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El Antiguo Egipto, tumbas e inundabilidad

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  • Antiguo Egipto, tumbas e inundabilidad

Sobre el blog

Xavi Duran Ramírez
Responsable de prensa en la Agencia Catalana del Agua. Periodismo (UAB) y Humanidades (UPF). Máster en Dirección de Comunicación (UAB), Máster en Periodismo Ambiental (IIFA) y Máster en Gestión Hotelera y Turismo (ENEB/Ui1).
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Unos 700.000 españoles viven en zonas inundables. Con este titular, El País publicó hace 3 años una noticia sobre los núcleos urbanos que están construidos en zona inundable. En la mayoría de los casos, el desarrollo urbanístico se llevó a cabo hace cientos de años, cuando aún no se tenían en cuenta los criterios sobre inundabilidad y había un cierto desconocimiento acerca de los peligros potenciales que existen cuando edificas en una zona que puede llegar a inundarse en algún momento.

No hace falta que hagamos un repaso, pero a lo largo de la historia encontramos muchas catástrofes que se podrían haber evitado si se hubiera construido en una zona sin riesgos potenciales de inundación o se hubiera tenido en cuenta que, en algún momento, el río reclama lo que es suyo.

Hace más de 3.000 años, los egipcios tenían en cuenta la inundabilidad en la construcción de templos y tumbas

Viajaremos varios años atrás en el tiempo para visitar el Antiguo Egipto y para comprobar cómo esta civilización todavía nos puede sorprender en alguna faceta que desconocemos. Más allá de la construcción de las grandes pirámides de Guiza, de majestuosos templos como Abu Simbel o Karnak y de las técnicas de momificación, así como otros avances, observaremos en este post que los antiguos egipcios tenían en cuenta la inundabilidad a la hora de construir sus tumbas.


Vista aérea del Valle de los Reyes. Fuente: Jo Marchant

Alejadas de la zona fértil

La imagen superior nos muestra la clara diferenciación entra la zona fértil, cercana al río Nilo, y la parte más desértica, que fue la escogida para construir las tumbas de lo que conocemos como el Valle de los Reyes, cerca de la localidad de Luxor.

Entre 1550 y 1070 a.C. se cavaron un total de 62 tumbas en esta zona, en la que se erigió como la principal necrópolis real del Imperio Nuevo. Su elevada ubicación y la existencia de una montaña con forma de pirámide (El-Qurn) pudieron ser los motivos para escoger este enclave.


Montaña de El-Qurn. Fuente: Wikipedia/Steve F-E-Cameron

Se comprueba así que los antiguos egipcios eran conscientes que la zona cercana al río era propensa a inundarse en periodos de crecidas y de elevadas aportaciones de agua desde la parte alta del Nilo. De este modo, decidieron escoger una zona prácticamente seca y elevada (70 metros por encima del nivel del río) para construir las tumbas y evitar así los posibles daños por inundaciones.

Sin embargo, a pesar de que la climatología en Egipto es bastante seca, sí se registran ocasionalmente lluvias intensas y de corta duración, que pueden provocar una importante erosión, así como la inundación de determinadas zonas, entre ellas las zonas donde están habilitadas las tumbas egipcias.

30 niveles diferentes

Ramsés II fue uno de los faraones más relevantes en la historia del Antiguo Egipto y perteneció a la Dinastía 18. Reinó durante cerca de 70 años y una de sus gestas fue liderar la batalla de Qadesh (cerca de la actual Siria y siendo una de las primeras batallas documentadas de la historia) contra los hititas. Seis hijos suyos fueron enterrados en la tumba KV5 del Valle de los Reyes, que fue descubierta por el egiptólogo británico James Burton.

En algunas tumbas hay evidencias de haberse registrado hasta 30 inundaciones durante cientos de años por los diferentes niveles de sedimentación

Uno de los aspectos que más llama la atención de esta tumba es la elevada acumulación de sedimentos que se encontraron dentro del recinto funerario. Es evidente que los saqueos y los pillajes provocaron que el acceso del agua en la tumba fuera más sencillo, pero se han encontrado hasta 30 niveles diferentes de sedimentos, algo que nos demuestra que se produjeron hasta 30 inundaciones diferentes en la zona.


