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Quitarle al río lo que era (y es) suyo

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  • Quitarle al río lo que era (y es) suyo

Sobre el blog

Xavi Duran Ramírez
Responsable de prensa en la Agencia Catalana del Agua (ACA). Doctorando en Periodismo y Comunicación. Máster en Dirección de Comunicación Institucional y Empresarial.
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Hace varios años, mirabas al horizonte y veías verde por todas partes. Ahora, en el mismo lugar, el verde ha sido sustituido por el gris, los árboles han dado paso a las casas y a los grandes edificios, el aire puro y sanador ha cambiado por el humo gris y denso. Seguro que está reflexión la compartimos muchos, recordando que cuando éramos niños, la naturaleza estaba más presente en nuestro entorno y ahora la presencia de bosques y zonas verdes naturales es casi anecdótica.

Hace años, mirabas al horizonte y veías verde por todas partes. Ahora, el gris se ha impuesto al verde con el crecimiento de ciudades y el desarrollo de infraestructuras

Las ciudades no han hecho más que crecer en detrimento de las zonas verdes. Esto ha provocado que hayamos cruzado la delgada línea que separaba las zonas habitables de las zonas que son propias de la naturaleza. Esto provoca que exista en la actualidad un delicado equilibrio entre el desarrollo natural y los avances urbanísticos.

La contaminación de un río

El 11 de diciembre se registró en Montornés del Vallés (municipio a unos 30 kilómetros de Barcelona) un incendio en una fábrica que provocó el vertido accidental de disolventes en el río Besós. La llegada de estas sustancias al curso fluvial fue accidental, debido a la mezcla del agua utilizada para apagar el incendio con los restos de disolventes que había en la instalación. Este hecho provocó una alteración de la calidad del agua y la muerte de varios peces a lo largo del río Besós. Pasados dos meses, aunque se constata una recuperación del ecosistema, todavía habrá para tener una recuperación total.

La alta densidad de población y la ocupación de zonas a tocar de los ríos provocan que el equilibrio sea muy delicado y el tiempo de respuesta escaso

Las zonas inundables

En los últimos meses se han vivido varios episodios de lluvias intensas a nivel de toda España. Entre los días 22 y 23 de octubre de 2018, los efectos de una DANA comportaron intensas lluvias y provocando que ríos como el Francolí (en Tarragona), que habitualmente lleva 1 m3/s, alcanzara un caudal 1.000 veces superior al habitual. Con semejante caudal, propio de ríos lejanos como el Ródano, por citar un ejemplo, el río recuperó su territorio, reivindicando lo que es suyo. Esto provocó el arrastre de vegetación y causó daños en instalaciones y edificaciones que estaban en zona inundable.

Algo parecido sucedió durante la semana del 20 de enero de 2020, con los efectos del temporal Gloria. La suma de un fuerte temporal marítimo, intensas rachas de viento y lluvias cuantiosas provocó la crecida generalizada de los ríos en Cataluña, inundando algunas zonas (tanto en campos como en zonas habitadas). Los daños en varios tramos han sido importantes.

El espacio del río

Expongo estos casos porque en la actualidad, y se podría decir que, de manera global, existe un equilibrio muy frágil entre la naturaleza y el desarrollo humano, un equilibrio que en cualquier momento se puede romper. Los casos que he comentado evidencian este delicado equilibrio que hay que gestionar entre el medio ambiente y el desarrollo urbanístico e industrial. Me recuerda esta situación a la película de animación La princesa Mononoke, estrenada en 1997 y que gira alrededor de la difícil relación entre la naturaleza y el avance tecnológico. La imagen que encabeza este post pertenece a esta película y muestra al que se conoce como el espíritu del bosque.

La presión sobre los ecosistemas es cada vez más intensa y vemos, en la actualidad, que la mayoría de ríos de nuestro entorno está ampliamente modificada y sujeta a muchos impactos y presiones. Es cierto que la gestión es mejorable, pero vivimos en zonas muy densamente pobladas y con escaso margen de maniobra. Esto provoca que las medidas que se adopten requieran de escaso margen de tiempo.

El debate, más allá

Lo necesario, para hacer un giro copernicano en nuestra manera de entender el entorno es comprender cuál es nuestra realidad. Los ríos, en los últimos años, han ido perdiendo su poder, han ido cediendo espacio y, únicamente, poseen muy poco espacio para poder seguir su trayecto. Cuando la situación es de normalidad, no pasa nada, pero en casos excepcionales, el río no entiende de espacios, zonas inundables y competencias, y abre sus brazos al máximo, como aquel que despierta después de un largo letargo.

Debemos decidir entre seguir gestionando este equilibrio frágil o tomar medidas que, en un primer momento, puedan ser impopulares y dolorosas pero que a la larga serán mucho más beneficiosas en un contexto marcado por el cambio climático

Es sólo una reflexión y en ningún caso quiero hacer un alegato en un sentido u otro. Es evidente que las ciudades crecen y que la población de nuestro planeta cada vez será mayor, por lo que hay que garantizar un lugar adecuado para vivir. Aunque también es cierto que será mayor el riesgo de sufrir daños por los episodios meteorológicos extremos (sequías e inundaciones).

La realidad es que este equilibrio es muy delicado y se deben tomar decisiones claras y decididas para decidir si queremos seguir gestionando este equilibrio frágil o tomar medidas que, en un primer momento, puedan ser impopulares y dolorosas pero que a la larga serán mucho más beneficiosas, tanto para las personas como para nuestro entorno.

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