¿Cuánto nos cuesta que las abejas polinicen?

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  • Abeja (Wikipedia/Louise Docker CC).
    Abeja (Wikipedia/Louise Docker CC).

Sobre el blog

Xavier Marcelino de Francisco
Xavier Marcelino de Francisco es hidrogeólogo y recientemente ha finalizado un MBA. Ha trabajado durante 7 años en obras civiles (en 4 de ellas como Project Manager).

“Nada”, la respuesta a la pregunta del título es “nada”; las abejas polinizan gratis. En realidad no lo hacen para hacernos un favor, sino que ellas polinizan como acción secundaria en la que sí es su acción primaria: alimentarse, y por suerte nuestros cultivos están en medio. Y ahí está la clave: en medio. La humanidad no es el guardián supremo de un jardín llamado Tierra, ni ese jardín fue creado para nosotros. Nosotros simplemente estamos en medio. Este es un concepto que parece que mucha gente aún no ha entendido: la naturaleza no está para servirnos; nosotros estamos en ella. El inconveniente es que la especie humana tiene la capacidad destructiva que ninguna otra especie ha tenido hasta el momento. Y eso implica responsabilidad.

En este artículo me gustaría hablar del cambio climático, aprovechando la recién publicación del “Quinto Informe de Evaluación sobre el Cambio Climático” que acaba de presentar la ONU. El informe, redactado por más de 800 expertos, encomienda a una reducción drástica de generación de CO2 para evitar un aumento de la temperatura media del planeta que provocaría cambios drásticos permanentes en la Tierra, que a su vez provocarían daños irreversibles en los ecosistemas y que afectarían al eslabón más débil de la cadena: el ser humano. Sí, nosotros, aunque seres tecnológicos, dependemos total y exclusivamente del planeta que nos alberga. Por mucha tecnología que manejemos, dependemos de él para alimentarnos, respirar y beber. Y todo ello gratis. Conviene no olvidarlo.

Nosotros, aunque seres tecnológicos, dependemos total y exclusivamente del planeta que nos alberga

Me gustaría enfocarlo desde un punto de vista económico. La reflexión que quiero hacer es: vivimos en un planeta que, funcionando de un modo bastante constante en los últimos 8.000 años, nos da agua, comida y aire, lo que nos permite vivir cómodamente (no parece que nos haya ido mal: hemos pasado de unas cuantas decenas de miles en los inicios de la andadura del Homo sapiens a 7.000 millones en la actualidad). Si cambiamos estas condiciones a las que nos hemos acostumbrado. ¿Cuánto nos costaría este cambio? ¿Cuánto nos costarán los cambios que se avecinan? La Tierra nos da agua y alimentos-¿Cuánto dinero nos costaría a nosotros sintetizarlos artificialmente?- ¿Cuánto nos costaría hacer nosotros lo que las abejas hacen gratis? ¿Cuánto cuesta tener una atmosfera respirable? ¿Y tener recursos pesqueros, forestales y ganaderos?

Empecemos por lo que sabemos seguro: la especie humana no alteró el clima global de un modo real y medible hasta la revolución industrial. Y a partir de ahí el cambio ha sido exponencial. Estamos inmersos en el cambio climático desde hace décadas, en el sentido de que es más que evidente su existencia y ahora hemos llegado a un punto de no retorno: ya no es aquello que verán nuestros nietos sino que nosotros lo vamos a sufrir. Sabemos que va haber cambios. Lo único que no sabemos es cómo de grandes serán, ni si será un proceso paulatino o va ser instantáneo a partir de un determinado punto, que se active como las fichas del dómino. En el primer caso, esos cambios que se produjesen serían paulatinos y progresivos y con un poco de suerte, la especie humana se podría ir adaptando a ellos progresivamente. El segundo caso es simplemente aterrador: implica que los cambios se suceden a velocidad de vértigo, son totalmente imprevisibles y desencadenan a su vez nuevos cambios. Todo ello implica que cuesta mucho llegar a otro nuevo estado de equilibrio y nadie asegura que nos sintamos cómodos en el nuevo estado, pues nadie sabe a ciencia cierta cómo será. El registro fósil da pruebas más que claras de qué ocurre cuando hay cambios abruptos en las condiciones terrestres: se llaman Grandes Extinciones Masivas. Ha habido cinco, acaecidas entre los 444 millones de años (la primera, en el Ordovícico) y los 65 millones de años (la última, en el Terciario, la que extinguió a los dinosaurios), con la aniquilación de entre el 76% y el 96% de las especies de cada período.

Pero esta vez nosotros estamos en medio. Los humanos hemos creado unas civilizaciones complejas y somos muy numerosos. Las civilizaciones complejas permiten vivir con confort, pero para mantenerlas entran en juego muchos factores que hacen que sean algo frágil, muy vulnerable a los cambios. Estamos atravesando una de las peores (o la peor) crisis que se recuerda por un problema de inestabilidad bancaria ligada a un modelo de negocio erróneo. ¿Imaginan qué podría ocurrir si el nivel global de los océanos subiese 5 metros? ¿Y si subiese 10? ¿Y si decayese drásticamente la producción agrícola? ¿Alguien cree que no ocurriría “nada”? Y estamos hablando de cambios globales: nos afectan a todos y no hay ninguna región que quedase al margen. ¿Cuánto nos costaría todo esto?

