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Delta del Ebro: ¿Es la inundación la solución?

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Sobre el blog

Xavier Marcelino de Francisco
Xavier Marcelino de Francisco es hidrogeólogo y recientemente ha finalizado un MBA. Ha trabajado durante 7 años en obras civiles (en 4 de ellas como Project Manager).
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El Delta del Ebro se halla en franca regresión desde los años 60-70, momento en que los sedimentos que le permitían crecer empezaron a quedar retenidos en los embalses de Mequinença y Riba-Roja. A esto se añade la previsible subida del nivel del mar a consecuencia del cambio climático que en el Mediterráneo se estima que será de 0,7 m a finales del presente siglo (según las previsiones del Grupo de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU, 2015).

Pero no solo tenemos un delta que pierde terreno y que se enfrenta a un aumento del nivel del mar, sino que además se hunde de modo natural debido a su propio peso (asiento) y cuyo caudal está comprometido por la disputa territorial para el uso de sus aguas.

Y asociado a estos fenómenos está el incremento de la cuña salina (también llamada intrusión salina o intrusión marina) debido al menor aporte de agua dulce y al aumento del nivel del mar. Todos factores terminarán por hacer desaparecer el Delta como lo entendemos si no ponemos remedio. Así pues ¿qué hacemos?

En el presente artículo me centraré en una posible solución barata para paliar estos problemas que en realidad son facetas de un solo problema: la falta de caudal.

Para el tema del aumento del nivel del mar, mucho me temo que no existen las soluciones baratas: la única opción es construir diques, como llevan haciendo los holandeses desde hace siglos: los polders. Pero si la subida es paulatina, se podrían ir construyendo de manera progresiva, empezando por barreras de tierra prensada.

Pero para el tema de la intrusión marina sí existe una solución barata y fácil: se trataría de crear un cordón de campos permanentemente inundados en la zona más cercana al mar; una especie de cordón de agua perpetuo. Por un lado, serviría para hacer frente a los temporales invernales, les llevantades, que inundan periódicamente de agua salada estos puntos cada invierno, y por otro permiten crear una barrera de agua activa que empuja hacia abajo la cuña salina por gravedad y que crea al mismo tiempo una corriente de agua dulce, una cortina vertical continua de agua que dificulta al agua del mar la entrada a continente.

Así pues, el perfil que obtendríamos en el litoral, sería el de una playa seguida de un talud de tierra prensada con una pendiente que permitiera el paso de fauna y posteriormente nuestro cordón lagunar de campos inundados. Y tras ellos el resto de los campos, los cultivados con arroz.

Estos campos que quedarían inundados a perpetuo se podrían dedicar a crear espacios naturales (lagunas) alternados con campos dedicados a la acuicultura. Pienso en la acuicultura porque es una actividad que genera beneficios económicos y una alternativa viable al arroz. En realidad, se trata de campos poco productivos de por sí, pues al estar próximos a la costa tienen salinidades muy altas, de modo que serían mucho más rentables para el uso acuícola. Pienso en una alternancia acuicultura - espacios naturales porque creo que es una combinación muy buena de cara a la gestión de dicho espacio, con un enfoque sostenible a largo plazo. Además, este cordón lagunar potenciaría la fauna en general y la avifauna en particular, que es un atractivo turístico importante y que está ayudando a combatir de un modo natural (y gratuito) plagas de especies importadas, como el caracol manzana y el cangrejo americano.

¿Y respecto a los sedimentos? Se trata de dragar los embalses e ir acumulando el material obtenido en su salida, de modo que sea transportado por el agua cuando se abran las compuertas. Esta sencilla solución permitiría al sedimento llegar al Delta y además eliminaría el problema de la colmatación de los embalses. Se trataría de inundar el Delta de un modo extenso más meses, no solo los que se precisan para el cultivo del arroz. Este volumen de agua no solo transportaría sedimentos, sino que además también permitiría combatir la intrusión salina, pues el peso de esta agua dificultaría el paso del agua de mar.

Solo queda un último tema, que en realidad es el más espinoso, no por tratarse de un problema grave sino por tratarse de un tema muy politizado: el caudal del río. La administración central, la catalana y los grupos conservacionistas no se ponen de acuerdo sobre cuál es el caudal mínimo que debería llevar el río. Pero es que no se necesita un “caudal mínimo”, sino del “caudal necesario”; el necesario para que el Delta del Ebro se continúe llamando el Delta del Ebro y no pase a llamarse el “Estuario del Ebro”.

Para conocer más sobre la evolución del Delta del Ebro se puede ir a las páginas: