costes energéticos.

En la desembocadura del Ebro se ha constatado un retroceso de hasta 10 metros por año de la línea de costa, según datos recabados en el periodo 1957-2000

El incremento del nivel del mar y la reducción de los sedimentos, una suma letal

Los deltas del Ebro y del Ganges son sólo dos ejemplos de la fragilidad de estos ecosistemas, que son más vulnerables a cualquier alteración. Si sumamos los efectos del cambio climático, los daños pueden ser más severos e irreversibles. Éstos pueden afectar también a los deltas del Nilo, el Rin, el Mekong, entre otros.

Uno de los principales efectos del cambio climático es el calentamiento de la atmósfera, y el aumento del nivel del mar, producido por la fusión de los casquetes polares. Esta amenaza para la primera línea costera se puede traducir en que muchas zonas puedan quedar inundadas por el mar. En lo que a los deltas se refiere, y al ser zonas de escasa o nula elevación, este aumento del nivel del mar se agrava ante la escasa aportación de sedimentos de los ríos.

El Nilo y el Ebro son los ríos que han sufrido un mayor descenso de la aportación natural de sedimentos. En el río africano el descenso es del 100%, mientras que en el Ebro esta disminución oscila entre el 90 y 95%

Según un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, se ha observado un aumento de 7 centímetros del nivel del mar durante 25 años. También se ha constatado un retroceso de la línea de la costa hasta 10 metros anuales, según las principales conclusiones del proyecto Life Ebro Admiclim

Caudal líquido y caudal sólido

El Ebro, en los últimos 60 años, ha sufrido un descenso de entre el 90 y el 95% de la aportación de sedimentos. Esta cifra va ligada al aumento del número de presas a lo largo del curso del río, que desde la década de los 50 ha crecido hasta los 200. Estos dos factores hacen que el delta esté totalmente expuesto a los efectos del cambio climático. Las conclusiones del proyecto Life Ebro Admiclim, expuestas el pasado viernes, plantean la necesidad de garantizar un aporte anual de sedimentos que oscile entre los 1,5 y los 3,5 millones de toneladas para evitar su regresión. 


Porcentajes del sedimento retenido en algunos de los deltas del mundo. Fuente: Scheffers, 2003, en estudio sobre el delta de l'Ebro de Víctor Molinet

Una situación similar (pero en otro orden de magnitud) se registraría en el delta del Yangtsé. Este curso fluvial, con una extensión de 6.300 kilómetros, tiene un importante obstáculo desde 2014, que es la presa de las Tres Gargantas. Esta enorme infraestructura, además de provocar el desplazamiento de miles de personas por el aumento del nivel del agua, también ha comportado serios daños ecológicos por la contaminación, la desaparición de especies animales y la retención de los sedimentos.

Para los expertos, es igual de importante garantizar un caudal ecológico del río como mantener una aportación constante de sedimentos. Esta medida, junto con la energía liberada para la aportación de sedimentos, permitiría aportar materiales sólidos a la desembocadura y minimizar el impacto del cambio climático.

Otras medidas

Además de garantizar un caudal ecológico suficiente y una aportación mayor de sedimentos que, a causa de las presas, los ríos no pueden transportar de manera natural, también se tendría que replantear el modelo de explotación de los ríos y la ocupación de los deltas. Por un lado, se bería mejorar el control y la erradicación de contaminantes aún presentes en el medio hídrico como el DDT (aunque está prohibido, en algunos deltas aún se detectan concentraciones por el uso en los arrozales), reducir la posible aportación de contaminantes pesados, apostar por soluciones naturales para reducir las emisiones de CO2 a la atmosfera, limitar los crecimientos urbanísticos en estas zonas, entre otras medidas. 

Por descontado, la primera premisa es implicar y coordinar a todos los actores relacionados con la gestión de un río. Si hay coincidencia en un problema común se canalizarán con más fuerza las soluciones. 

Fuentes consultadas

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