Todo esto implica que, aun cuando no seamos demasiado conscientes de ello, somos extremadamente dependientes de que las condiciones ambientales sean lo más constantes posibles, pues nuestra economía no es capaz de gestionar estos cambios bruscos. O lo hace, pero mediante crisis sistémicas. Y ahora voy otra vez a la pregunta inicial: si debido a cambios climáticos empiezan a desaparecer las abejas, ¿Cuánto nos costará hacer su trabajo? Imagínense cuánto costaría evacuar y construir defensas en las costas si el nivel del mar subiese 5 metros. ¿Y si subiese 10?, ¿Cuánto valen cada una de las especies que pueblan la Tierra?, ¿Cuánto nos costaría adaptar todos los cultivos a las nuevas condiciones?

El punto al que quiero llegar es el siguiente: combatir el cambio climático costará dinero. Pero, ¿cuánto costaría no hacerlo? ¿Cuánto costaría pagar los costes de las catástrofes climáticas que cada vez se dan con más frecuencia? ¿Y cultivar en condiciones adversas? Y si se empezasen a dar sequías crónicas ¿cuánto cuesta producir un litro de agua?

Todo eso lo digo dedicado a los agoreros que dicen que combatir el cambio climático es caro. ¿Caro? ¿Caro comparado con qué? Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008, firma un interesante artículo titulado “Reducir las emisiones de carbono” en que concluye que invertir dinero en salvar el planeta es extraordinariamente barato en comparación con no hacerlo y que los abanderados del “demasiado caro” son lobbies privados interesados en “no hacer nada” porque ellos son parte responsable de este calentamiento global. En el artículo, el Sr. Krugman enumera cuáles son las ventajas de combatir el cambio climático: el crecimiento económico (gracias al I+D para mejorar la industria) y la creación de nuevos puestos de trabajo que se necesitarían para gestionarlo.

Voy llegando al final: parece que el cambio climático puede resultar una catástrofe económica y social para la humanidad y que ponernos a trabajar podría frenar esta amenaza y además ¡podría revitalizar la economía! ¿Por qué no enfrentarse a ello como una fuente de oportunidades en vez de como un problema? Lo único que sí es un problema es continuar como hasta ahora, dilatando las respuestas que debemos dar, cuando tenemos capacidad tecnológica para implementar soluciones útiles; sólo falta la voluntad política. Esta es la oportunidad para que la humanidad inicie una nueva singladura hacia un mundo más sostenible, que sirva para continuar manteniendo a la especie humana en este planeta como lo conocemos hasta ahora. No hablo de intangibles éticos, hablo de puro egoísmo: si queremos mantener el planeta en condiciones cómodas para nuestra supervivencia, nos interesa hacer cosas ya.

Si se empezasen a dar sequías crónicas ¿cuánto cuesta producir un litro de agua?

Como dice Ramon Folch: “Si vivimos en la era tecnológica ¿por qué continuamos manteniendo un modelo energético de la era industrial?” (2011, La Quimera del Crecimiento: La Sostenibilidad En La Era Postindustrial. Temas de actualidad. Editor RBA).

Una última reflexión, para los abanderados del “eso no nos puede ocurrir a nosotros”. Jared Diamond escribió un libro en el que habla de esto. Se llama “Colapso” (2005, Editorial Debate). En él repasa todas las civilizaciones que desaparecieron debido a cambios en las condiciones climáticas. Todas ellas fueron punteras tecnológicamente en su momento. Todas ellas creyeron que durarían eternamente, que eran invencibles ante cualquier causa externa. Todas ellas perecieron. Esperemos que la próxima cumbre global del clima, que se celebra el próximo Diciembre vaya mejor que la anterior. No me gustaría terminar como los nobles islandeses que colonizaron Groenlandia (capítulo 7 de “Colapso”).

La humanidad entera fuimos capaces de afrontar y superar el problema del agujero en la capa de ozono. Todo el mundo dejó de fabricar los CFC para salvarnos (Protocolo de Montreal 1987). Y lo hicimos. Tenemos capacidad para hacerlo. Solo nos falta la voluntad. Pero ha de ser YA.

NOTAS MÁS ALLÁ DEL ARTÍCULO

  • El mejor libro que he leído de cambio climático es, sin duda, “El clima está en nuestras manos” de Tim Flannery. Edita Taurus, 2007. Libro técnicamente impecable pero a la par muy divulgativo y fácil de leer. Debería ser lectura obligatoria en los institutos.
  • “La Quimera del Crecimiento: La Sostenibilidad En La Era Postindustrial” de Ramón Folch. Temas de actualidad. Editor RBA, 2011. Cualquier persona que quiera tener una visión de hacia dónde debería encaminarse la humanidad debería leer este libro. Va más allá de los tópicos del ecologismo y de la sostenibilidad, planteando de un modo tan sencillo como brillante los distintos retos a los que nos enfrentamos. Es un libro fácil de leer y fácil de comprender. Si el Dr. Folch fuera americano, lo trataríamos como a un gurú.
  • “Colapso” de Jared Diamond. Edita Debate, 2005. Esto es un libro de biogeografía que se lee como una novela y que engancha como tal. Una vez se empieza, no hay manera de dejarlo hasta terminarlo. El Sr. Diamond ganó el premio Pulitzer en 1998 por su libro “Armas, gérmenes y acero” (1997, Debate).

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