Interior de la KV5, donde se puede ver la acumulación de sedimentos. 

La construcción de muros en los accesos

Ante la evidencia del efecto de las intensas lluvias registradas en la zona, los egipcios decidieron buscar soluciones. Otro de los más importantes faraones del Antiguo Egipto fue Tutmosis III, de finales de la Dinastía 18, y que fue el monarca que logró una mayor extensión territorial del imperio.

Muros, acumulación de escombros, vaciado de los alrededores y construcción de los accesos de la tumba en los salientes de las montañas son algunas de las medidas adoptadas para evitar la entrada del agua

Enterrado en la que se conoce como la tumba KV34, una de las particularidades de este templo funerario es la construcción en la entrada de varios pequeños muros con el objetivo de frenar y laminar la fuerza del agua, evitando así la erosión y la entrada de agua en las estancias. Se comprueba así que los egipcios eran conscientes de los problemas que podían causar las lluvias y la necesidad de adoptar medidas correctoras.

En otros casos, sin embargo, la construcción de barreras y obstáculos al agua en el acceso de algunas tumbas era más sencilla y rudimentaria, recurriendo a bloquear la entrada con escombros, evitando así la entrada del agua y también, de paso, el acceso de posibles ladrones y saqueadores de tumbas.

Alteración del entorno y aprovechar la geografía

Las medidas correctoras delante de posibles avenidas son variadas a lo largo de los siglos. En la tumba KV20 (seguramente la tumba más antigua del Valle de los Reyes y que fue ocupada por Tutmosis I y Hatshepsut) se decide rebajar el nivel del suelo alrededor de la entrada, generando así pequeñas balsas para reducir la fuerza del agua.

En otros casos, como la KV17 (tumba de Seti I, la más larga y profunda de que hay en el Valle de los Reyes), se optó por reaprovechar los escombros surgidos a raíz de la construcción de la tumba. Estos escombros se colocaron encima de la entrada de la tumba, generando un muro de contención de dos metros de alto y de veinte metros de longitud.

Aprovechar la geografía del terreno era otra de las soluciones. En la construcción de la tumba KV9 (última morada de Ramsés VI), se decidió ubicar el acceso de la tumba en el saliente de una montaña. De este modo, se aprovechó de manera natural una zona con escaso riesgo de inundación.


Acceso a la tumba KV 9, construido en el saliente de una montaña. Fuente: Stephen Rickerby

Actuaciones hoy necesarias

A pesar de que se observa un descenso de las lluvias en esta zona, según un estudio de la Universidad de Kyoto, el cambio climático puede provocar que las pocas precipitaciones que se registren sean aún más intensas, algo que puede generar daños en las tumbas del Valle de los Reyes.

Cabe tener en cuenta que muchas de las actuaciones para mitigar las inundaciones que llevaron a cabo los antiguos egipcios han sufrido alteraciones, con el fin de poder abrirlas al público y para habilitar la zona a las personas. Esto provoca que algunas tumbas sean más vulnerables a las lluvias y que sea necesario llevar a cabo actuaciones, como la construcción de muros y otras medidas preventivas. No olvidemos que muchas de las protecciones en las entradas de las tumbas tenían una doble finalidad: evitar la posible erosión de la lluvia y poner freno a los saqueos, garantizando así el descanso eterno del faraón. 

El Valle de los Reyes es uno de los grandes activos turísticos del país árabe y cada año recibe miles de visitas. Sin embargo, también es un patrimonio histórico que se debe preservar para las generaciones venideras. Por lo tanto, las actuaciones que se lleven a cabo deben proteger estas tumbas de la lluvia y también del turismo masivo, que también puede generar importantes e irrecuperables daños. 

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