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Sobre el blog

Xavi Duran Ramírez
Responsable de prensa en la Agencia Catalana del Agua (ACA). Doctorando en Periodismo y Comunicación. Máster en Dirección de Comunicación Institucional y Empresarial.
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Global Omnium

Los cursos fluviales son fuente de vida. Garantizan las demandas y proporcionan vida a los seres que habitan en sus aguas. Sin embargo, los ríos también pueden ser fronteras naturales, barreras que han sido un obstáculo insalvable para muchas personas a lo largo de la historia.

El triángulo de los ríos Sava, Una y Velika Morava

Uno de los episodios más tristes y lamentables de la historia de Croacia es la creación del campo de concentración de Jasenovac, situado al este del país y que tuvo su máxima actividad durante el periodo comprendido entre 1941 y 1945. Liderado por el régimen de los Ustacha, en este campo se cometieron graves crímenes contra la humanidad, con la ejecución de varios miles de personas (algunas fuentes hablan incluso de hasta 700.000 víctimas). 

La mayoría de los ejecutados fueron de nacionalidad serbia, por suponer una amenaza para el Estado Independiente de Croacia, creado durante la II Guerra Mundial con el beneplácito de Hitler y Mussolini.


Ubicación del campo de Jasenovac, en la intersección de tres ríos. Fuente: Wikipedia/Goran Tek-en

Este campo de concentración, del que actualmente sólo queda un monumento conmemorativo en recuerdo de las víctimas, se construyó en la intersección de los ríos Sava, Una y Velika Morava. La decisión de habilitar este complejo en esta zona tenía la clara intención de aprovechar las barreras formadas de manera natural para evitar la huida de los prisioneros. Un caso que demuestra que en muchas ocasiones las barreras más efectivas son obra de la naturaleza.


Monumento en recuerdo de las víctimas del campo de concentración de Jasenovac. Fuente: Wikiedia/Bern Bartsch

La isla de Nazino

Este no es un post agradable, pero sirve para darnos cuenta de que entre las innumerables funciones de los ríos (y todas ellas positivas), a lo largo de la historia también han jugado un papel importante como fronteras inexpugnables. En Siberia, en la confluencia de los ríos Ob y Názina se erige la isla de Nazino (3 kilómetros de largo por 500 metros de ancho con un suelo pantanoso), que pasará a la historia por haber vivido uno de los episodios más duros de la historia de la humanidad.


La isla de Nazino, en el centro de la imagen. 

En 1933, durante el mandato de Iosif Stalin, se deportaron en masa a 6.000 personas en esta isla, sólo con 20 toneladas de harina para alimentarse, herramientas y ropa para protegerse del frío. Su crimen, tener un pensamiento y una ideología diferente a la del régimen comunista del momento.

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Con estos ingredientes es fácil imaginar que mucha gente murió en esta isla (ya en la primera noche nevó, lo que nos indica las severas condiciones para la supervivencia) y que en algunos casos se recurrió al canibalismo para sobrevivir. En menos de 3 meses, sólo quedaban 2.000 supervivientes de los 6.000 que llegaron inicialmente.

En el caso de Nazino, la frontera levantada por los ríos gozaba con un excelente aliado: las fuerzas armadas desplegadas por la zona para evitar que la gente escapara. Muchos denominan de un modo acertado la isla de Nazino como el infierno en la tierra, sobre todo por mostrar lo que la humanidad es capaz de hacer y de los errores que tenemos que evitar.

Las fronteras fluviales entre USA y México

Los ríos Bravo (frontera sur de Estados Unidos) y Colorado (al oeste del país) son las barreras fluviales que marcan la separación entre Estados Unidos y México.

Seguramente que muchos hemos visto numerosas películas en las que emigrantes intentan cruzar el río para llegar a territorio norteamericano y tener la oportunidad de tener una vida mejor. Estos dos ríos, los cuáles son ampliamente inspeccionados para evitar la entrada ilegal de personas, son uno de los ejemplos actuales que en muchos casos los ríos son las barreras más efectivas. No es de extrañar que el presidente Trump quisiera construir su famoso muro en paralelo al río Bravo.


Un agente de Aduanas de Estados Unidos supervisa al curso del río Gramde. Fuente: Getty Images/BBC

Sin embargo, seguro que Trump no tuvo en cuenta que desde 1970 existe un tratado entre las dos naciones para que no se pueda alterar el curso ni el entorno de estos ríos sin el acuerdo total de las dos partes, tal y como informa la BBC.

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